En Argentina matan una mujer cada 18 horas por violencia sexista. DIECIOCHO. Todavía nos entra una por día. No se por cuanto tiempo.
Por Vero Curvale
En Argentina matan una mujer cada 18 horas por violencia sexista. DIECIOCHO. Hace unos meses era cada 30. Hay cosas que no deberían avanzar con tanta rapidez. Con 18 horas todavía nos entra una por día. No se por cuanto tiempo.
A Micaela la encontraron muerta en Gualeguay, a María Belén en Puerto Iguazú, a Araceli y a Tamara las seguimos buscando, Daniela pudo volver a ver a su hijo, pero la violaron toda la noche. Y eso contando los últimos casos, porque vos te acordarás de María Soledad, de Ángeles, de Lucía y de muchas otras, tantas, tantísimas, una por día.
Y las mujeres nos cansamos. Nos cansamos porque nos nació de donde no sabemos algo que se llama sororidad. Nos sentimos asesinadas y violadas por cada una de ellas. Nos hicimos bola de nieve y preparamos una avalancha, una tremenda, que entierre al machismo para siempre. Nos pegamos como los alfileres dentro de una cajita, que cuando los querés separar se quedan unidos, estáticos y tiran para que no puedas separarlos. Así, juntísimas, agarradas de las manos, ocupando las calles, pintando paredes, gritando como quisimos hacerlo en el parto pero nos dijeron que eso era de histérica.
Y salimos a gritar así, con esa voz callada durante años, durante siglos. Atrapada en los corsetes, en los corpiños armados, esa voz atrapada que no nos dejó quejarnos cuando nos miraron por la calle con “ganas de hacernos de todo”. Como cuando los mismos que nos dijeron calienta bragueta nos dejaron con las ganas de ese beso, que era tan obvio. Porque enterensé, ustedes también nos dejaron con las ganas, muchas veces, miles.
Queremos ser avalancha y enterrar ese machismo que te dijo que ser macho era cagarte a trompadas por una mina, bulear al gordo del curso y no dejarse llevar por delante. Ese machismo que siempre nos salió caro, porque además de pagar la entrada al boliche teníamos que garantizar el taxi de ida y vuelta, para que no nos violen ni nos maten. A vos te digo, machista, mujer o varón, que nos unimos para ser libres. Pero no de esa libertad moral de elegir el bien, sino la libertad verdadera, la libertad de pensar que si el Che Guevara hubiese sido mujer, también hubiera llegado intacto a destino después de ese viaje en motocicleta.
Nosotras no queremos explicar más por qué nos vestimos como nos vestimos, por qué no salimos acompañadas, por qué aunque andemos de a cinco para ustedes siempre andamos solas. No queremos que nos digan que pintar paredes o patrulleros es vandalismo, cuando sé que vos te robabas golosinas del supermercado o le rayaste el auto a la de matemáticas porque te sacaste un dos. Porque vos lo hiciste para satisfacer tu ego, nosotras lo hacemos para que nos miren, no nos juzguen y se den cuenta de que nos están matando. A todas. De a poco. Una por día.
Por un minuto, varón, cuestioná todo lo que te enseñaron, olvidate que somos el sexo débil. Nos quisieron hacer débiles. Nos pusieron una muñeca en los brazos y a vos una pelota en los pies, por eso tu patada en mi estómago duele más; te dejaron trepar a los árboles, por eso tu puño en mi cara deja más marcas; te enseñaron que podías tenerme y a nosotras que no debíamos desearte. A vos te hicieron, tanto como a mí.
Por un minuto pensemos juntos, vos y yo, cuanto de lo que somos elegimos ser. Yo también, varón, quisiera mirarte sin miedo, pero todavía no puedo, por eso me aferro en hermandad con otras mujeres. Usá ese poder que te dieron, para educar a tus hijos y a los nuestros en un mundo sin machismo, con más derechos para todas, para nosotras, las que morimos día a día. Y por favor ayudanos, porque lo único que queremos es que no nos maten más.