La decana de la Facultad de Trabajo Social de la UNER cuestionó el ajuste del presupuesto universitario, de programas públicos y del Conicet. Destacó el rol de las ciencias sociales en ese escenario y convocó a pensar el conocimiento como bien público.
La licenciada en Servicio Social, magíster en Salud Mental y decana de la Facultad de Trabajo Social de la Universidad Nacional de Entre Ríos, Sandra Arito, se refirió al escenario actual de las ciencias sociales, a los recortes del Gobierno nacional sobre las políticas públicas del sector y al rol del Consejo de Decanos de Ciencias Sociales y Humanas. Cuestionó la mercantilización del conocimiento, la educación y la salud, el recorte de derechos y el crecimiento de la pobreza.
«En un momento que es complejo, en el que estamos viendo como se vapulean algunos derechos sociales que se habían ganado, en momentos donde lamentablemente crece la pobreza, donde parece que la mercantilización de todo, del conocimiento, de la salud, de la educación, empieza a ser moneda corriente, me parece que pensar en el conocimiento como bien público es una apuesta importante, no sólo para las ciencias sino para la sociedad en general», afirmó Arito luego de la inauguración del Instituto de Estudios en Trabajo Social y Sociedad (IETSyS) en La Plata. Destacó la necesidad de «poner en clave de análisis que es lo que realmente está pasando y cuáles son los riesgos que como sociedad estamos corriendo el día de hoy».
Cuestionó que el Gobierno nacional «viene a recortar recursos, a recortar derechos, a recortar intenciones, apuestas, programas y proyectos que estaban en marcha y que tenían que ver justamente con empezar a tejer pisos de igualdad, de acceso a la educación, de acompañar a quienes más le costaba quedarse en el sistema, a través de becas, de programas, desde la educación primaria en adelante». Recordó la situación de «Conectar Igualdad y el Progresar», entre otros programas públicos, «que lamentablemente se ven tironeados en este momento, y algunos dados de baja».
Conocimiento como bien público
«Es muy importante poder pensar, repensar y analizar que implica el conocimiento como bien público. Cuando esto empieza a ser tema de agenda es porque algo pasa, porque cuando lo natural es que el conocimiento sea un bien público uno no debate sobre esto», reflexionó sobre el proceso actual que la encuentra nuevamente como decana de una de las dos únicos facultades de Trabajo Social del país. «Hay un riesgo y me parece que es importante que las ciencias sociales podamos tomar la posta y decir algo al respecto», puntualizó.
Una bisagra
Arito detalló que el «Consejo de Decanos de Ciencias Sociales y Humanas nace en el 2002, nace en plena crisis, y nace por necesidad, porque algunos decanos y decanas de Ciencias Sociales del país se dan cuenta que es necesario ponerse en red, trabajar conjuntamente y traccionar para que las Ciencias Sociales puedan dar un salto cualitativo». Recordó que se dio un «proceso muy interesante de cohesión, un proceso de trabajo federal, porque el Consejo se reúne en distintos lugares del país, siempre va cambiando la sede» y valoró que «a partir del 2005 en adelante, se advierte como una bisagra que en términos de las ciencias sociales nosotros entendemos como altamente reparatoria del proceso histórico que había tenido el desarrollo de las ciencias sociales, muy castigada, con mucho dolor y pérdidas durante la dictadura militar». Precisó que «es un proceso, a partir del 2005, donde se empiezan a dar efectivamente algunos logros que nosotros en el Consejo vivimos como altamente reparatorios, no sólo en términos de recursos económicos sino de poner en valor cuál es el saber científico de las ciencias sociales y por qué no se puede analizar un proyecto de país sin tener en cuenta el lugar de las ciencias sociales en ese proyecto de país». Reprochó que se puede crecer muchísimo en los indicadores económicos, «pero si no está la capacidad de generar condiciones de igualdad y de combatir el hambre y la pobreza, puede ser bueno en términos económicos pero muy malos en términos sociales y políticos».
Calificó el 2005 como «una bisagra porque nos permitió generar una planta docente mucho más consistente, mejor formada, con más capacidad para desarrollar programas y proyectos, con capacidad de tener mayor grado de retención estudiantil y tasa de graduación. Se dio un fenómeno que permitió que pudiéramos crecer conjuntamente, que eso es lo más valioso que yo rescato de esa época, que duró hasta 2015».
En otro pasaje del diálogo, luego de la actividad en La Plata, se lamentó que desde el cambio de Gobierno ya no tuvieron la «posibilidad de llevar ideas y consensuar cómo seguir creciendo» y denunció «la reducción en la inversión en educación, lo que pasó con el Conicet, y con el achicamiento de lo que fue ciencia y tecnología».
En ese escenario, valoró el rol del Consejo por ser «federal y altamente participativo» y explicó que «el desafío hoy es tratar de redefinir el hacia dónde». Además remarcó que las ciencias sociales «es un campo potencial de crecimiento increíble. Hoy estamos de igual a igual, y muchos de los científicos sociales nos reconocen como ineludibles a la hora de hablar de cualquier proyecto social».