Lucrecia tiene 43 años, es trabajadora del Estado y madre de Josefina de 11 años y Baltazar de 8. Aquí nos relata el nacimiento de su hija y el terror al cambio de bebés por separarlas después del parto.
Por Lucrecia Colson
Éste es el parto de mi hija, la primera. Era la semana 40 y ½ y la pibita no quería salir. Hacía unas semanas que la médica me decía, «si no nos vemos antes te espero el jueves». Así llegamos al jueves 9 de noviembre de 2006 con bolso y todo. Me hace tacto y me dice que está en la terraza (muy alta), “si te hago goteo nada garantiza que sea parto natural, podes terminar en cesárea igual” y entonces pregunta: «¿hacemos cesárea?» y yo respondí que sí. Igual estaba tan aterrada. (Después la médica me dijo que la bebé tenía una vuelta de cordón y el cordón corto, que no hubiese podido nacer por parto natural).
Ya en el quirófano me dieron la peridural, tenía tanto miedo que cuando me empezaron a hacer la incisión pegué un grito. No me había agarrado la anestesia. La médica y la instrumentista se miran y miran al anestesista. Me duermen completamente. Yo no sabía que me iban a dar anestesia total. Fue de urgencia. Pero lo peor fue cuando me desperté. Estaba estacionada en un pasillo, sola, no entendía nada, no tenía panza. No sabía que había pasado con mi bebé. No lo había visto.
Viene un camillero para llevarme a la habitación. Yo le preguntaba a él qué había pasado. Dónde estaba mí hija. Él no sabía nada. Lloraba, me dolía todo, temblaba porque estaba saliendo de la anestesia, hasta que llego a la habitación y está mi marido y me explica que mi hija está bien. Que está en la nursery, porque como a mí me habían dado anestesia total querían que me recuperara y luego me iban a traer a mi bebé. Él la había visto y eso me tranquilizó. Luego de dos horas, ya no aguantaba más, quería conocer a mi hija. Él la trajo vestida con la ropa que habíamos elegido para ese día.
Fue muy loco porque yo no vi a mi hija cuando nació, tenía la sensación que si me hubiesen traído a cualquier bebé yo no hubiese podido reconocerlo como mío, al no haber visto a mi hija nacer. Fue un inicio muy feo, pero de a poco nos fuimos conociendo y amándonos.