Cada 30 de noviembre celebramos en Argentina el Día Nacional del Mate, en recuerdo de Andrés Guacurarí, nacido ese día de 1778, en Santo Tomé, Corrientes.

Por lo tanto, la prolongación de los gestos simples y la cercanía de los corazones de la comarca, tienen directa relación con el espíritu de aquel patriota de sangre guaraní, que después de servir al general Belgrano en su Campaña al Paraguay, se alistó en las tropas federales, apuntalando el sueño de Artigas; defendiendo los ideales de la Liga de los Pueblos Libres.
Y así como el comandante Andresito incentivó el cultivo de la yerba mate, nosotros en estos tiempos de pandemia mantenemos inalterable la hermosa costumbre de yerbear cada amanecer, saludando los trinos de la costa, y recuperando las horas vitales de nuestra existencia.
Ya vendrán los días felices de inaugurar los abrazos y entibiar a través del mate compañero las almas de los seres queridos.
Mientras tanto, invoquemos al Dios de las armonías para que las limpias tradiciones de nuestra tierra sigan renovando asombros en la piel amada.
Porque el antiguo caiguá de los hermanos es el árbol, es el agua; es la esencia aborígen; guaranítica herencia que se vuelve canción entre las manos.
Es el alba de afecto que despierta el corazón azul de la mañana; cimarrón de esperanza provinciana; bienvenida de sol y puerta abierta.
Mate amargo, ternura compartida, verde aliento que alegras el camino; regocijo de claro sentimiento.
Savia lenta de amor para mi vida, que en las notas de un cántico argentino, me devuelves la flor y el fundamento.
Texto de Roberto Romani (Facebook)