La larga tragedia de Victoria Aguirre

En diálogo con Agenda Abierta, Claudia Aguirre, hermana de Victoria relató la terrible historia de la mujer presa en Oberá, Misiones, por la muerte violenta de su pequeña hija a manos de su ex pareja, Rolando Lovera, quien las tuvo secuestradas durante ocho días.

Victoria está detenida con prisión preventiva desde hace dos años y medio (Foto: Página12).

Por Pablo Urrutia.

“Victoria es una chica joven, estudiante del magisterio, que tuvo la desgracia de cruzarse en su camino con un hombre que la maltrató a ella y a su hija y las llevó a un lugar emocional muy duro, muy triste, que la desbastó por completo”, expresa Claudia, hermana de Victoria Aguirre, la mujer detenida en Posadas, Misiones, a la espera del juicio por la muerte violenta de Selene, de dos años y cinco meses de edad.

El otro de los acusados es Rolando Lovera, pareja de Victoria hasta la trágica noche del 29 de enero de 2015, a quien ella acusa de haber asesinado a su hija tras mantenerlas en cautiverio durante 8 días en la arenera donde él trabajaba.

El juicio por la muerte de Selene comenzó a mediados de este año pero, por una serie de escándalos y acusaciones hacia el Tribunal a cargo del proceso, fue suspendido y hasta el momento no tiene lugar ni fecha de continuidad. Tampoco tiene tribunal, ya que su actuación en torno al caso generó tal repudio que los magistrados decidieron renunciar al juicio.

Claudia Aguirre, vio en la actitud de los jueces y gran parte de la sociedad y los medios de comunicación que el infierno de su hermana no terminaría con la detención de Lovera, se hizo fuerte en el dolor y se puso al hombro la tarea de difundir la historia, porque entiende que a través de esa verdad podrá conseguir justicia para Selene y la libertad de Victoria. Agenda Abierta dialogó con ella y tuvo acceso a un relato que en su desarrollo ilumina con claridad la intrincada y aparentemente inamovible trama que sostiene la violencia machista y los feminicidios que día a día se suceden en nuestro país con una regularidad espeluznante.

La voz de Claudia, pausada y clara, con esa musicalidad típica de la tonada de los habitantes del norte litoraleño, contrasta con el horror que está a punto de relatar. Porque encontrarse en su camino con Rolando Lovera, no fue la única tragedia que padeció Victoria.

“Era madre soltera, estudiaba y estaba criando a su hija sola cuando se conoció con Lovera en 2014. Salieron alrededor de 6 meses. En noviembre lo presentó a la familia como su novio. Comenzaron a salir más asiduamente, y el 31 de diciembre decidieron irse a vivir juntos, formar una familia, alquilaron una casa”, narra Claudia los inicios de una relación que, como todas las que derivan en violencia, comenzó con normalidad. Sin embargo, la convivencia duró poco y el buen trato también. “Según los dichos de Victoria, llevaron una vida muy linda durante los primeros 15 días, salían, hacían las compras juntos, paseaban, pero a partir del 13 de enero que ella tuvo que internarse con Selene, porque la nena estaba deshidratada y había que rehidratarla, todo cambió”. La niña tenía una severa discapacidad que obligaba a la madre a estar pendiente en todo momento: “Sufría un síndrome que le producía un retraso madurativo, no hablaba, no caminaba, se sentaba, conocía a las personas, no le gustaba la comida dulce, no comía frutas, le encantaba tomar sopa, no tomaba agua voluntariamente”, recuerda Claudia y la tristeza opaca su voz, pero cobra vigor para expresar que “los cuidados que Victoria tenía que tener para con Selene eran muy grandes, y todo esto le molestaba a Lovera”.

Hay, entre tantas injusticias clavadas hasta la médula de nuestra cultura patriarcal un mandato que indica que son las mujeres quienes deben cuidar de los enfermos, y a Lovera le molestó la internación de la niña, tener que acompañar a Victoria en el hospital. “Se enojó porque perdía horas de sueño por quedarse con ellas, a lo que Victoria le dice que no hacía falta, que se fuera a dormir y él dice que no, que iban a decir que las dejaba tiradas. Se queda y cuando llegan a la casa discuten, él le rompe el teléfono, le saca el chip y lo tira por el inodoro, luego la encierra en la casa y se va a trabajar a la arenera. Al regresar al otro día se encuentra con que Victoria tenía los bolsos armados porque había decidido irse de nuevo a vivir con mis padres porque no iba a soportar ese tipo de violencias, él se enoja y empieza a agredirla de manera verbal, luego física, maltrata a Selene. Cuando comienza a hacer eso Victoria le quita a la nena, y él se enoja más y comienza a decirle, por esa cosa me dejás de lado; quién te va a querer con esa cosa. Le llamaba cosa a Selene”, dice Claudia y el dolor se va haciendo cada vez más insoportable y profundo.

“A partir de ese 13 de enero todo fue diferente, de golpe era un hombre muy amoroso y de repente se convertía en una persona mala, posesiva, enojada, golpeadora, y luego volvía a ser ese hombre amoroso que siempre la trataba bien y luego otra vez era la bestia que la trataba mal a ella y a Selene”. En el juicio, en la etapa preparatoria, no se tuvo en cuenta en ningún momento el contexto de violencia en que todo sucedió, ni siquiera el secuestro de los días previos al asesinato de la pequeña. Rápidamente, las instituciones y la sociedad dieron un veredicto basado en prejuicios tan añejo como enquistados; la justicia debía ser sólo su brazo ejecutor. Una sociedad cruel y una justicia fría, deshumanizada y ciega a la problemática de la violencia machista, frente a la que Victoria estuvo sola. El aislamiento es siempre una de las caras de la violencia. Fue lo que hizo Lovera cuando le rompió el teléfono y comenzó a ocultarlas hasta que las secuestró, pero también lo hizo el albañil que le negó ayuda cuando Victoria aún podía pedirla y la doctora que atendió a la niña, dos días antes de su desgarrador final.

Tras el intento de Victoria de abandonarlo, Lovera “la incomunica con la familia y de ahí todas las comunicaciones fueron a través de su teléfono. Cuando mi padre lo llama dice que están bien, que estaban durmiendo o que estaban en otro lugar. Llegó a decir que estaban de vacaciones cuando estaban en el hospital con Selene internada. Fueron sucediendo un sinnúmero de instancias de violencia a las que sometía a Victoria. Desde la violencia verbal a la violencia física y sexual. Él buscó la manera de esconderla para que no pudiéramos llegar a ella de ninguna manera, diciendo que estaban de vacaciones, que habían ido a un lugar o que habían ido a otro, en su perfil de Facebook pone que estaban yéndose a San Ignacio. A una compañera de Victoria le dice que estaban en Corrientes. A mis padres les dice que estaban viajando a Ituzaingó”. Esta información, tampoco forma parte de la causa.

Rolando Lovera, repite todos los modos del violento que considera que las mujeres son de su propiedad y, aunque sin saberlo con certeza, intuye que esta sociedad le asegura una cuota de impunidad para ejercer esa violencia, pero no es esa la única razón para el aislamiento. También construye “un montón de mentiras”, para ocultar una realidad atroz, la marca de sus castigos en el cuerpito de Selene: “Intentaba maquillar los golpes usando productos de belleza que no cubrían las marcas y como no sabía qué hacer, mentía los lugares donde estaban”, devela Claudia.

El horror

En la madrugada atípicamente fría del 29 de enero de 2015, Rolando Lovera dejó a Victoria Aguirre en la puerta del hospital de Oberá cargando en sus brazos a Selene envuelta en una frazada y se retiró en su moto. Cuando las atienden, los médicos descubren que la niña está muerta. Victoria queda detenida, su primer relato fue el que él le ordenó mientras le aplastaba la cara contra la pared: Se cayó y tras la caída una computadora tipo netbook le golpeó la cabeza. La posterior autopsia indicó que la niña falleció a causa de un traumatismo de cráneo que le produjo un paro cardiorrespiratorio. Victoria sabe que lo que dijo no es cierto, aún en el estado de shock producto del encierro, los golpes, las agresiones y la tortura, comprende que Lovera cumplió con sus amenazas mediante las cuales logró quebrarla y eliminar su voluntad. Entonces cuenta la verdad, pero no es escuchada, ni siquiera es atendida por los médicos. En su declaración ante la justicia, expresó que esa madrugada, “no sentía el cuerpo”. Ese primer relato la condena y en la comisaría a la que es trasladada ese mismo día, recibe la primera cachetada de quienes, en cualquier momento, podría haber recibido la ayuda que salve a su hija y la salve a ella: “negra asesina”, le escupe una de las agentes de policía que la conduce al calabozo.

Lovera se entrega horas después.

La ceguera

Como todos los feminicidos, el de Selene se podría haber evitado.

“El 27 de enero de 2015, Victoria le pide que la lleve al hospital, para hacerle ver una supuesta mordedura de gato que la nena tenía en la mano”, continúa el relato de Claudia. “Tenía unas quemaduras como de cigarrillo en la mano, aparte de golpes en distintas partes del cuerpo, lo que es constatado por la doctora de guardia Cristina Schiefelbein. Observa las lesiones, le pregunta a Victoria delante de Lovera si él le pegaba, a lo que obviamente iba a decir que no por miedo a que la golpee estando dentro del hospital, cuando él se retira del pequeño box que tenían en la guardia, Victoria le pide a la doctora que por favor avise a la familia, que ella le daba el número para llamar o mandarle un mensaje y avisarle a mi papá o a mi mamá que estaban siendo maltratadas y la doctora le dice que esa no era su función. Que no es función de ella llamar a familiares para avisar absolutamente de nada”.

Lovera que, según la declaración de Victoria, “siempre estaba armado”, le exige que retire a Selene del hospital, “levantándose la remera para dejar ver el cuchillo que llevaba en la cintura” y con el que siempre amenazaba “hincaría a la nena”. Ella lo hace, y la doctora Schiefelbein, que considera que no es su obligación asistir a víctimas de violencia, “en lugar de hacer una denuncia policial por los golpes que había visto en el cuerpo de Selene, hace una exposición donde dice que había una menor que debía estar internada y la madre la retiró”. Dos días después, Selene ingresaba nuevamente al hospital, pero ya sin vida.

Hay una ceguera colectiva y selectiva frente a los casos de violencia machista en la sociedad y en las instituciones, que hace que las víctimas consideren prácticamente imposible escapar. Esa cárcel no requiere de barrotes ni candados, sin embargo es la más contundente de todas, nadie o casi nadie sale viva de ella. El principio ético de la doctora de no hacer ninguna denuncia no aplica por ejemplo cuando llega una chica con una pérdida o con un aborto en curso, ahí la denuncia y la imputación moral es inmediata. Según la Ley contra la violencia hacia las mujeres, todos somos solidariamente responsables y si vemos alguna situación de violencia o alguna persona víctima de violencia pide ayuda es obligación hacer la denuncia.

A Victoria no se la trató como víctima de violencia de género, no recibió atención médica ni psicológica, apenas se acercó una médica forense para preguntarle si estaba bien, acababa de perder a su única hija en una situación de violencia extrema, tras ocho días de estar secuestrada.

Tampoco la justicia incorporó a la causa esta situación, tomó la muerte de Selene como un hecho puntual, como una fotografía. Se tapó los ojos frente a la realidad de Victoria y de miles de mujeres, y actuó desde el prejuicio y la misoginia reinante en Misiones. Rolando Lovera, de 33 años, está acusado de homicidio simple, un delito que tiene una pena de entre 8 y 25 años de prisión. Victoria Aguirre, de 24 años, en cambio, está acusada de homicidio agravado por el vínculo y el encuadre jurídico es «omisión impropia», lo que prevé una pena mayor a la del hombre: prisión perpetua. El Tribunal adoptó una posición salomónica, por la antigüedad del código y por su absoluta obsolescencia para abordar situación compleja alguna, pero al revés. Como la madre no trocó su vida por la de su hija, el reproche es mayor. Sin embargo, no vio que Lovera no le hubiese permitido eso. Para cualquier abogado con perspectiva de género, la muerte de Selene es un feminicidio vincular, se castigó y se asesinó a la hija para lastimar a la madre. Así lo entienden Roxana Rivas y Eduardo Paredes, quienes asumieron la defensa de Victoria de manera voluntaria al ver la soledad y la injusticia ante la que se encontraba la mujer.

Selene, que por su condición de niña con discapacidad, pobre, en situación de vulnerabilidad, requería ayuda institucional no fue visitada por agentes de las áreas de niñez, adolescencia y familia que todos los estados provinciales tienen. Tampoco el tribunal los convocó para dar su opinión sobre el tema.

La actuación de la justicia de Oberá, Misiones, fue tan deplorable que generó el repudio de movimientos y organizaciones feministas que lanzaron una campaña nacional por la libertad de Victoria Aguirre, cuyo caso comparan al de Huigui. Su anterior abogado, Roberto Bondar, presentó una recusación contra el Tribunal integrado por Lilia Avendaño, Francisco Aguirre y José Pablo Rivero, que fue rechazado. Sin embargo, el primero de agosto, se dio a conocer la renuncia del Tribunal Oral N° 1 de Oberá a continuar con el juicio, al igual que la fiscal Stella Maris Salguero de Alarcón. La inhibición planteada por los magistrados aún no fue respondida por el Superior Tribunal de Justicia de Misiones, que sí ratificó en su cargo Salguero. Con esta situación, el juicio se sustanciaría el año que viene, mientras que la justicia rechazó los pedidos de excarcelación solicitados por la defensa de Victoria que insistirá en el planteo.

El apedreamiento

Misiones es una de la provincias con la tasa más alta de madres adolescentes y se presume que muchos de esos embarazos son producto de abuso sexual, sin embargo el material para dar educación sexual en las escuelas fue en la enorme mayoría de los casos, tirado a la basura. La situación fue denunciada por el INADI, aunque sin mayores resultados. El Estado provincial no cuenta con programa de educación sexual propio ni de lucha contra la violencia de género, un puñado de promotoras territoriales luchan contra la violencia y el machismo que hace que, por ejemplo una directora de escuela mande a la policía a hablar con las mujeres de un barrio antes de la realización de una charla sobre violencia de género y salud sexual y reproductiva. “Arreglen sus cosas en sus casa con sus maridos”, supo aconsejar a las vecinas la educadora.

En las dos oportunidades en que Victoria pidió ayuda, se encontró con esa red que aprisiona a las víctimas y protege a los victimarios. La doctora cuya función no es tener un comportamiento humano y solidario ni conmoverse ante el sufrimiento; y el albañil amigo de la familia al que Victoria se acercó en un descuido de su captor para pedirle ayuda, que le respondió que cualquiera le pega a su mujer; no son más que muestras puntuales de las profundidades en las que enraíza esta realidad de espanto que destruye vidas sin que nada la detenga, prácticamente, a la vista de todos.

Los medios son parte de esa realidad. Victoria Aguirre fue cuestionada por ser una mala madre, se le buscaron fallas para propagarlas y la mayoría de las notas se centraron en la víctima; en tanto que Lovera recibió un mejor trato, se les dio espacio a sus familiares para defenderlo y negar que lo que relata la mujer fuese verdad. Los Magistrados que indagaron con dureza a Victoria sólo se remitieron a escuchar el relato del hombre que niega el crimen, a pesar de que en una de las filmaciones captadas por las cámaras de seguridad la madrugada en que fue asesinada Selene, lo muestran cargando a la niña despierta, erguida, mientras se dirige a un cuarto sin luz, para luego salir con la pequeña envuelta en una manta, inmóvil. Los demás registros de las cámaras, que podrían constatar el lugar y las condiciones en que las dos mujeres estuvieron secuestradas, no fueron aportados a la justicia por la arenera donde la cuñada de Lovera es jefa de personal.

La estigmatización y revictimización de Victoria que debe cargar con una experiencia traumática, el asesinato de su hija, el desprecio de la sociedad y la cárcel, tocó su punto máximo cuando la Fiscal Stella Maris Salguero Alarcón le recriminó que ella en su lugar, se hubiese escapado.

Es que ese es el punto. A Victoria Aguirre se le exigió enfrentarse a su agresor, a una sociedad que avala y ejerce la violencia contra la mujer, a un Estado sordo y ciego ante el padecimiento de las víctimas y la realidad compleja detrás de la violencia de género y los feminicidios, al poderío de los medios, y a la propia justicia que descarga contra su cuerpo moreno su clasismo y misoginia, procurándole un mayor castigo que al propio asesino. Se le exigió enfrentarse a todo eso y vencer o morir en el intento; y como no lo hizo, se la condena antes del juicio. Pero también, como sostienen sus abogados, se la condena por ser mujer y pobre.