El candidato de la coalición de izquierda cosechó más del 50% de los votos, dejando a 30 puntos de diferencias al conservador del PAN, Ricardo Anaya. Sigue el recuento de votos.
Con el 47% de las mesas escrutadas, Andrés Manuel López Obrador alcanzó el 53,7% de los votos y es el nuevo presidente de México hasta 2024. Lo sigue Ricardo Anaya con el 22,7%, José Antonio Meade con el 15,4% y Jaime Rodríguez Calderón con el 5,6%. El Consejero Presidente destacó que el porcentaje de participación en estas elecciones 2018 fue superior al 62% del padrón habilitado para ejercer el derecho al voto.
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Es el tercer intento del izquierdista Obrador por llegar al Poder Ejecutivo: en 2006 perdió ante Felipe Calderón (PAN) quien le aventajó con una diferencia de tan solo 0.56% de los votos, entre denuncias de fraude. Seis años después, fue vencido por el actual mandatario Enrique Peña Nieto.
«Una mayoría importante de ciudadanos ha decidido iniciar la cuarta transformación de la vida pública de México», comenzó el discurso de Obrador en las últimas horas del domingo, luego de conocerse los primeros números oficiales de los comicios presidenciales. «Agradezco a todos lo que votaron por nosotros y nos han dado su confianza para encabezar este proceso de cambio verdadero. Expreso mi respeto a quienes votaron por otros candidatos y partidos», precisó el nuevo Mandatario.
Afirmó que «la transformación que llevaremos a cabo consistirá, básicamente, en desterrar la corrupción de nuestro país. No tendremos problema en lograr este propósito porque el pueblo de México es heredero de grandes civilizaciones y, por ello, es inteligente, honrado y trabajador». Y destacó que «la corrupción no es un fenómeno cultural sino el resultado de un régimen político en decadencia. Estamos absolutamente seguros de que este mal es la causa principal de la desigualdad social y económica y de la violencia que padecemos. En consecuencia, erradicar la corrupción y la impunidad será la misión principal del nuevo gobierno».
En su intervención, Obrador remarcó que «cambiará la estrategia fallida de combate a la inseguridad y a la violencia. Más que el uso de la fuerza, atenderemos las causas que originan la inseguridad y la violencia. Estoy convencido de que la forma más eficaz y más humana de enfrentar estos males exige, necesariamente, del combate a la desigualdad y a la pobreza». Añadió que «la paz y la tranquilidad son frutos de la justicia».
«Reitero el compromiso de no traicionar la confianza que han depositado en mí millones de mexicanos. Voy a gobernar con rectitud y justicia. No les fallaré porque mantengo ideales y principios que es lo que estimo más importante en mi vida. Pero, también, confieso que tengo una ambición legítima: quiero pasar a la historia como un buen Presidente de México. Deseo con toda mi alma poner en alto la grandeza de nuestra patria, ayudar a construir una sociedad mejor y conseguir la dicha y la felicidad de todos los mexicanos», finalizó el nuevo Presidente de la Nación.