Últimas horas sin justicia por Tito Yornet

Olga Foncea, esposa y madre de los hijos de uno de los militantes desaparecidos en La Perla, cuenta en esta entrevista cómo espera la sentencia que se conocerá este jueves en Córdoba.

olga foncea

Foto: Gentileza Telaraña Digital

Por Alfredo Hoffman

A horas de conocerse la sentencia por los crímenes cometidos en el centro clandestino de detención La Perla, en Córdoba, Olga Foncea mantiene alta la expectativa por que al fin haya justicia por Tito Yornet, quien era su marido al momento de ser secuestrado, el 23 de julio de 1976. Julio Roberto Yornet tenia 30 años, un hijo de dos años y otro en camino. Había sido empleado del gobierno cordobés hasta que la dictadura lo dejó cesante. Era sindicalista y militante de los Comandos Populares de Liberación. Fue llevado a La Perla y todavía permanece desaparecido.

La sentencia en esta megacusa se conocerá este jueves, después de casi cuatro años de juicio oral y público. Las audiencias se iniciaron el 4 de diciembre de 2012, pero Olga prefiere decir que “este es un proceso que lleva ya 40 años”.

En una entrevista que mantuvo con Agenda Abierta y Radio Comunitaria Barriletes, quien fuera la esposa de Yornet y conocida gremialista docente de Entre Ríos, subraya: “Es bueno revisar qué quiere decir que se juzgan crímenes de lesa humanidad. Son delitos que están en el Código Penal, como secuestros, torturas, desapariciones, pero por su gravedad, por haber sido cometidos por funcionarios del Estado y por ser tan agraviantes para toda la humanidad, se consideran crímenes de lesa humanidad. Por eso no tienen prescripción”.

“Tito Yornet desapareció el 23 de julio de 1976, junto con otro sindicalista muy importante a nivel nacional, Eduardo Requena, quien era conducción de Ctera en ese momento. En esa oportunidad se pensaba hacer una reunión de lo que era la Coordinadora de Gremios en Lucha, que estaba llevando adelante la tarea de proteger y hacer denuncias por los compañeros que venían siendo secuestrados”, recuerda.

La detención fue en el bar Miracles, en el centro de Córdoba, ciudad donde vivía la familia. Allí se iba a realizar la reunión que no pudo ser por la irrupción de las fuerzas represivas. Inmediatamente empezó el proceso de búsqueda, como todos los familiares de desaparecidos, preguntando, rastreando, presentando hábeas corpus sin resultados. El dueño del local dio su testimonio y de a poco fueron “juntando pedacitos” sobre lo que había pasado.

Reconstrucción

Un vez terminada la dictadura cívico-militar y recuperada la democracia, los que lograron sobrevivir a La Perla comenzaron a contar cómo era vivir y morir en ese lugar de cautiverio. Y revelaron que a muchos de los detenidos los habían asesinado.

“Se supone que por La Perla pasaron entre 2.200 y 2.500 personas”, describe Olga. Había dos traslados, que en la jerga significaba sacarlos del campo de concentración. Estaba lo que se llamaba el traslado por izquierda, cuando los llevaban para asesinarlos. Los militares decían ‘por izquierda y al pozo’, es decir, los enterraban probablemente dentro del mismo predio. En algunos casos se sabe que les hacían cavar el pozo y ahí los fusilaban y los enterraban. Y el traslado por derecha era cuando los llevaban a otro campo de concentración, más pequeño, que era La Rivera, y de ahí a una cárcel”.

Julio Roberto Yornet, desaparecido en julio de 1976.
Julio Roberto Yornet, desaparecido en julio de 1976.

La mayoría de las personas que pasaron por La Perla permanecen desaparecidas. De muchas de ellas casi no se tienen noticias. En el caso de Yornet, se supo que estuvo allí por el testimonio de una sobreviviente en el Juicio a las Juntas, allá por 1985. Esa mujer dijo que lo vio en “la cuadra”, un galpón muy grande donde los secuestrados permanecían tirados en colchonetas de paja. “Juntaban 100 personas por día y cuando el salón estaba lleno pasaban a los traslados”, menciona.

Finalmente, cuando se inició el proceso de Memoria, Verdad y Justicia y comenzaron a desarrollarse los juicios de lesa humanidad en todo el país, el Estado se hizo cargo de las investigaciones que hasta entonces eran realizadas solamente por los familiares y los organismos de derechos humanos.

Durante los cuatro años de juicio se conocieron algunos otros datos que permiten reconstruir los hechos. Por ejemplo, declararon otros gremialistas que iban a participar de aquella reunión en el bar Miracles. Uno de ellos llegó a entrar, vio lo que sucedía y salió sin que los represores se dieran cuenta. Otro pasó por la puerta, vio los movimientos y siguió de largo. Se supo también que esa semana de julio de 1976 estuvo dedicada al secuestro de gremialistas en Córdoba y entre otros cayó el entrerriano Horacio Poggio, quien trabajaba en el Sindicato de Prensa de esa provincia.

“Lo que quedó claro –asegura– es cuál era el procedimiento. La gente llegaba, le ponían un número, la torturaban duramente los primeros días, porque querían sacar información para que continuara el procedimiento, y después los dejaban un máximo de 30 días, en la mayoría de los casos, y se los trasladaba”. Se supo también, que Tito fue “trasladado” antes de esos 30 días.

El jueves 25 habrá sentencia por los militantes secuestrados, torturados, asesinados y desaparecidos en La Perla. Olga Foncea confía que también habrá justicia.