Arrancó en Gobernador Virasoro el juicio de lesa humanidad que investiga la desaparición de Marcelo Peralta, en una causa que tiene como único imputado al ex intendente de facto represor Héctor Torres Queirel.
Comenzó un juicio histórico de lesa humanidad este lunes en la Casa del Bicentenario de la localidad de Virasoro, provincia de Corrientes, tras 42 años de espera. Aunque con demoras y exclusiones, respecto a las responsabilidades civiles y militares por la desaparición de Marcelo Peralta, trabajador de la yerbatera Las Marías y delegado de Fatre, el inicio de la instancia oral marca un hecho significativo en la búsqueda de Memoria, Verdad y Justicia.
El Tribunal Oral Federal de Corrientes, integrado por Lucrecia Rojas de Badaró, Víctor Alonso y Fermín Ceroleni, inició una serie de audiencias en la causa que juzga al ex intendente de facto represor Héctor Maria Torres Queirel, imputado como partícipe secundario de la privación ilegítima de la libertad agravada de la desaparición del trabajador durante la dictadura cívica-militar-clerical.
La primera audiencia arrancó con la declaración del represor, en una instancia judicial donde se encuentran citados como testigos Ramona Sánchez, esposa de Neris Pérez, también secuestrado junto a otros trabajadores de Las Marías, y sus hijos Aníbal y Jorge Pérez. También hará lo propio Genara Díaz, esposa de Marcelo Peralta, Clara Mercedes Figueredo y Rodolfo Alfredo Fernández.
Se espera que este martes 3 declaren Carlos Escobar, Ramón Falcón, Juan Manuel Gómez, María Bernal (hija de Jacinto), Pablo de la Cruz Franco, Ramón Peralta y Agustina Altamirano; que son trabajadoras, trabajadores, familiares y víctimas de la dictadura. en la localidad de Virasoro. Por su parte, el miércoles 4 será el turno del sargento retirado Cosme Ramírez, el oficial de policía Arsenio Raúl Berón, el comisario general retirado Julio Fernández, el comisario inspector retirado Juan Ramón Cerdán, Francisco Silva, el sargento retirado Dionisio Cáceres, Alejandro Balleve, Lorenzo Ramos Chilotegui y el comisario general retirado Walter Ramírez.

El tiempo en estas causas juega a favor de la impunidad. Que sólo haya un genocida sentado en el banquillo es producto de esa demora, entre la inacción judicial y las leyes del olvido. Los represores Duilio Martínez y Ricardo Schweizer murieron, mientras que los militares Llamil Reston y Juan Carlos Sacco fueron excluidos por cuestiones de salud. La deuda más profunda, la pata empresarial, también quedé fuera del banquillo, ya que Adolfo Navajas Artaza, dueño de Las Marías, fue sobreseído.
Hace 42 años
El camión llegaba antes del alba para llevarse a los trabajadores, aunque no todos volverían con el ocaso. Era 1976 y “Las Marías” un próspero establecimiento yerbatero con más de 30 mil obreros, con turnos que duraban 14 horas. Allí la ley era esa y el resto de los camiones se usaban solo para traslado de cargas.
La lucha gremial se había reactivado tres años antes con la conformación de la filial local del Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Alimentación (STIA) -con el militante Marcelo Acuña electo primer secretario general-, lográndose algunas reivindicaciones: desde un suplente permanente en caso de necesidad de ir al baño hasta la construcción de una sala para la prestación de asistencia médica de la obra social del sindicato.
Lo cierto, es que la dictadura anuló todo. Los derechos laborales, adquiridos en décadas de disputa (con paros y huelgas), tampoco fueron la excepción.
La línea de producción de la industria de la yerba mate es extensa y un sector quedaba afuera del STIA: los trabajadores rurales, encargados de la siembra y la cosecha, estaban desprotegidos hasta que –promovido por Acuña y otros- se constituye el Sindicato de Trabajadores Rurales y Estibadores, incluida en la Federación Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (FATRE), con una masiva afiliación. Su primer secretario general fue Ramón Aguirre, otro militante comprometido con su clase social. Acuña y Aguirre fueron víctimas de la represión estatal al igual que Nery Pérez y Marcelo Peralta, los dos trabajadores desaparecidos. 42 años después, aunque con limitaciones, se respira Memoria, Verdad y Justicia.
Los Navajas Artaza, que en los años previos de la “Revolución Libertadora” habían acobijado a un grupo de tareas, compuesto por ex militares y civiles que hacían “limpiezas” en el pueblo, expulsando a disidentes políticos, recibieron con gusto al interventor municipal y comisario Capitán Juan Carlos Saco, cediéndole terrenos para que su tropa subordinada acampe. La retribución del Capitán se materializó en la persecución, detención y eliminación de trabajadores de las listas negras de los patrones, sobretodo de “Don Toco”, como le dicen a Adolfo Navajas Artaza.
Cuatro días antes del 24 de marzo fue la última reunión de los delegados gremiales con los representantes de la empresa. Uno de los reclamos fue las condiciones en que se encontraban dos poleas, las cuales generaban inseguridad en los operarios. No hubo solución. Un trabajador, Antonio Pintos, murió un tiempo después a consecuencia de un accidente con una de esas poleas.
A los patrones le molestaba que el peón se organice y le discuta como un igual. El acelerado crecimiento que había obtenido el sindicalismo, como expresión del poder de los trabajadores organizados en Virasoro (en Corrientes y Argentina), se vio frenado por el aparato represivo del Estado que lo amputó por múltiples vías: persecución, desaparición, eliminación de derechos adquiridos y represión.
Y el camión volvía a llenarse de trabajadores cansados. Antes de la puesta del sol salía de “Las Marías” llevándose a hombres que sabían que su fuerza de trabajo solo enriquecía a los Navajas Artaza. Lo venían escuchando en asambleas y cotidianas charlas: la conciencia de clase ya estaba presente en ellos. El camión llegaba al pueblo, los obreros bajaban; la oscuridad que vaticinaba el provenir de esa noche y de las siguientes noches, desde aquellas postrimerías de marzo de 1976, adquiría intensidad. El Terror sobrevino.
Un domingo colectivo
Un día antes del inicio del juicio, vecinas, vecinos, familiares y organismos de derechos humanos recorrieron las calles de la localidad.
Las pancartas, los abrazos y los pasacalles coparon la Avenida Lavalle pasadas las 17 horas de la ciudad correntina. “Juicio y condena a todos los responsables del secuestro y muerte de Neris Perez y Marcelo Peralta. 2, 3 y 4 de Julio Juicio Oral en Virasoro”, se lee en la bandera de arrastre con la que marchan hasta la plaza Libertad. “En este pueblo todos tienen miedo, hasta hace poco los únicos que daban trabajo eran los de la empresa Las Marías”, afirmó Ramón, hermano de Marcelo Peralta, mientras caminaba.