114 mujeres y niñas fueron asesinadas por ser mujeres en lo que va de este año, según el informe de la ONG La Casa del Encuentro. Además hubo 17 feminicidios vinculados y cuatro travesticidios.
Mientras en todo el país se movilizan millones de mujeres contra la violencia de género, la brecha salarial, el techo de cristal, la feminización de la pobreza, los abortos clandestinos e inseguros y la discriminación y falta de políticas públicas hacia la disidencia sexual, se conocieron datos sobre el escenario machista que caracteriza los primeros cincos meses del año. Según los informes de la ONG La Casa del Encuentro, una mujer es asesinada por ser mujer cada 32 horas en Argentina.
Ante la ausencia de estadísticas oficiales sobre feminicidios en Argentina, la Asociación Civil ‘La Casa del Encuentro’ en el año 2008 produce el primer informe sobre asesinatos sexistas en nuestro país. Un año después se conforma el “Observatorio de Femicidios en Argentina Adriana Marisel Zambrano”, un insumo para el debate y diseño de políticas públicas, como lo fuera en el debate parlamentario y posterior aprobación de la reforma del Código Penal Argentino en lo que respecta al agravamiento de las penas en casos de homicidio en los que mediare violencia de género, a fines de 2012.
Según el Informe de Investigación de Femicidios del Observatorio de Femicidios en Argentina “Adriana Marisel Zambrano”, hubo 114 homicidios sexistas a mujeres y niñas, además de cuatro travesticidios y seis mujeres migrantes asesinadas. La presidenta de la Asociación, Ada Rico, remarcó en diálogo con P 12 que se repite la poca cantidad de denuncias. «Solo un 12 por ciento de mujeres recurrieron a esta instancia para cortar la violencia», detalló.
La dirigente feminista explicó que en muchas oportunidades “no hacen la denuncia porque sienten que la justicia no las va a proteger. Lo que más quiero remarcar es la necesidad de capacitación de la justicia. Todo esto que tenemos es producto de que la justicia tiene fallos sexistas y las mujeres no se animan a denunciar porque los efectores de justicia no tienen capacitación suficiente”.
Otros datos
De los 114 femicidios registrados por los medios entre enero y mayo de 2018, la mayor parte fueron producidos por parejas o ex parejas: 44 fueron producidos por esposos – parejas – novios, y 25 por ex esposos – ex parejas – ex novios.
La vivienda sigue siendo el lugar más inseguro para las mujeres que sufren violencia. La mayor parte de los femicidios ocurrieron en sus casas (33) o en las que compartían con el victimario (26). Le siguen en cantidad, otras viviendas (10) y vía pública (9).
En cuanto a las provincias donde se produjeron estos femicidios, Buenos Aires encabeza la lista con 34, le sigue Santa Fe con 13 (ver aparte) y luego Córdoba con 10. Sin embargo la tasa de femicidios cada 100 mil habitantes ubica a Neuquén a la cabeza con un 0,91, luego sigue Chaco con 0,76 y en tercer lugar se ubica Tucumán con 0,55.
Las deudas estructurales
En 2008 mataron una mujer cada 40 horas; en 2014, cada 30. En esos 7 años, los medios publicaron noticias sobre 1.808 feminicidios. ¿Cuántas mujeres murieron asesinadas sólo por ser mujeres en 2018? No lo sabemos. Pero sí sabemos que tenemos que decir basta. En estos años, los feminicidios dejaron cerca de 1500 niñas y niños huérfanos y algunos de ellos están obligados a convivir con los asesinos. El problema es de todos y de todas. La solución hay que construirla en conjunto. Necesitamos sumar compromisos para cambiar una cultura que tiende a pensar a la mujer como objeto de consumo y descarte y no como una persona autónoma.
El feminicidio es la forma más extrema de esa violencia y atraviesa todas las clases sociales, credos e ideologías: Pero la palabra “feminicidio” es, además, una categoría política, es la palabra que denuncia el modo en que la sociedad vuelve natural algo que no lo es: la violencia machista. Y la violencia machista es un tema de Derechos Humanos.
Hablamos entonces de una cultura de la violencia contra las mujeres. Hablamos de hombres que piensan que una mujer es suya y que tienen derecho sobre ella, que pueden hacer lo que quieran, y que cuando esa mujer dice no, la amenazan, le pegan, la
matan para impedir que diga no.
Aunque la gran mayoría de las mujeres que recordamos aquí fueron asesinadas por hombres de su círculo íntimo, el feminicidio no es un asunto privado, es producto de una violencia social y cultural que los discursos públicos y de los medios vuelven legítima, cada vez que alguien le dice puta a una mujer porque ejerce su sexualidad libremente, cada vez que alguien la juzga por las medidas de su cuerpo, cada vez que alguien la mira con sospecha porque no quiere tener hijos, cada vez que alguien pretende reducirla simplemente al lugar de la buena esposa o la buena madre, destinada a un varón.
Lo privado es político
Cada mujer que se atreve a decir basta, que quiere dejar de ser víctima para convertirse en sobreviviente, desafía a toda la estructura de la violencia machista. Pero ese es su momento más vulnerable, ahí es cuando con saña se pretende ajusticiarla y es entonces cuando más necesita de otros y de otras que ayuden a sostener su decisión: redes de afecto, sociales, asistencia del Estado y un activismo político fuerte que insista en decirle que no está sola y que no es su culpa. Para que ese basta, que por fin pudo enunciar, se sostenga en el tiempo. Eso es, también, lo que estamos haciendo hoy, acá, en esta plaza pública.
La violencia ejercida en el ámbito doméstico se vincula con cuestiones sociales que deben ser discutidas en la esfera de la política. A diferencia de otros crímenes, el feminicidio se puede leer en una cadena: encontramos crímenes casi calcados por todo el país.
Por eso, afirmamos el derecho a decir no frente a aquello que no se desea: una pareja, un embarazo, un acto sexual, un modo de vida preestablecido. Afirmamos el derecho a decir no a los mandatos sociales de sumisión y obediencia. Y porque decimos no, podemos decir sí a nuestras decisiones sobre nuestros cuerpos, nuestras vidas afectivas, nuestra sexualidad, nuestra participación en la sociedad, en el trabajo, en la política y en todas partes.
Los femicidios no deben tratarse como problemas de seguridad. Y la lucha contra ellos exige una respuesta múltiple, de todos los poderes del Estado y todas sus instancias -nacional, provincial, municipal- pero también precisa una respuesta de toda la sociedad civil. Y en especial una respuesta por parte de los y las periodistas, comunicadores y comunicadoras, que son quienes construyen interpelaciones públicas.
En 2009 y por amplia mayoría (con 174 votos afirmativos y 3 abstenciones), el Congreso nacional aprobó la Ley de Protección Integral de las Mujeres, Ley Nº 26.485, un paso importante en la lucha contra la violencia machista. Aunque sin la reglamentación completa de la Ley, el diseño de políticas integrales y la asignación del presupuesto necesario para su instrumentación, esta herramienta lograda en 2009 resulta insuficiente para revertir el aumento de la violencia.
Sin registros oficiales
No existe en la Argentina un registro oficial de feminicidios. Los datos que mencionamos aquí son los que releva año tras año la Organización No Gubernamental Casa del encuentro.
Fuente: Casa del Encuentro, P 12 y Agenda Abierta