El 25 de mayo de 2003 el ex gobernador de Santa Cruz alcanzaba la presidencia argentina con un 22,24 por ciento de los votos en la primera vuelta.

«Vengo a proponerles un sueño: reconstruir nuestra propia identidad como pueblo y como Nación», aseguró el Presidente Néstor Kirchner, un día como hoy, el 25 de mayo de 2003 en el discurso que brindó en el acto de asunción donde aseguraba formar parte de «una generación diezmada, castigada con dolorosas ausencias» y que no pensaba «dejar en la puerta de entrada de la Casa Rosada» sus convicciones.
Kirchner había asumido con el 22,24% de los votos en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en las que se impuso Carlos Saúl Menem. Pero la decisión del riojano de no presentarse a un balotaje -en el que todos los sondeos lo daban como perdedor- convirtió al entonces gobernador de Santa Cruz en presidente de la Nación, investidura que mantuvo hasta 2007, cuando ganó los comicios Cristina Fernández, mandato durante el cual falleció, el 27 de octubre de 2010.
Los comicios se celebraron en un país sacudido por una dura crisis económica y por el estallido social de diciembre de 2001, que provocó la renuncia de Fernando de la Rúa y el desplome del modelo de la convertibilidad entre el peso y el dólar, diseñado por el entonces ministro de Economía Domingo Cavallo.
En esos días, Argentina experimentó una seguidilla de cinco mandatarios que se sucedieron en menos de 15 días, que comenzó el 19 de diciembre con la salida de De la Rúa; siguió con la asunción de Ramón Puerta, continuó con Adolfo Rodríguez Saa, quien renunció una semana después, reemplazado durante unas horas por Eduardo Camaño, hasta que el primero de enero se realizó la Asamblea Legislativa, que ungió al senador nacional Eduardo Duhalde como jefe de Estado.
El fin de la convertibilidad
Duhalde modificó la paridad cambiaria de un peso-un dólar, fijada por la ley de Convertibilidad, que resultaba insostenible para la economía de un país que tenía en default su deuda externa y retenidos los depósitos bancarios ante la vigencia del llamado «corralito» que había dispuesto Cavallo en los últimos días de su gestión con De la Rúa.
El panorama económico de ese año se completaba con las cuasimonedas, que eran bonos que la mayoría de las provincias y el Estado nacional utilizaban para cancelar sus obligaciones, y que se volvieron de uso corriente entre los ciudadanos que las empleaban para adquirir bienes y servicios ante la ausencia de pesos en el mercado.
En abril, Lenicov se vio obligado a renunciar en medio de la crisis y fue reemplazado por Roberto Lavagna, quien comenzó su gestión con la tarea de renegociar con los acreedores externos y evitar la salida por «goteo» de los depósitos bancarios en medio de las restricciones que aún pesaban sobre el sistema financiero.
Valores y convicciones
Al asumir la Presidencia el 25 de mayo de 2003, Kirchner pronunció ese sentido discurso ante la Asamblea Legislativa, en el cual se reconocía como parte de la generación de militantes que intentó cambiar la realidad del país en los años ’70.
Ni bien comenzado su gobierno, Kirchner dispuso el pase a retiro de 35 altos jefes militares, muchos de ellos sospechados de haber participado en actos de terrorismo de Estado que estaban impunes como consecuencia de la vigencia de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida -sancionadas por el gobierno de Raúl Alfonsín- y los indultos dictados por Menem.
La recuperación económica
Kirchner estableció un frente común con Brasil para reflotar el Mercosur y renegoció el pago de la deuda externa con el FMI y otros organismos financieros internacionales en términos hasta entonces inéditos, logrando que, en febrero de 2004, en la XII Cumbre del G-15 celebrada en Venezuela, se reconociese la tesis de que la deuda internacional era impagable sin desarrollo. De acuerdo con esta línea de pensamiento, defendió, con el apoyo del Brasil del presidente Lula da Silva, la necesidad de una política continental común para tratar con la Unión Europea y Estados Unidos, oponiéndose a los intentos estadounidenses de imponer su propio mercado continental. El rechazo a la política comercial proteccionista de Estados Unidos y al ALCA se escenificó en la V Conferencia ministerial de la OMC, celebrada en Cancún (México) en septiembre de 2003, y en la IV Cumbre de las Américas, que tuvo lugar en noviembre de 2005, en Mar del Plata.
Después de sacar al país de la cesación de pagos considerada la más grande de la historia económica mundial, uno de los mayores éxitos del gobierno fue la renegociación de la deuda externa con el FMI y otros organismos financieros, al realizarse en términos hasta entonces inéditos. La deuda con los acreedores privados ascendía a 81.800 millones de dólares, de los cuales, entre enero y febrero de 2005, se canjearon 62.200 millones, o sea el 76 por ciento del total de la deuda, con una quita de 27.700 millones sobre el valor nominal de la misma. Se trataba del mayor procedimiento de canje y con la más alta quita a los acreedores de la historia económica.
El nuevo rumbo económico que había tomado el país al salir de la crisis se afianzó en los cuatro años de gobierno de Kirchner. Los logros de la política económica se tradujeron por un lado en un superávit comercial récord, gracias a las exportaciones que llegaron a su máximo histórico, y por otro, en una relativa mejora de los indicadores sociales. Después de la espectacular caída del PIB en 2002 de casi el 11 por ciento, en 2003 se experimentó una notable recuperación que alcanzó el 8,8 por ciento, debido sobre todo al crecimiento del consumo privado y de las exportaciones. Esta tendencia se consolidó en los años sucesivos.
Fuente: argentina.gob.ar