Sandra Arito: «Redefinir la lucha en un sentido más abarcativo e intersectorial»

La Decana de Trabajo Social se refirió al proceso de lucha, que incluyó la toma de la Facultad, en defensa de la universidad pública. Habló del desafío de las ciencias sociales, del ajuste nacional y de las estrategias de resistencia colectiva.

Por Facundo Saavedra y Mariano Osuna

Sandra Arito asumió en los últimos meses un nuevo mandato como decana de la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Nacional de Entre Ríos. Las diferencias de contexto con su gestión anterior entre 2006 y 2014, el desafío colectivo de las ciencias sociales, el crecimiento de la unidad académica, el rol de la facultad en un escenario de ajuste nacional, la situación socio-económica, el proceso de lucha entre abrazos simbólicos, clases públicas, tomas y cortes de calle, y la búsqueda de espacios intersectoriales de resistencia, parte de la entrevista concedida a Agenda Abierta.

Arito nos recibió en el edificio nuevo de la Facultad, ubicado sobre calle Brown de la capital provincial. Allí es su primera gestión, ya que las anteriores las desarrolló en las instalaciones de calle La Rioja. En el medio, presidió el Consejo de Decanos de Ciencias Sociales y Humanas, donde incorporó un mapa preciso de la situación nacional de las facultades y universidades. La primera pregunta apuntó a esta nueva realidad, donde atraviesa hace algunos meses su tercer mandato. «Nos encuentra en un lugar algo diferente a lo que fueron las gestiones anteriores, por el contexto que es absolutamente difícil y complicado, pero también nos encuentra en un edificio nuevo que fue inaugurado en el 2015 y como producto de muchos años de trabajo y de reclamos», explicó. «Era la única Facultad de nuestra universidad que no tenía edificio propio», recordó.

«Trabajábamos mucho para tener nuestro proyecto, nuestro terreno y después la posibilidad de financiamiento de la obra, que afortunadamente salió. En 2010 revisamos el último proyecto, en 2012 arrancó la obra y en 2015 se inauguró, así que para nosotros fueron los últimos años de la otra gestión muy productivos y muy gratos respecto a todo lo que esta facultad pudo crecer», repasó sobre el laburo colectivo para conquistar el derecho de edificio propio.

Arito puntualizó que eso conlleva la responsabilidad de «cuidar mucho y de hacer honor a tanto esfuerzo y tanta inversión que puso el Estado nacional, para que facultades, como esta y muchas otras, a nivel nacional tuvieran sus espacios propios, infraestructura moderna, más adecuada y demás».

De cuatro a nueve a carreras

Sobre el crecimiento en el recorrido de la institución, la Decana remarcó que «fue notable». Describió que arrancó su primera gestión con «cuatro carreras, entre grado y postgrado», y que se terminó «con nueve carreras».

En ese recorrido, remarcó que «una de ellas fue dictada a lo largo y ancho de todo el país, que fue la especialización de políticas públicas en niñez, adolescencia y familia, que en ese momento se hizo con financiamiento del Ministerio de Desarrollo Social, a cargo de Alicia Kirchner, que nos eligió como facultad y como universidad del interior de la provincia, en el marco de lo que era toda la transformación del paradigma de derechos de niñas, niños y adolescentes». Puntualizó que «se gestionaron estas políticas públicas encuadradas también en consonancia con la Convención Internacional por los derechos del Niño» y señaló que actualmente continúan «dándoles sus títulos de graduados y graduadas, a más de 600 profesionales que trabajan en instituciones público-estatales y que trabajan con la problemática de niñez, adolescencia y familia».

Sobre el sendero marcado en estos años, Arito concluyó que «fue un salto enorme, no solo en lo cuantitativo, en el presupuesto recibido y en la inversión pública que hizo el Estado, sino fundamentalmente en lo que implicó crecer en carreras, poder crecer en cantidad de graduados y en diversificar las distintas opciones para estudiar».

Fuera de las prioridades del Gobierno nacional

En declaraciones a Agenda Abierta, la Decana afirmó que «el contexto es absolutamente diferente del que tenemos actualmente». Rememoró que «en aquellos años el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación les pagaba esta especialización a los docentes para que sea abierta y gratuita para los trabajadores del Estado y jerarquizar su formación». Cuestionó que «hoy en día, que la reabrimos porque tenemos mucha demanda, no pudimos lograr financiamiento del Estado nacional ni de ninguno de los ministerios para poder brindar la misma opción de formación y de jerarquización académica de nuestros cuadros trabajadores del Estado». También, lamentó que se diga que «no hay financiamiento para eso o no hay presupuesto para eso». Afirmó que «evidentemente no es prioridad para el Gobierno actualmente. En ese sentido, se abrió la especialización pero ya no pudo ser gratuita. La especialización como carrera de postgrado en este caso es arancelada. Es bastante diferente a lo que nos tocó en las gestiones anteriores».

El rol de las ciencias sociales y el desfinanciamiento nacional

«Nosotros en el Consejo de Decanos de Ciencias Sociales y Humanas, que es un Consejo nacional en el que participan todas las universidades nacionales del país que tienen carrera en ciencias sociales, trabajamos mucho desde el 2003 en adelante, por tratar de reparar un daño histórico que teníamos como herencia las ciencias sociales, que era lo que habíamos padecido todas las ciencias pero en particular los cuadros y el desmantelamiento que se produjo durante la dictadura militar», analizó Arito.

«En realidad otras disciplinas habían podido de alguna manera reparar ya en democracia, porque hubo programas y planes que jerarquizaron otras disciplinas como la ingeniería. No así las ciencias sociales, así que nosotros tuvimos una ardua tarea desde el Consejo de Decanos para poner en agenda las ciencias sociales y para jerarquizar nuestras plantas docentes», explicó durante la entrevista efectuada en las instalaciones de calle Brown. «No estoy hablando solamente de lo salarial y lo presupuestario, sino también de la posibilidad de generar intercambio, retroalimentación académica, de producciones científicas, de generación de material bibliográfico, que notablemente cambian el modo de mirar la sociedad y comprenderlas», profundizó.

Advirtió que «con diferencias y discrepancias, con los distintos secretarios de políticas universitarias hubo posibilidad de diálogo e interacción. Cuando fuimos con proposiciones que eran claras, consistentes en lo argumental y con objetivos definidos, tuvimos una buena receptividad de parte de la Secretaría de Políticas Universitarias». Por el contrario, avisó que «en estos últimos cuatro años, que justamente coincide con el cambio de Gobierno, el último de Cristina Kirchner y los primeros años del Gobierno de Mauricio Macri, nosotros advertimos una modificación muy importante en lo que es la relación que se tiene desde la Secretaría de Políticas Universitarias con las ciencias Sociales». Añadió que «también desde lo que era el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, porque ahí nosotros también tuvimos que entrar a poner en agenda las ciencias sociales».

Arito destacó que «el ministro Barañao en aquel momento no reconocía a las ciencias sociales con el estatus de ciencia que ameritaba. Nos sentamos con él, debatimos, dimos discusiones y logramos algunos avances interesantes, como fue por ejemplo la generación del programa de investigación sobre la sociedad argentina contemporánea, que se llama Pisac». Resaltó que «por primera vez, y de manera inédita, en el 2009 se logra poner en agenda un programa de investigación que articula a todas las universidades nacionales y que investiga el mapa de la heterogeneidad social en nuestro país». Y aseguró que eso «se pudo hacer con el financiamiento que hubo, a partir de ese programa y de ese Ministerio que hoy ya no existe».

Fustigó que «hubo un deterioro en la intensificación que teníamos de trabajo. Me parece que esto también habla de prioridades y de lo que se considera importante en términos de la relación universidades, Gobierno, Estado y región. Este era un material ineludible, no solo para la generación de políticas públicas sino para conocer qué es lo que está pasando en nuestro país».

En otro pasaje de la entrevista, Arito cuestionó que «este mismo Gobierno hablaba y habla de la intención de generar ciertas condiciones de ecuanimidad, de desarrollo igualitario, aunque no usan mucho la palabra igualdad, y por otro lado uno ve que Conectar Igualdad tiene que cada vez menos recursos, o no los tiene o se les da de baja, como hicieron con muchas becas».

«Nosotros desde las ciencias sociales y humanas no podemos no advertir eso, porque es un dato claro de la realidad», precisó. Además, agregó que «la interacción y el diálogo que nosotros tenemos de manera permanente con las comunidades y las organizaciones sociales nos muestran a diario como impacta eso».

«A nosotros no nos cuentan como son los indicadores de pobreza. Nosotros vemos los números, pero los vemos cotidianamente con nuestros estudiantes en los centros de prácticas, en el monitoreo que hacemos de las políticas públicas, en los resultados de las investigaciones», explicó Arito sobre las redes instituciones y territoriales de la Facultad. «La verdad que es alarmante, nosotros notamos un deterioro importante en lo que es el tejido social y la comunidad», alertó. Y puntualizó en la situación de algunos sectores «que son siempre más vulnerables que otros, como por ejemplo las poblaciones etarias que tienen que ver con niñez, adolescencia, vejez y discapacidad». Añadió que «directamente se le quitan derechos y contribuciones».

La resistencia y la lucha como única alternativa

La Decana de la Facultad de Trabajo Social valoró «que todos los procesos de resistencia y de lucha son la opción y la única alternativa cuando uno analiza desde lo institucional como generar algún grado de resistencia a este Gobierno o al que sea, porque estamos hablando de políticas públicas que inciden directamente en lo que es la calidad de vida de nuestra población y el deterioro al punto de la pobreza y la marginalidad extrema». Destacó que es «absolutamente necesario generar alternativas, formas de resistencia y de lucha. Y desde las ciencias sociales y humanas de argumentación sólida».

«Nosotros tenemos que sólidamente decir y argumentar por qué es necesario que la igualdad del acceso, por ejemplo, a la universidad pública, se vaya plasmando cada vez más con acciones que hagan lugar a esa igualdad. Por qué y qué implica no hacerlo. Ni hablar sobre cuestiones elementales de supervivencia como es la alimentación o el derecho a la salud», describió en declaraciones a Agenda Abierta.

La toma y el proceso de lucha

«Nos pareció sumamente importante y como equipo de gestión nosotros tratamos de acompañar los procesos de lucha que se hicieron en las distintas unidades académicas», subrayó. «Acá, las y los estudiantes de Trabajo Social definieron la toma de la Facultad y fue la primera facultad del país que definió una toma», afirmó. «Nosotros acompañamos ese proceso y queríamos que haya un cierto grado de racionalidad colectiva, en el sentido que de las decisiones formaran parte todos los claustros y la comunidad educativa en general. Que nadie se arrogara el derecho de definir que tiene que hacer el otro compañero, sino que se pudiera debatir y demás. Esto fue así y fue muy productivo, se dieron debates muy interesantes», caracterizó Arito sobre la toma de las instalaciones de calle Brown. Además, valoró que «la Facultad estuvo abierta las 24 horas» y destacó que el equipo de gestión se turnó durante las noches. «Queríamos acompañar a los estudiantes y nos quedábamos a dormir», agregó.

Una construcción multisectorial

«Lo que ocurrió también es que desde el momento de la toma de la Facultad en adelante, que duró 21 días, se llevaron puestos siete Ministerios y hubo despidos masivos en programas que tenían financiamiento del Gobierno nacional, por ejemplo los equipos que venían trabajando en Agricultura Familiar y Salud Mental», reflexionó sobre aquellos días.

Arito recordó que «como unidad académica de Trabajo Social, la Facultad tomó un rol protagónico en otros momentos de crisis social». Ejemplificó con el 2001, cuando la unidad académica «sentó en la mesa multisectorial de Paraná, a los mejores cuadros políticos-técnicos que teníamos para trabajar en políticas alternativas, como el Incinipa, que se trata del Ingreso Ciudadano de Paraná, que constituye el primer antecedente en el país de lo que fue la asignación universal por hijo».

«Por ahí discrepamos entre algunos con los que compartimos la lucha y los principios de la resistencia», explicó sobre el desarrollo de la toma y la búsqueda de ampliación de las bases intersectoriales en la lucha. Y describió que todos se encuentran en desacuerdo «con las políticas de ajuste o con los recortes presupuestarios», aunque a veces las diferencias se encuentran en el cómo y hacia dónde. Rememoró que «hubo una asamblea en la que se votó continuar la lucha de otra manera, que no era que se levantaba la toma y se acababa sino, por el contrario, se redoblaba». Resaltó la determinación colectiva de «interactuar mucho más fuertemente con organizaciones locales, provinciales, municipales, regionales y asociaciones civiles».

Arito afirmó que «fue muy interesante el debate, muy valioso, y por ahí pasaron algunas de las diferencias y discrepancias». Aseguró que «como equipo de gestión y desde el Consejo de Decanos seguimos trabajando en la misma línea, generando cuestiones alternativas que tengan que ver directamente con cómo incidir en que estas cosas mejoren y que tenga concretamente una resonancia respecto a la cotidianidad de algunas de las organizaciones con las cuales nosotros trabajamos».

Modificaciones en Ciencia Política

En diálogo con Agenda Abierta, destacó que «fue un proceso más que interesante el que se dio con la toma, y que sigue, porque nosotros queremos seguir mejorando las condiciones para que nuestros estudiantes no sólo puedan entrar, sino que puedan quedarse y recibirse». Celebró la propuesta «con modificaciones que ya fueron aprobadas, respecto por ejemplo en la carrera de Ciencia Política, a levantar el tema de las obligatoriedades de los cursados en materias donde puede haber la alternativa que el alumno rinda libre». Reconoció que los «estudiantes trabajan» y apeló al acompañamiento institucional en la finalización de la carrera. «Si no podés venir a cursar a la tarde, al horario que el docente acomoda tratando que sea lo más amplio posible, hay una traba que vos no podés sortear», manifestó.

«Entonces propusimos proyectos y vamos a tratar de seguir trabajando con la comisión político-pedagógica de la Facultad y tratar de acompañar esos procesos formativos y poner en acto esto de que la universidad es abierta, gratuita y demás, como acompañante en ese proceso de formación, para que efectivamente te puedas recibir aunque trabajes y tengas que gestionar becas», remarcó sobre el rol de la Facultad, imprescindible en este contexto.

«Estamos tratando de ampliar el sistema de becas y estamos trabajando fuertemente con el centro de estudiantes para ver como cooperamos con el tema de la fotocopiadora, para no largarles la mano a los estudiantes que están en el centro, que puede ser cualquier agrupación circunstancialmente», adelantó Arito. «Estamos abriendo distintas líneas para fortalecer esto de poner en acto, no de decir, que nuestros estudiantes se puedan quedar», añadió.

Palabra y argumento

Sobre el final de la entrevista, Arito explicó que «las ciencias son necesarias todas y es respetable que cualquier persona pueda elegir la carrera que le guste más. El tema es que hacemos con eso. A mí me parece que las ciencias sociales y humanas, no sólo no debemos ser subestimadas respecto de otras, sino que como responsabilidad tenemos que argumentar y disputar espacios que pongan palabras y reflexión a esto de para qué están las ciencias sociales y humanas».

Remarcó el desafío de «poner palabra y argumentación de por qué son tan necesarias, como lo es la ciencia política por ejemplo, porque el diseño de una política pública le cambia la vida a las personas».