Su padre fue jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo, avaló la apropiación de bebés y participó de los Vuelos de la Muerte. Ella integra el colectivo Ex Hijos de Genocidas y reivindica la lucha por Memoria, Verdad y Justicia.

Por Pablo Urrutia
La reacción popular contra la aplicación del beneficio del 2×1 a genocidas, no sólo impidió que esta decisión avance en la justicia, si no que logró juntar a hijos de genocidas, que desde hace mucho tiempo cuestionaban a sus padres por su accionar durante la última dictadura cívico miliar, bajo la consigna Memoria, Verdad y Justicia.
Érika Lederer es hija de uno de los jefes de la maternidad clandestina que funcionó en Campo de Mayo como un engranaje de la perversa maquinaria que destruyó vidas a través de la muerte y del desarraigo y el arrebato de la identidad de cientos de bebes que aún desconocen su doloroso origen.
En diálogo con Agenda de Radio, Lederer se refirió al surgimiento del colectivo Ex Hijos de Genocidas, el largo proceso individual que la llevó a enfrentar a su padre y el aporte de ese espacio a llenar huecos en los relatos de la nefasta historia de la dictadura.
Érika, en primer lugar, destacó que Ex Hijos de Genocidas, principalmente, “aúna muchas voces que es la potencia de lo colectivo en la construcción de la memoria”.
“Surge por el hartazgo y el repudio que nos generó el intento del 2×1. El intento de impunidad, el intento de cambiar los términos de la historia. Vimos que se podía repetir la historia del horror”, explicó y agregó que “no somos muchos los hijos de genocidas que estamos aquí porque todo esto conlleva que uno se queda sin familia, porque sos el traidor. Pero los que nos juntamos exigimos Memoria, Verdad y Justicia, Cárcel Común, y cosas que no son parte de esto, si no que están llenas de contenido, más en estos momentos, con los intentos de domiciliaria, ahora que van a dejar en libertad a más de mil genocidas, cuando son solo 126 los que cumplen los requisitos para obtener una domiciliaria”, detalló y consideró que “estamos ante una justicia de clase y atravesada por una ideología que impone este contexto y tiene como fin último devolver todos los favores acumulados durante 40 años. De quienes están esperando pacientemente devolver estos favores, que son los dueños del capital y los mismos que manejan hoy en día los destinos del Gobierno”, sostuvo.
Sobre ese punto avanzó: “Las empresas que hoy en día tienen poder, en su momento hacían las listas negras, marcaban gente, y también alojaban a los milicos cuando se iban de las fuerzas armadas. En el caso de mi viejo, cuando ingresa en la fuerza, fue a la Bonaerense, a Techint y a los Astilleros Astarsa. En ese sentido hay un historiador, Federico Lorenz, que está tratando de escribir la historia de los astilleros donde hubo mucha gente que desapareció”, indicó.
Para Erika, el valor de sus relatos se halla en “interpelar a la sociedad. Los griegos, fundadores de la democracia, hablaban de la cosa pública, donde todos tenían que tomar injerencia en esta cosa pública y eso era un honor. Y en ese sentido digo, involucremosnos todos, porque cuando entraba una patota a sacar gente de una casa, el vecino veía. Entonces, qué pasa con esa gente que vio eso y no habló. Quienes vivieron esa época, algún dato tenían que pueden aportar. Porque si no es algo que le pasa al vecino, y ‘pero algo habrá hecho’ y hay que ser muy cautelosos con eso porque si no defendemos la historia en los términos en que la contamos, volvemos a repetir”, señaló y apuntó que “entonces matan, acribillan a un chiquito de 12 años por la espalda, y se preguntan si había robado 20 pesos o 30, cuando estamos hablando de la condición humana en realidad”.
El proceso individual y la lucha colectiva
“Cada uno vive un proceso distinto. Los que forman parte del colectivo vienen de procesos muy largos. La toma de conciencias es paulatina”, remarcó Lederer y detalló: “Empezamos a los nueve años a cuestionar el discurso hegemónico paterno. La imagen del padre ético y que nunca se equivoca. Cuando, por ejemplo, tu papá cuenta que había matado, ahí no hay una vuelta posible. Porque ellos eran católicos, entonces no había cumplido los mandamientos. Siendo médico, menos, por el juramento hipocrático. Entonces, eso va socavando la idea y la imagen de un padre que hace las cosas bien. Eso sumado, en mi caso, al escrache de Página12 en ese momento, porque mi viejo era amigo de Camps. Por eso digo que es un proceso, porque yo en ese momento, sin entender, no digería que Página12 escrachase a mi viejo, pero con los años pude rellenar algunas cosas. Por ejemplo, quién era Camps, porque en ese momento no sabía quién era. Uno se va armando con el tiempo, y tuve la suerte de no vivir en un barrio de milicos, entonces uno busca la información por su propia cuenta. Leer, instruirse, escuchar al otro. Uno se va construyendo de esa manera. Tiene la posibilidad de ser otra cosa, la sangre no te determina. Mi viejo eligió ser lo que es, pero uno puede hacer otra cosa. Que a veces no convenga, porque hay una herencia, es una cosa, pero si uno elige un camino asume las consecuencias”.
Continuando en ese relato de la toma de decisiones “en el caso de quienes opinamos así, y tenemos un accionar, un hacer en torno a aportar a esa lucha de tantos años de los organismos de Derechos Humanos, las consecuencias son, por ejemplo, que mis hijos no tienen abuela, tías ni primos. Y para un chiquito es doloroso, pero se crían en un marco de respeto a la condición humana, de memoria, de tener conciencia de que hay otro”, apuntó.
El padre genocida
Ricardo Lederer, fue segundo jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo durante la última dictadura cívico militar en la Argentina. Su nombre surgió en los casos de apropiación de bebés, causa en que fue mencionado por la enfermera Lorena Josefa Tasca. Vivió en libertad hasta que se supo de la restitución de la identidad de Pablo Javier Gaona Miranda, nieto 106, en el año 2012. Se comprobó que el obstetra de Campo de Mayo había avalado la falsa identidad de Pablo para que fuese entregado a sus apropiadores. Sus padres biológicos, María Rosa Miranda y Ricardo Gaona Paiva, fueron secuestrados y desaparecidos. Acorralado por la justicia, Lederer se suicidó.
El relato de Érika es crudo: “Mi viejo eludió la justicia, iba a caer en cana, donde debía estar, en Marcos Paz. Iba a quedar detenido por firmar un certificado trucho por el nacimiento de Pablo Gaona Miranda. Y esto que nosotros aportamos que no son pruebas para un juicio tal vez, sirven para poder comprender cosas. Cuando mi viejo se entera de esto, llegan autos a su casa avisarle que lo iban a detener. Y con esto quiero decir que se siguen manejando de manera corporativa y entonces hay peligro de fuga, no les podemos dar la domiciliaria, porque se pueden escapar. No pueden ni merecen estar en libertad, porque cometieron delitos de los más graves. Si no beneficiamos a una persona que cometió un delito común, cómo vamos a darle ese beneficio a alguien que cometió delitos de los más aberrantes”.
“Como ex hija de genocida no tengo el lugar de víctima de la represión”, sostuvo para argumentar que no se trató de una guerra, sino de un genocidio. Y como víctimas, sólo admite a Madres, Abuelas e Hijos.
Érika no duda en que los medios cumplieron un papel en la dictadura y cumplen un papel hoy en cuanto a la construcción del imaginario: “La Nación ha difundido notas que hablan de que esto fue una guerra y donde aparece la imagen del buen soldado, que es el que se lleva el secreto a la tumba, como hizo mi viejo, pero eso es eludir la justicia para no contar lo que saben” dijo y acotó: “porque nunca se arrepintieron y lo volverían a hacer, y porque lo volverían a hacer hoy está desaparecido Jorge Julio López”.
Algunos de los Ex Hijos de Genocidas se cambiaron el apellido en ese largo proceso de desprenderse del horror de sus progenitores, pero Érika, tiene otra posición al respecto: “No me cambié ni me voy a cambiar el apellido. Porque un sujeto autónomo tiene la libertad de generar otra cosa y yo siempre lo hice, así que estoy conforme y tengo paz en ese sentido. Aunque me llevó muchos años. Cuando fui a declarar en la Mega Causa Campo de Mayo por los Vuelos de la Muerte, al salir del juzgado dije, ya está, hice lo que tenía que hacer, entonces no necesito cambiar el apellido porque hice otra cosa de mí misma”, explica.
Ex hijos y familiares en la marcha del 24
Este 24 de marzo, al conmemorarse 42 años de la dictadura cívico militar en el país, familiares de genocidas marcharán por primera vez de manera visible –muchas veces lo hicieron desde el anonimato– para manifestar su compromiso con el esclarecimiento de los crímenes de lesa humanidad, por Memoria, Verdad y Justicia.
Érika viene marchando desde hace tiempo, y ante la consulta, no dudó en afirmar: “Al 24 de Marzo lo voy a vivir donde hay que estar, en la calle, porque hay que defender los Derechos Humanos”.
Su padre nunca se arrepintió de los crímenes cometidos durante el genocidio en la Argentina, nunca pudo pedir perdón ni siquiera a su hija que le pedía explicaciones. Érika lanza una reflexión que resuena en el aire: “Estoy segura de que mi viejo no vivió en paz nunca desde el ’76”.
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