Se realizaron las primeras tres jornadas del juicio oral y público a Miguel Torrealday, David Vainstub y Jorge Rossi en el Juzgado de Paraná. Declararon Sabrina Gullino Valenzuela Negro y Sebastián Álvarez, quienes exigieron a los médicos que digan lo que saben.
Por Mariano Osuna
Arrancó esta semana una jornada histórica en materia de juicios de lesa humanidad en Entre Ríos, con una triple jornada de audiencias en la causa donde se juzga a los médicos Miguel Alberto Torrealday, David Vainstub y Jorge Eduardo Rossi, socios del Instituto Privado de Pediatría, por la sustracción y sustitución de la identidad de los hijos mellizos de Raquel Negro y Tulio Valenzuela, quienes salieron del IPP el 27 de marzo de 1978.
Junto a organismos de derechos humanos, familiares de detenidos-desaparecidos y la presencia de Taty Almeida, integrante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, comenzó el lunes la causa que emergió inicialmente en mayo de 2005, cuando el entonces coordinador del Registro Único de la Verdad, Guillermo Germano, realizó una denuncia en el Juzgado Federal aportando información acerca del funcionamiento de una maternidad clandestina.
Con una intervención callejera, como antesala al inicio del juicio por lesa humanidad, se visibilizó el plan sistemático de apropiación de bebés durante la dictadura cívico-militar-clerical y se resaltó la búsqueda del mellizo Valenzuela Negro. Como difundió Agenda Abierta, durante la primera jornada la Querella exigió la extensión de las pericias caligráficas de los registros del Instituto Privado de Pediatría, ya que el día jueves de la semana pasada se conoció una pericia que decía que en el libro, donde estaba registrado el ingreso y egreso de los mellis, habían intervenido tres personas en esa anotación. Con lo cual se cae una excusa de los médicos que decían que ese libro lo escribía solamente una empleada que se murió hace un par de años. Por eso el pedido de extensión, para lo cual van a buscar documentación y escritos de la época para indagar en este nuevo elemento que aparece en la búsqueda de la verdad. Además, se destacó que los tres acusados son partícipes necesarios y coautores de los mismos delitos.
La segunda jornada de audiencias, que se efectuó este martes en la capital provincial, estuvo caracterizada por las declaraciones de las empleadas del IPP, Felipa Arico, Alicia Camino, Beatríz Velázquez, Norma Lasbías y Dorila Taborda, del periodista Alfredo Hoffman, de la nieta restituida en 2008 Sabrina Gullino Valenzuela Negro y del hermano de los melli Sebastián Álvarez. El orden de las testimoniales fue difuso ya que estaba previsto que lo hicieran en primera instancia quienes además son querellante con el fin de escuchar las declaraciones de las trabajadoras del IPP, aunque la cronología se invirtió por problemas de salud de las empleadas. En ese nuevo orden Sebastián estuvo entre las últimas intervenciones, que cerró con las palabras del periodista Hoffman.
«Alguien del IPP se tiene que hacer cargo»
«En el 98-99 conocí a compañeros de Hijos y con la Comisión Hermanos comenzamos a investigar», recordó el hermano de Sabrina y su mellizo, sobre estos veinte años de búsqueda por la verdad. Precisó que «las enfermeras se portaron muy bien y nos aportaron datos del IPP», y destacó que «ellas mismas bautizaron a mis hermanos Soledad y Facundo».
Afirmó que no puede «creer que los médicos dejaran a la deriva a los niños. Ellos estaban solos. No pasaron desapercibidos. Hubo una relación diaria con dos niños que no tenían madre». Lamentó que en un lugar pediátrico «haya habido tanto descontrol. Me parece que los médicos tendrían que hacerse cargo y darnos respuestas. Ellos tenían que ver, son responsables».
Álvarez destacó que «podrían haber frenado la apropiación y todo lo que siguió después. No lo quisieron hacer y son cómplices». Repudió que «no quieran colaborar» y resaltó que su hermana Sabrina «se privó de conocer a sus abuelos», mientas «ellos se privaron de conocerla».

«Hay tres desaparecidos en mi familia»
Durante su intervención este martes, Sabrina expresó que su identidad «es la prueba viviente de que existió el genocidio». Advirtió que todas las acciones que hicieron fueron para encontrar a su hermano. «Que esté declarando en este juicio es la consecuencia de que hay tres desaparecidos en mi familia: mis padres y un desaparecido con vida», explicó la mujer que restituyó su identidad en 2008. «Estoy acá porque es mi responsabilidad, y porque estoy buscando a mi hermano mellizo», añadió, entre el abrazo colectivo y la lucha constante.
Además, reclamó que los médicos «hagan un acto de nobleza» y exigió que «digan lo que saben, que puedan estar en paz y nos den paz a nosotros y a mi familia».
En su exposición este martes, luego del cambio de turno de testimoniales, remarcó que fue difícil aceptar un tribunal unipersonal porque eso implicaba una baja en la expectativa de condenas. Destacó que lo aceptaron porque no querían que se dilate más el juicio.
Su encuentro con Sebastián
Gullino Valenzuela Negro contó que fue abandonada en el hogar del Huérfano y de esa manera entró en el sistema legal de adopciones de Rosario donde se la entregaron a la familia Gullino. Recordó que apenas ella fue informada de los resultados del ADN lo llamó a su hermano Sebastián, que trabajaba en la subsecretaria de DDHH de Santa Fe. Detalló que ella pensó que por esa cercanía él iba a estar enterado también de los resultados. Lo cierto es que no sabía y fue Sabrina quien se lo contó. Un día después se encontraron en Rosario para conocerse.
En su testimonio, rememoró que en el juicio Hospital Militar, el represor Amelong, que al ser abogado ejercía su propia defensa, los increpó a los médicos del IPP para que digan dónde está el hermano de Sabrina. También recordó que la doctora Lilia Carnero, integrante del tribunal que juzgó la responsabilidad militar en la desaparición de Raquel Negro también le preguntó directamente al doctor Torrealday: «Dónde está el melli».
Describió que el juez Zonis les recomendó que ellos profundicen la investigación, que era imprescindible que ellos averigüen todo lo que puedan y lo acerquen al juzgado. Contó que se entrevistó con enfermeras que en privado le contaban muchas cosas, más de las que declaraban en el juicio, tal vez por el temor o los nervios que implica una declaración judicial. Expresó que se entrevistaron también con los médicos del IPP y destacó que intentaron tener entrevistas separadas con cada uno de los médicos pero ellos los recibieron en el IPP, en marzo de 2013, los cuatro dueños juntos.
El silencio de los genocidas
Sabrina explicó que recorrieron el instituto y Torrealday le mostró: «esta es la incubadora que usaste vos». Le contaron sobre los pagos que se habían hecho por las internaciones, donde por ella habían pagado el doble que por su hermano mellizo, con lo que se daba por tierra con las versiones de que su hermano tenía algún problema de salud más serio.
Relató tambien que a su madre la llevaron por lo menos dos veces para control de su embarazo. Expresó que no la estaban cuidando a ella, sino que estaban cuidando «el botín de guerra», en relación al mellizo varón de Tucho Valenzuela, porque seguramente ya tenían un destinatario de la apropiación.
Además, afirmó que en esa época no había forma de saber que eran mellizos durante el embarazo de Raquel y que por eso se quedaron con el bebé varón y abandonaron a la bebé mujer.
Otros testimonios
La tercera audiencia del juicio oral y público se llevó adelante el día miércoles con la intervención de Natalia Krunn, una enfermera del hospital Militar, con testimonios claves en otra causa de lesa humanidad, que por motivos de salud declaró desde su casa, con el traslado correspondiente del Tribunal. Aportaron sus datos además los testimonios de Gregoria Piquet, Rosa Deharbe, Marta Gómez y Edgardo García.