De las pensiones de los clubes salió el grito más ahogado de todos: el de los varones abusados. El machismo se cobra los cuerpos de las mujeres, pero también de los pibes más vulnerados. Una nota de opinión entre el poder y el patriarcado.
Por Luciana Peker*
Su nombre se pierde en la importación de jugadores. Lo llaman con el nombre de su provincia. El noreste al que casi nadie va se convierte en una forma de nombrarlo y, a la vez, de hacer de su origen su marca de identidad. Nació en 1998, en una ciudad que resiste al olvido del centralismo. No pesa ni 70 kilos y su piel todavía tiene acné. Creció entre el amor a la camiseta, la pasión por el futbol y los chistes homofóbicos. Gustar de hombres es una vergüenza en el código sin normas que se expande como un doble sentido inalterable. Y una forma de joderse. El amor romántico a la camiseta no tiene límites. “No existen fronteras para este amor”, comparte con el rojo de fondo. Independiente no era solo su club, era su casa, una forma de vivir que borra nombres y suelos, en pos del sueño del Messi propio. Odiaba las matemáticas, pero la cuenta del éxito parecía ensamblada con el contador de goles. Paso por Independiente y Argentinos Juniors. En el 2017 fue exportado a un equipo sub 20 de Latinoamérica como delantero. Hizo seis goles en seis meses. No era lo único que necesitaba para hacer carrera.
En el 2015 todavía tenía 17 años. Estaba sentado en un asado en el que era un invitado ornamental. No decía palabra. Abría la boca apenas para empujar la ensalada. El celular a la mano le custodiaba la incomodidad de bajar la cabeza. Se vestía como para salir aunque se quedara adentro. Probaba la chocotorta que dejaba una empleada doméstica para el postre o alguna torta que conseguían de canje los invitados salidos de un reality show. La sobremesa no era necesaria. Se arrumbaba en el sillón nude del departamento de Palermo. La forma de ele lo dejaba estirar las piernas y la tensión, que no la podía cortar como el pelo siempre al ras y apenas enfilado. Alguna vez le prestaban el auto cero kilómetro para salir. La tristeza lo delataba. Pero nadie delataba a Leonardo Cohen Arazi, el relacionista público que lo presentaba como su chongo, según presenció Mariana Farjat.
—Se le notaba las ganas de salir corriendo. Y a mí también me daban ganas de salir corriendo —cuenta, Marian Farjat, ex participante de Gran Hermano (GH), de 23 años, sobre el chico que vio en la casa de Leonardo Cohen Arazi, cuando estaba de novia con Brian Lanzelotta, otro ex GH. Entonces ella tenía 20. Su ex le pedía que lo acompañara a comer a lo de Cohen Arazzi, un relacionista público, que ni bien salió de la casa televisada, le ofreció prostituirse en el lenguaje criptado de hacer “presencias íntimas” con empresarios. Le dijo que no. Y decir que no también tenía costos en medio de un machismo naturalizado. Marian recapitula que los celos, prohibiciones de hablar con otros hombres, zamarreos e insultos forman parte de signos de violencia de género que ahora puede reconocer y que, antes, sentía como una parte más de la náusea en la panza.
—Me empezó a dar asco —recuerda—. A él (Cohen Arazi) le encantaban los jugadores. Tenía morbo. Eran humildes, del interior, de bajos recursos, con el sueño de llegar a ser el número 1. Los jugadores tenían necesidad y venían a comer a Santorino (el restaurante de milanesas gigantes de Cohen Arazi). Los invitaba a almorzar. Les prestaba el auto para que se lo lleven. También pasa mucho en la carrera de modelaje. Pero ahora la mujer habla y todo se sabe. Ahora se la escucha más a la mujer. Yo decidí hablar porque no quiero ser cómplice.
Ella fue a declarar, junto a la abogada Alejandra Bellini, a Unidad Fiscal de Investigación 4 de Avellaneda, a cargo de María Soledad Garibaldi. El Juez es Luis Carzoglio, del Juzgado de Garantías N°9 del Polo Judicial de Avellaneda. La causa fue caratulada como “Abuso sexual, y promoción y facilitación de la prostitución”. Hay seis detenidos: Cohen Arazi; el árbitro Martín Bustos, juez de línea de Primera B Nacional; su abogado, Carlos Tomás Beldi (por destruir el celular de Bustos); Alejandro Carlos Dal Cin, organizador de torneos de fútbol para juveniles y administrador de departamentos); Juan Manuel Díaz Vallone, representante de futbolistas) y otro estudiante.
Garibaldi contó que los abusadores les ofrecían a los adolescentes “pasajes para ir a ver a sus padres al interior, dinero, ropa, botines y carga de la tarjeta SUBE” bajo la obligación de ir a casas de San Isidro y Palermo. Los chicos hablaron con el psicólogo lo que estaban viviendo. Y él se lo trasmitió al encargado de la pensión de Independiente, Fernando Langenauer. El coordinador de las inferiores del club de Avellaneda, Fernando Berón, se enteró y lo denunció a la justicia. En la nota de la periodista Mariana Iglesias, de Clarín, titulada “Creen que detrás de los abusos opera la red de pedofilia más grande del país”, se estima que los chicos abusados son siete.
El tiempo es ahora porque lo que antes se decía no se escuchaba, se encubría o no tenía repercusión. La diferencia no solo es de lo que ahora sí se habla, sino cómo se escucha. La palabra es una conquista ganada. No es no. Y no es una casualidad, sino una frase que frena de abusos sistemáticos a los cuerpos y esperanzas de los pibes.
—No te podes hacer el distraído ante semejante barbaridad. Gracias a Dios hablaron —dice un integrante de Independiente con reserva de identidad.
No arde sólo Independiente y su pensión de cincuenta chicos. La de River, donde duermen ochenta juveniles, también. El abogado Andrés Bonicalzi, de la Asociación de Ayuda a las Víctimas de Violación (Avivi) denunció, el 2 de abril, que dos varones integrantes de las juveniles y una jugadora de vóley habrían sido abusados en River Plate, entre 2007 y el 2011, en unos casos por un cliente y, en otro, por un médico del club. Según Avivi los chicos estaban angustiados y le hablaron de los abusos a un psicólogo. Una médica también se enteró, pero la silenciaron para que no diga nada y apartaron del club, después de una licencia por maternidad.
En las camas de esas pensiones, donde el sueño es llegar a ser figurita del Mundial, la explotación del sueño de la camiseta propia no es un rastro aislado, sino una forma sistemática de hacer de la esperanza y el desarraigo una forma de coerción para los pibes.
En el 2010 Cohen Arazi se peleó con Ricardo Fort y, con espuma de rabia entre los dientes, fue a Intrusos a defenestrarlo. Pero pasó del trash a la apología de la violencia sexual y contó que el ex heredero de la fábrica de chocolate le hizo pagarle, en el boliche Esperanto, a varios jugadores de las inferiores de All Boys. No es bizarro. Es abuso. Igual que ahora no es solo una operación, ni solo cotillón porque Natacha Jaitt mande a buscar en la basura a Mercedes Ninci. En la cobertura periodística se empezó a hablar de nombres de hombres del poder (periodistas, conductores, políticos, artistas, funcionarios) que, en algunos casos, aparecieron de la boca de Natacha Jaitt en la mesa de Mirtha Legrand el sábado de pascuas. La señora, a modo de la película La Celebración (donde se nombraba el abuso del padre de familia con el crujir de las copas de cristal) tocaba la campana de plata para poner orden y decía que conocía a algunos de los nombrados y que eran intachables. El abuso sexual no puede defenderse en nombre de la intachabilidad, la buena familia o las apariencias. Es el ABC de la pelea contra el abuso sexual.
Y, a la vez, llevar al barro de las descalificaciones nombres apresurados, aprietes y circo, rebaja la credibilidad de la causa. La vuelve el jarrón roto del caso Cóppola, con personajes que toman protagonismo y operaciones de servicios de inteligencia o intereses políticos que, ciertos o no, no son los protagonistas de la noticia, pero tapan mucho más de lo que aclaran. La noticia son los pibes. Y los descargos de Carlos Pagni, columnista de La Nación y ex conductor de TN y de Alejandro Fantino, en Animales Sueltos, sobre vendettas por su trabajo u operaciones atribuidas a servicios de inteligencia dolidos por ser desplazados, no pueden opacar el foco. Con los pibes, no.
Por ahora, nadie confirmó si en la causa figuran como clientes los nombres a los que se adjudica el escándalo. Pero el escándalo es que el fútbol lleve a la cancha de la coerción a los pibes que quieren patear para adelante. Tampoco, por supuesto, se tiene porqué develar la sexualidad que no es delito, empujar del closet a quien no quiere y, menos que menos, confundir la homosexualidad con el abuso, la trata y la pedofilia. El problema no es a quienes se desea (en un país con matrimonio igualitario como emblema de derecho a la diversidad sexual), sino el deseo vulnerado de pibes sin recursos y con el sueño puesto en el arco y no a ser empujados a proveer –sin consentimiento- deseos ajenos logrados a base de poder.
En Estados Unidos, el actor Anthony Rapp, denunció, en octubre del 2017 —después de la puerta abierta del #MeToo tras la denuncia por abusos a actrices, por parte del productor Harvey Weinstein— que, a los 14 años, en 1986, fue acosado en una fiesta por Kevin Spacey. El protagonista de House of cardsredactó un comunicado en donde pedía perdón, decía que había estado alcoholizado y contaba que ahora había decidido vivir como un hombre gay. Pero el comunicado fue peor.
Justamente, porque salir del closet no tiene nada que ver con una denuncia de abuso. Ser gay, bisexual o heterosexual son formas del deseo, nunca del abuso. Los varones abusadores se aprovechan de sus privilegios y de la vulnerabilidad de las víctimas. Porque tienen plata, poder, fama, edad, contactos, conocidos y recursos. Y porque los pibes son chicos, tienen miedo, están amenazados, se sienten acorralados. La diferencia no es el gusto, es el poder.
Spacey fue corrido de la serie que bien podría haber contado como una operación los abusos en Independiente. En Machowood, en cambio, los acosadores se invitan a la mesa. El machismo en el futbol no es nuevo. Héctor “Bambino” Veira, condenado por intento de violación (por el que estuvo preso un año en la cárcel de Devoto), el 17 de octubre de 1987, contra Práxedes Candelmo Correa, se instaló como un emblema heroico del machismo del futbol al punto que compartió la marquesina de Buenos Muchachos con Beto Casella, Cacho Castaña y Guillermo Cóppola (quedan los videos en youtube resaltando sus divertidas anécdotas en cabarets). Cóppola también fue invitado a lo de Mirtha, pero se levantó de la mesa quejándose por hablar poco y asegurando que nunca supo nada de abuso sexual en el fútbol ni redes de explotación sexual.
El efecto Natacha Jaitt impactó porqué dijo en la tele lo que ya se decía en redes sociales. Es decir: el escándalo no es el abuso sino porque la dejaron decir lo que djio. Ignacio Viale, nieto y productor de Mirtha Legrand, pidió perdón por llevar a Natacha a la mesa de Mirtha. Y dijo en el programa de Jorge Lanata (que ilustraba con pebetes las notas del diario Crítica sobre el abuso de Julio Grassi en la Fundación Felices los Niños): “No avalamos absolutamente nada, pero asumo el error. Hoy, con el diario del lunes te digo que es un error”.
“No confundirse: la aparición de Natacha Jaitt no perjudica a los verdaderos responsables. Los beneficia, como beneficia siempre la trivialización”, alertó el periodista Franco Torchia en Twitter. “Cuando se quiere ensuciar a un sacerdote siempre se recurre a acusaciones de tipo económico o sexual”, se defendió Grassi, en 2002, en el programa de Mariano Grondona cuando ordenaron su detención. Un coro de periodistas del star system conservador lo defendió públicamente de la investigación que comandó Miriam Lewin en Telenoche. El 21 de marzo del 2017, la Corte Suprema de Justicia de la Nación confirmó la condena a quince años de prisión a Grassi por abuso sexual agravado a chicos que estaban a su cargo.
Hoy se corre riesgo que, al igual que cuando se entorpece una investigación para poder objetar la legalidad de los procedimientos utilizados, el barro mediático sea una de las formas de silenciar y dejar desblindada una investigación que tiene que sortear los aprietes políticos, mediáticos y empresarios que siempre existieron en la impunidad de la explotación y el abuso sexual. En 39 de 40 casos revelados por la revista Hamartia los imputados por abuso sexual obtuvieron lo que buscaban con un team de abogados cubriendo sus espaldas: el sobreseimiento. “Esto pasa porque la justicia está más preocupada por reproducir la pedofilia que por extinguirla”, concluye el informe.
El machismo nunca ayudó a los varones desclasados de la masculindad hegemónica. El feminismo sí. El 99% de los abusos sexuales denunciados son cometidos por varones y el 1% por mujeres, según datos del Observatorio de Violencia de Género de la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires, a partir de la información de la Superintendencia de Políticas de Género del Ministerio de Seguridad bonaerense, del 2016, que contabilizó 6443 varones denunciados y 169 mujeres denunciadas. Los varones también son víctimas. Nunca en la misma medida que las mujeres que sufren el abuso en ocho de cada diez casos. Pero, como se devela en el caso de Independiente, sufren abusos. Un 13% de los sometidos a violencia sexual son chicos: un 12% menores de edad y 1% mayores. La abrumadora diferencia entre sub 18 (817 pibes abusados solo en el 2016 en la Provincia de Buenos Aires registrados oficialmente) y mayores (106) muestra que se tiene que estimular a los hombres para que puedan animarse a denunciar si sufren violaciones o son obligados –en la cárcel, las comisarías, los clubes, la familia y la calle- y que, también, los más chicos son los que más sufren la prepoteada de quienes usan el poder del cuerpo, la jerarquía, el uniforme, la puerta de entrada a pases o trabajo para hacer del sexo un territorio del desterrado de placer y consentimiento.
La denuncia sobre los clubes rompe un silencio histórico que va desde el machismo cantado como si el odio fuera folclore al encubrimiento de la violencia sexual. Rompe los famosos códigos. El futbolgate muestra que los clubes fueron, al menos, permeables al abuso de jugadores. Y que no se trata de una casualidad permanente, sino del machismo feroz que se cobra los cuerpos de las mujeres sí, pero también de los pibes más vulnerables.
En la Villa 31 Mónica Santino ganó la cancha para las pibas que reconocen en el peloteo la fuerza para correrse de la violencia machista. El fútbol puede ser solución para el abuso, pero si se cambia de arco. “Los chicos sufren desarraigo. Están vulnerables a cualquier situación y lejos de sus lugares de origen y familias. Con el sueño de llegar a primera viven las primeras instancias de ser mercancía en la industria del futbol”, describe Santino, Directora Técnica, de “La Nuestra”, futbol feminista.
El avance del feminismo, las consignas de Ni Una Menos, No Nos Callamos Más, Mi Primer Abuso, MeToo y Time´s Up quisieron ser forzadas -por una confrontación mal entendida como guerra de los sexos- como un jaque a los varones. De los varones no, de los abusadores sí. El Machowood local está en las casas, la televisión, el rock y las canchas (entre muchos otros lugares) y el machismo perjudica, también, a los varones porque implica un abuso de poder en las que los pibes más vulnerables son jaqueados por el machismo. En cambio, el avance del movimiento de mujeres y el freno al acoso, ayudan a liberar a los varones de situaciones de acoso, violencia, extorsión y coerción que recaen sobre los más chicos.
La causa de Independiente muestra que #NoesNo es también un grito de los pibes contra varones poderosos. Un grito más silenciado porque se juega con el estigma de la masculinidad herida, incluso, en el sometimiento a víctimas de violencia institucional y del sexo oral a punta de gatillo (nada fácil). Pero de eso, de los varones lastimados y sometidos, se habla menos. Hasta ahora. El machismo nunca ayudó a los varones más endebles. El feminismo sí.
“Los efectos de la violencia sexual hacia los varones se ven como sentimientos de exclusión, vergüenza, culpa, humillación y también de soledad. La posibilidad de romper con el silencio impuesto por los victimarios es más limitada que en las mujeres ya que la condición de varón, desde una ideología patriarcal, se refuerza el estereotipo de la fortaleza y hombría. El feminismo abre para estos varones la enorme posibilidad de entender que el patriarcado les afecta y mucho. Porque los abusos sufridos por niños, jóvenes y adultos forman parte de la maquinaria de opresión y dominación machista”, delimita la psicóloga Patricia Gordon, Presidenta de la Ong EnRed contra la violencia sexual.
Enrique Stola es el psiquiatra que escuchó, creyó y defendió a los chicos que denunciaron a Grassi. Él remarca los efectos del abuso sobre los varones: “Es frecuente que muchos de ellos en una crisis sobre su identidad sexual, creyendo que por ser abusados se salen de la norma, pasan a ser homosexuales o que corren el riesgo de convertirse en abusadores. Estas creencias si no son trabajadas terapéuticamente les producen miedos, sufrimiento y muchos trastornos en la vida cotidiana”.
La investigación está caratulada como abuso sexual. Sin embargo, una alta fuente judicial sostiene que debería dar un giro. “El caso de Independiente es trata. Hay captación, traslado, explotación y como agravantes la situación de vulnerabilidad de los chicos, el número de víctimas, el número de miembros que participaron y el abuso de autoridad por el cargo que ocupaba el que los llevaba. Más allá que un chico de 19 años que es señalado como ‘facilitador’ y que seguramente fue víctima”, enumera un experto en causas de trata.
La lucha contra la trata está en un momento de subibaja en la Argentina. El Programa Nacional de Rescate y Acompañamiento a las Personas Damnificadas por el Delito de Trata, del Ministerio de Justicia de la Nación, muestra que entre abril del 2008 y el 31 de diciembre del 2017, se rescataron a 11.583 víctimas (entre trata laboral y sexual). Pero desde el 2008 (que se aprueba la Ley 26.364 de Prevención y Sanción de la de Trata de Personas y asistencia a las víctimas, impulsada por el caso de Marita Verón) siempre se había aumentado la cantidad de rescates hasta el 2016 en donde se produjo una baja drástica. En 2008 se arrancó con 169 rescates y en el 2015 (último año del gobierno kirchnerista) se llegó a 2.110 rescates. En la gestión macrista se bajó a 666 casos en el primer año del gobierno. No hay una explicación monocausal: la justicia federal, ocupada en otros expedientes; jueces y fiscales con la vista puesta en la trata laboral; y un declive de investigacionessobre prostitución sexual. En el 2017 la cifra repuntó a 1.200 rescates, el doble que en 2016, pero la mitad que en 2015.
El 46% de las personas rescatadas en nueve años era víctima de explotación sexual. Pero entre las 5.396 personas la mayoría son mujeres y trans. La problemática de los varones explotados está mucho más invisibilizada y es la primera vez que sale a la luz una red de abuso de varones en donde el fútbol es una usina de cuerpos tomados como mercadería. En 2017, por ejemplo, no hubo ningún varón rescatado como víctima de explotación sexual entre las 423 mujeres y trans incorporadxs en el Programa de Rescate a las Personas Damnificadas por el Delito de Trata. Existe un antecedente similar al de Independiente pero en un club del ascenso y el caso fue caratulado como “trata”. En cambio, existen muchos más casos donde se han identificado a los hombres como partes de redes de explotación en cosechas y talleres clandestinos (frente a los que también hay un retroceso en la acción estatal para no permitir condiciones de esclavitud) e, incluso, como soldaditos de redes narcos en Rosario. Pero la mecha de Independiente muestra que los pibes también pueden ser forzados a la explotación sexual.
Viviana Caminos fue Directora del Programa de Rescate y Acompañamiento a Personas Damnificadas por el Delito de Trata, del Ministerio de Justicia de la Provincia de Buenos Aires. Ella también sostiene que los abusos en Independiente se tienen que investigar como trata: “El reclutamiento mediante aprovechamiento de situación de vulnerabilidad (edad, condición socio-económica, lejanía de sus familias, inmadurez sexual) se produce en Buenos Aires, hay manipulación, hay traslado de la pensión a un departamento privado, hay recepción y acogida, es inverosímil que quienes actuaron de intermediarios lo hayan hecho sin fines de lucro y no hace falta que sea una organización para constituir trata”.
* Es periodista especializada en género. Trabaja en Las/12, de Página 12.
Fuente: Revista Anfibia