Joe Lemonge: «Que nadie tenga el miedo que tuve yo esa madrugada cuando intenté defenderme del último ataque»

Luego de la condena de cinco años de prisión al joven sentenciado, por defenderse de reiterados ataques, por un Poder Judicial que violentó su identidad de género en todo el proceso. «No me voy a rendir», expresó en Rosario donde se realizó una jornada de lectura disidente.

 

Foto: Gisela Ardit

 

El pasado 4 de mayo condenaron a Joe Lemonge, un joven activista trans de 25 años, a cinco años de prisión luego de defenderse de un ataque colectivo, que se repitió en sucesivas oportunidades. En aquellos días su nombre, como el de Higui, comenzó a instalarse en la agenda pública, entre manifestaciones, charlas, marchas e intervenciones culturales. La exigencia de justicia, de un proceso judicial con perspectiva de género y la lucha por su absolución, emergieron en plazas, calles, establecimientos educativos y centros culturales. En esa línea, se desarrolló una actividad literaria y feminista este último viernes en la Casa Kaya de Rosario, donde Joe reflexionó sobre todo este camino de impunidad y resistencia.

«Bastante cambió mi vida de un punto a otro», reflexionó el joven mientras recordaba otros viajes de paseo en Rosario. La historia puso a Joe como una referencia colectiva de las injusticias y las violencias cotidianas contra la orientación sexual e identidad de género de las personas. Confesó que está adaptándose a «venir a Rosario como también ir a eventos en Buenos Aires, donde estoy viviendo ahora, o en otras ciudades próximamente, para hablarles, para hablarles de lo que pienso, de lo que siento, de lo que me gustaría que pase».

«Me gustaría que pase lo contrario que me pasó a mí», afirmó en su exposición. «Me gustaría que nadie más pierda todo lo que yo perdí. Que nadie tenga el miedo que tuve yo cuando me atacaron más de cuatro noches, cuando me hostigaron por semanas, por meses. Que nadie tenga el miedo que tuve yo esa madrugada cuando intenté defenderme del último ataque. El miedo que tuve cuando me llevaron a un calabozo por seis días, porque es la primera vez que me metí en un lío así. El miedo que tuve cuando sabía que mi papá estaba muy enfermo y el miedo que tuve las horas antes de que él partiera, sabiendo que ya no lo iba a ver. El miedo y la vergüenza que tuve de llegar al velorio con esposas y custodiado. El miedo que tuve las semanas posteriores a saber que el odio iba a continuar y que pronto quizá iban a cumplir la promesa que siempre me hacían: ‘te vamos a reventar la casa, te vamos a reventar a vos y te vamos a prender fuego con casa y todo’. Promesa que lamentablemente la terminaron cumpliendo», detalló sobre el circuito sufrido de violencias.

 

«No quiero que tengan el miedo que tuve yo esa madrugada cuando me desperté por una explosión y vi todo oscuro. Y que chocando salí y vi luego esa oscuridad contrastada con el brillo de las llamas que ya fundían toda mi casa», recordó con dolor. «Mi casa que tenía más de 50 años porque había sido la casa de mi mamá y la casa de mis abuelos. Mi casa que estaba llena de recuerdos, de libros, de mis certificados de inglés, de mis colecciones de juguetes, de las ropas de mis abuelos, de sus muebles, de fotos juntos, de recuerdos de mascotas, de recuerdos de amantes, de recuerdos de amores, de recuerdos de noches y tardes juntes con mi mamá, mi abuela, mi abuelo, de recuerdos de mi abuela que partió ahí», describió sobre los reiterados ataques. «Todo eso ardiendo y yo sin poder hacer nada, parado enfrente», añadió. Y rememoró el miedo que tuve los días posteriores cuando la seguían amenazando y se tuvo que ir con su mamá, «huyendo a una casa de campo, sabiendo que ella en eso gastaba todo lo poco que le quedaba».

«Ni hablar del miedo que fue acostumbrarnos a esa casa en el medio del campo estando solos y yo jugando a ser más que nunca un hombre, sabiendo que era mi destino, destino que ya conocía pero que lo ocultaba, porque creía que lo vivía en privado solamente con el chico que me gustaba, pero que no era tan privado y que terminó siendo de una u otra manera el punto de inicio para que todo ocurra y, al final, para que yo hoy esté aquí y para que les diga que no me voy a callar y que voy a seguir y que no me voy a rendir», puntualizó Joe. «Quizás dentro de unos años, o quizás un año más, no tenga que estar con la noticia de que me voy a una cárcel, sino con la noticia de que quizá puedo representarlos a todes de alguna manera», finalizó en su exposición.