Se trata de un predio entre los terrenos de Enersa y la Toma Vieja, con un proyecto de expropiación caído y el guiño oficial para abandonar un espacio de relevancia pública. Fue comprado en 400 mil pesos y tasado en 7 millones por la provincia.
La ciudadanía paranaense que visita habitualmente el complejo de la Toma Vieja ha notado, en las últimas semanas, que todo el terreno, de una extensión alrededor de los 12 mil metros, hasta la entrada del espacio público, se encuentra alambrada y con construcciones avanzadas. El terreno es un balcón, como pocos, con vista al río y está ubicado entre una superficie de Enersa y el parque natural de la capital entrerriana. Como pasa con los bordes costeros, el área se encuentra privatizada hace décadas, aunque detrás esconde un negocio inmobiliario ante el silencio oficial de la Municipalidad.
El terreno fue comprado a 400 mil pesos por un importante operador de propiedades, conocido en el ámbito de los boliches, aunque en el año 2013 el Honorable Concejo Deliberante sancionó un proyecto de expropiación de la superficie ubicada en calle Blas Parera al 4328. Aunque nunca se desconoció la propiedad privada la iniciativa intentó rediscutir los espacios públicos como patrimonio colectivo.
La propuesta legislativa local fue aprobada por mayoría bajo la argumentación de interés público en el acceso al borde costero por sobre el aprovechamiento privado. En aquella oportunidad el Ejecutivo municipal ofreció un millón de pesos, más del doble del precio al que fue comprado el terreno, aunque el emprendedor no aceptó.
Lo cierto es que la expropiación no finalizaba en el Concejo Deliberante. Además, era necesario una norma provincial que establezca y defina el terreno como utilidad pública. Su valor fue determinado por el Tribunal de Tasación de Entre Ríos, que dispuso que la superficie tenía un valor de 7 millones de pesos, más de 17 veces del precio afrontado por el empresario privado.
El valor no era impagable, pero los números exponían el negocio detrás. El tiempo pasó, cambió el Gobierno municipal, también la conformación del Congreso provincial, la correlación de fuerzas y la visión oficial sobre ese balcón natural en la entrada a la Toma Vieja. Cinco años después, con la iniciativa de expropiación bastante lejos, y otro negocio detrás, como la construcción del puente Paraná-Santa Fe, el desenlace parece alambrado para la vista de la comunidad paranaense de un espacio natural y colectivo.