El escándalo ocurrido en la sesión del jueves en el Concejo Deliberante tiene un trasfondo político agravado por enfrentamientos personales. Un mal paso de la presidenta del HCD, dejó en carne viva la interna de Cambiemos.
Por Pablo Urrutia.
En la Alianza Cambiemos de Paraná, se da una particularidad que contradice o difiere de la dinámica interna de la fuerza política gobernante a nivel nacional. Allí el PRO desplazó al radicalismo de los espacios de poder real, invitándolo para los homenajes o dándole una cartera vacía como el Plan Belgrano; en Paraná, Sergio Varisco, se encargó de limpiar de macristas su gobierno o al menos reducir su capacidad de maniobra al mínimo. No tuvo mayores problemas, pero se encontró con cierta rebeldía en su vice, Josefina Etienot, quien trata de resistir y disputar desde el espacio que le asegura su cargo, la presidencia del Concejo Deliberante.
Esa situación generó una tensión que fue in crescendo a partir de la poca predisposición de Etienot a colaborar con la autocracia que ejerce el intendente de Paraná. La cosa no podía perdurar en armonía, tenía que explotar y explotó, con graves consecuencias para la apoderada legal del PRO en Entre Ríos.
Una visión puramente pragmática de la política, indicaría que la escandalosa sesión del jueves pasado fue consecuencia de un error político, o varios, de la vicenitendenta. Se podría interpretar que trató, mediante un proyecto de su autoría –tal vez su primer paso en falso– de dotar de caja política al HCD. Hizo economía, retaceó la pauta a periodistas que la reciben en pala de la Secretaría de Medios controlada por Varisco, y sub ejecutó para reunir una suma de alrededor de los 7 millones, un monto sideral para el bolsillo doméstico, chirolas en el contexto de la política y la gestión. Mediante un proyecto puramente técnico, impecable en su argumentación, se propuso lograr la reasignación de esos fondos para disponer una serie de cambios que, por un lado buscaban granjearse la simpatía del espectro de concejales, y por otro, el más relevante, dotar de relativa autonomía al cuerpo legislativo frente al Ejecutivo. Le metió el dedo en el ojo a Varisco, que de inocente no tiene nada. Los concejales que a él responden, inclúyase en esa bolsa sin dudarlo a los dos de UNA–Frente Renovador, acordaron en labor parlamentaria apoyar la iniciativa de la presidenta, y en la sesión borraron con el codo ese acuerdo, sin dar mayores explicaciones al respecto. Etienot quedó en franco off side, con una defección que tal vez acrecentó su sorpresa. Emanuel Gainza, de su mismo espacio, le puso el cuerpo a la jugada varisquista.
El proyecto para reasignar fondos del HCD a la compra de un inmueble al que se trasladarían determinadas dependencias de ese cuerpo y adquirir equipamiento y mobiliario, debía ser tratado sobre tablas, según el acuerdo. A la hora de los bifes, ninguno de los concejales de Cambiemos avaló la medida y Etienot se comió un garrón. El pase a Comisión puede significar el cajoneo, y en cualquier caso obliga a una negociación en otras condiciones para su aprobación.
El voto afirmativo de todo el bloque del FPV no hizo más que dar cuenta del vacío político que se abría bajo sus pies. Extrañamente o no tanto, en esa jugada, lo que debía darse por descontado era el apoyo del bloque opositor, en tanto que lo que requería mayor trabajo para hacer factible la acción era trabar consenso con los propios pares. Para lograr el tratamiento sobre tablas y la aprobación del proyecto, eran necesarios diez votos. El FPV sólo tiene cinco, los aportó, pero por más alto que levantasen la mano los concejales de ese espacio, el objetivo de Etienot había quedado a años luz de concretarse. Para ello, lo preciso, era ni más ni menos que producir un quiebre en el bloque de la UCR–Cambiemos. Ese bloque está integrado por una concejala muy cercana al intendente; un agradecido ex funcionario de su anterior gestión; dos históricos militantes de su línea interna en el radicalismo, uno de los cuales también tuvo un cargo en la otra intendencia de Varisco; una militante de la juventud que conduce la hija del Presidente Municipal; un ex peronista eyectado del PJ que salió por la puerta del Bustismo y revivió políticamente gracias a Cambiemos, por el lado radical; una abogada de escasa trayectoria política, pero que está enfrentada personalmente con Etienot. Y Gainza que, golpeado por su propia torpeza a la hora de designar testaferros, encontró un tibio redil entre la muchachada radical cuando el invierno se hizo crudo y llovieron las acusaciones de corrupción; pero que además, como joven de la política, con naturales ambiciones de obtener un crecimiento personal en esas lides, que desbarrancó, trata de recuperar terreno y volver al ruedo, puede encontrar un freno a sus aspiraciones en la personalidad de su coequiper en el PRO. Imposible? Difícil, seguro.
La situación sacó de las casillas a Etienot, que disparó a discreción sobre los concejales de su mismo color, reivindicando su macrismo. También hubo para el bloque del Frente Renovador, que actuó en conjunto con los radicales. La infortunada frase “no tuve que acostarme con nadie para estar acá”, vino como anillo al dedo para las mujeres de Cambiemos, encabezadas con Zuiani que la acusó de ofender al género, y a la vez de estar desequilibrada, por lo cual “debería tomarse una licencia”, diagnosticó. Para reforzar redactaron un comunicado en el que manifestaron que: «Las concejales de Cambiemos quedamos profundamente afectadas por las manifestaciones teñidas de oscuridad discriminatoria que nos profiriera la Presidente del Honorable Concejo Deliberante».
En esa situación quedó Etienot. El Presupuesto 2017, bien gracias. Hubo objeciones de parte de los integrantes del FPV, bastante contundentes.
Hay otra visión de la política que la define como una guerra por otros medios apta sólo para audaces. Pero las audacias no suelen tener muchos adeptos y abundar en detractores. Etienot se metió en un laberinto, tal vez guiada por esa interpretación. Habrá que ver qué tan lejos y complicada está la salida.