La mujer denunció en abril a su abuelo Alejo Insaurralde por abusar de ella de los 2 a los 14 años. El ex pastor evangélico, trabajador de un jardín maternal y una escuela primaria de Viedma, Río Negro, arrastra denuncias de abuso desde 1992.

Mariana Vidal se define como sobreviviente, pero también es una luchadora que siembra con su grito la voz de muchas mujeres. En abril de este año denunció en el Poder Judicial rionegrino a su abuelo materno Alejo Insaurralde por abusar sexual infantil durante doce años. Se trata de un ex pastor evangélico, encargado de un jardín maternal y portero en una escuela primaria de Viedma, que arrastra denuncias de abuso desde 1992 y el año pasado recibió una condena de un año en suspensión por abuso sexual simple sobre una niña de 12 años. Gracias a la denuncia de Mariana no sólo se logró una imputación a Insaurralde por “abuso sexual gravemente ultrajante, agravado por el vínculo”. A través del acercamiento a la organización “Sobrevivientes de Abuso Sexual Infantil Río Negro”, ella logró contactar a otras mujeres que fueron víctimas de Insaurralde. “Somos 7 chicas abusadas por este sujeto. Hago pública mi denuncia para que, de existir otras víctimas se animen a hacer la denuncia. No estamos solas”, escribió en la red social Facebook. Uno días después se sumaron tres más.
A sus 29 años, Mariana decidió denunciar ante la justicia que durante la primera mitad de su vida sufrió abuso sexual intrafamiliar. Con la ayuda de una terapeuta pudo interpretar una serie de síntomas como ataques de pánico y la imposibilidad de disfrutar plenamente de su sexualidad, y así reconstruyó una serie de recuerdos que se mantenían en sombra, reprimidos: los momentos en que su abuelo materno Alejo Insaurralde (que estaba a su guarda la mayor parte de su infancia) la sometía sexualmente; violaciones que se mantuvieron desde sus dos años hasta entrada la adolescencia. Hacerlo público y exponer su historia fue una decisión personal, como explicó en una entrevista en Radio Nacional de Viedma, una ciudad capital con tan sólo alrededor de 55000 habitantes y donde estadísticamente los legajos por delitos sexuales representan un 20 % del total de denuncias penales.
Reconstruir recuerdos
“Uno disocia para no matarse, para poder seguir viviendo; es muy fuerte que la persona que una más ama, que está en el cuidado de una sea la persona que propicia los peores hechos sobre una, sobre el cuerpo; yo lo tenía absolutamente negado”, explica Mariana sobre un proceso común en las víctimas de abuso sexual conocido como Trastornos Disociativos.
Estos suponen una alteración de funciones integradoras de la conciencia, la identidad, la memoria y la percepción del entorno como respuesta a los traumas. “Realmente el daño que genera en las víctimas es muy tremendo: desde los ataques hasta sentir que una no vale la pena, la cuestión de la culpabilidad que siempre se genera en este vínculo muy perverso porque al ser personas que están en nuestra guarda producen la culpa. Con mucho trabajo y con amigos, con la parte de mi familia que me bancó, con la terapeuta pude terminar de armar un poco mi rompecabezas. Todavía tengo lagunas amnésicas porque de la noche a la mañana una no recuerda absolutamente todo pero sí hechos muy puntuales donde él abusó sexualmente de mí de la peor manera”, explicó Mariana en la radio local.
El dolor en recorrido colectivo
En el camino de reconstrucción de su historia Mariana se encontró con la agrupación Sobrevivientes de Abuso Sexual Infantil Río Negro. “Les escribí a las chicas que son las que hoy en día funcionan como nexo porque te acompañan, te dicen que no estás loca, y es así que logro contactarme con otras chicas que también fueron abusadas por este perverso. Somos 7 en total, algunas no quieren exponerse por miedo, por vergüenza, porqueimplica poner mucho de una hacer una denuncia de estas características: en algún punto es desnudarse frente a la sociedad y volver a pasar por un proceso de revictimización pero yo me di cuenta que era importante para mí, para poder sanarme, ser feliz yo y proyectar mi vida, pero también por todas las otras chicas, porque este sujeto todavía está libre”. Parte de las actividades de Sobrevivientes de ASI R.N. es la organización de juntadas en plazas para exponer la problemática y promover la concientización.
Desde su denuncia contra Alejo Insaurralde radicada el 19 de abril en la Fiscalía de Viedma con el patrocinio letrado de Julia Mosquera transcurrieron meses de investigación hasta que el pasado martes 4 de septiembre en una audiencia presidida por el Juez de Garantías Juan Brussino Kain, el fiscal Juan Pablo Puntel le imputó a Alejo Insaurralde el delito de abuso sexual gravemente ultrajante doblemente agravado por el vínculo. Mariana dice que en su caso tuvieron en cuenta el vínculo sanguíneo, la cantidad de años de abuso perpetrado, el nuevo código de prescripción de delitos sexuales y la condena que ya pesaba sobre el abusador.
Una impunidad de 26 años
Cabe recordar que la justicia rionegrina lo había dejado libre en 2015, cuando lo condenó a un año en suspenso por abuso sexual simple a una niña de 12 años. Ni hablar de cuando previamente ya se había desestimado la importancia de las denuncias de dos niñas, que databan de 1992, por los años transcurridos bajo el antiguo código penal.
10 denuncias
Sin dudas, hablar sana. Las repercusiones tras la denuncia pública de Mariana continúan: cada vez son más las víctimas del abuso sexual de Alejo Insaurralde que se contactan y la red de contención se fortalece.
Camila, la primera denunciante, publicó en una red social: “Conmigo la justicia no fue justa… por lo visto llegué tarde. Que escuchen a Mariana y así sanaremos un poquito todas. Yo, Camila Carrión Andretich, otra de las sobrevivientes”, detalló.
Así fue como el día de la audiencia Mariana llegó con mucha angustia pero finalmente sintió liberación. “Más allá del acompañamiento de mi familia y mi compañero, estuvieron presentes las otras chicas junto con sus familias. Fuimos muchos al punto que no entramos todos en la audiencia porque no había lugar en la sala. Él entró cabizbajo, con una mirada desafiante y no paró de mirarme a los ojos, cosa que yo tampoco dejé de hacer porque también me sentía fortalecida y quería que él viera que más allá de todo lo que me había hecho no había determinado por completo mi vida», relató. «Sí me marcó, sí me siento una sobreviviente, sí hoy tomo dimensión de todo lo que me generó a mí, a mi familia, a las otras chicas y a las familias, pero no me determinó”, manifestó aliviada por el camino de lucha hecho, como una pequeña reparación a tanto dolor.
La denuncia de Mariana y la causa que abrió ilumina un sendero de justicia que hasta el momento permanecía cerrado para todas las demás sobrevivientes del abusador del ex pastor evangélico. El caso de Mariana puede lograr la condena judicial sobre Alejo Insaurralde pero además la condena social sobre el abuso sexual infantil, tan imprescindible para evitar que otras niñas y niños sean futuras víctimas.
Fuente: ANRed