Gatillo Fácil: dos meses sin Gabriel Gusmán

Se cumple este domingo un nuevo aniversario del asesinato al adolescente de 20 años, ocurrido por la policía de Entre Ríos, en el barrio Capibá de Paraná. Los efectivos Ibalo y Molina no fueron indagados, mientras la familia se moviliza este lunes.

Por Mariano Osuna

Se cumplen dos meses este domingo del operativo de la policía entrerriana que culminó con el asesinato de Gabriel Gusmán, un joven de 20 años, en el barrio Capibá de la capital provincial. Un caso de gatillo fácil, donde no se encuentran avances en la investigación, donde los dos policías implicados continúan en sus funciones habituales, sin indagatorias ni celeridades concretas en la causa. La familia del adolescente, como lo hizo también el 25 de octubre, se moviliza este lunes, desde plaza de Mayo a Tribunales, a partir de las 10 hs.

Impotencia y dolor mediante, Alejandra, la madre de Gabriel, redactó una carta exigiendo justicia y verdad. Junto a amistades, y el resto de la familia del joven asesinado por la policía, se movilizan por segunda vez este lunes, casi en la misma situación de aquel 26 de septiembre, un día después del gatillo fácil, cuando la búsqueda de reparación iniciaba.

Quien disparó ese arma, el agente Rodrigo Oscar Molina, solo estuvo demorado 36 horas después del homicidio. Junto al sargento Diego Sebastián Ibalo, otro uniformado del 911, quien además puso su rostro y su discurso de defensa propia en los medios, se encuentran cumpliendo sus funciones habituales, sin imputaciones e indagatorias, en un estancamiento incierto y dudoso del proceso judicial que se atraviesa.

Dos meses después, el barrio Capibá dejó de ser el destino elegido de medios locales tradicionales, panelistas y noticieros para extender prejuicios, estereotipos, estigmatizaciones, lugares comunes e informes del morbo. No necesitó pasar un mes del asesinato a Gabriel, para que las deudas estructurales, en materia de políticas públicas, con uno de los barrios abandonados de Paraná, sean olvidadas por los espacios audiovisuales y gráficos pero también por el poder político y el poder judicial.

Cloacas, agua potable, trabajo digno, una vivienda y un techo, una alimentación adecuada, los accesos del barrios, las redes de instituciones educativas y de salud, la promoción de la cultura comunitaria y el acompañamiento a un proyecto de vida, de la comunidad de Capibá, no parecen estar en las agendas pública, gubernamental, legislativa y mediática. Por el contrario, salvo el morbo de primera instancia, a casi nadie preocupa la continuidad del proceso judicial. Solo familiares, amistades, organismos de derechos humanos, sectores sociales, sindicales y barriales, mantienen la exigencia colectiva en las calles, recordando que un adolescente de 20 años fue asesinado por la policía de Entre Ríos.

El circo fue más allá. Si la detención y la liberación de Molina e Ibalo en 36 horas pareció una caricia a la impunidad, la caravana de la corporación judicial, el festejo de la policía entrerriana y las insólitas declaraciones del jefe de la Departamental Paraná, Marcos Antoniow, y el jefe de la fuerza provincial, Gustavo Maslein, dio un nuevo gesto institucional en favor de la doctrina Chocobar; no muy diferente a lo que ocurre en distintos puntos del país, donde el asesinato de jóvenes por efectivos parece estar celebrado por la política de (in)seguridad nacional.

Lo cierto es que este lunes, encabezada por su madre Alejandra, el reclamo de justicia y verdad se visibiliza nuevamente en las calles de la capital provincial. Desde plaza 1 de Mayo a Tribunales, a partir de las 10 hs, se realiza un recorrido contra la impunidad; una columna que interpela, cuestiona y exige para que la pobreza no sea una sentencia de muerte, como tampoco el gatillo fácil una política de estado condecorada.