Revocaron la prisión domiciliaria al genocida Etchecolatz

El represor condenado en seis causas por delitos de lesa humanidad volverá a cumplir prisión efectiva en cárcel común. El fallo lo dictó la Sala IV de la Cámara Federal de Casación Penal. El beneficio le fue otorgado el 27 de diciembre pasado.

Pasaron 79 días de la decisión de los jueces José Martínez Sobrino, Julio Panelo y Fernando Canero, del Tribunal Oral Federal 6, quienes definieron el privilegio de prisión domiciliaria al represor Miguel Etchecolatz, condenado en seis causas de delitos de lesa humanidad. Este viernes, la Sala IV de la Cámara Federal de Casación Penal revocó aquélla decisión del 27 diciembre de 2017 y devolvió al genocida a la cárcel común y prisión efectiva.

El fallo, que fue emitido con disidencias, contó con el voto de los jueces Mariano Borinsky y Gustavo Hornos y con la negativa de Juan Carlos Gemignani. Los primeros dos argumentaron sobre la capacidad del represor, con los cuidados de salud necesarios, de permanecer en un establecimiento carcelario durante el cumplimiento de su condena, mientras que Gemignani apeló a los tratados internacionales respecto a la salud del condenado.

En contexto

Entre los hechos por los cuales fue condenado Etchecolatz figura La Noche de los Lapices, el secuestro de estudiantes secundarios platenses en septiembre de 1976, así como las vejaciones masivas cometidas en el llamado Circuito Camps y en el campo de concentración de La Cacha. También se lo responsabiliza por el operativo en el que murió la hija de Chicha Mariani y en el que desapareció la nieta de la fundadora de Abuelas de Plaza de Mayo. Y sobre él se ciernen las sospechas respecto de la desaparición de Jorge Julio López el 18 de septiembre de 2006. López, sobreviviente de la represión en dictadura, fue el testigo clave en el primer juicio en el que Etchecolatz fue condenado a perpetua.

En marzo de 1976 se convirtió en el Director General de Investigaciones de la Policía bonaerense hasta enero de 1979. Desde 1975 esta fuerza de Seguridad, como las otras, pasaron a estar bajo las órdenes del Primer Cuerpo del Ejército. Desde sus oficinas diseñó y organizó los grupos de tareas encargados de secuestrar y torturar a miles de trabajadores y estudiantes en el famoso Circuito Camps, formado por 29 centros clandestinos de detención y distribuidos en 9 partidos de la provincia. El centro administrativo y logístico del aceitado circuito represivo era la Brigada de Investigaciones más conocida como “la casita” o “la central”. Para los detenidos que pasaron por ahí era un lugar de paso. Estaban dos o tres días y luego los trasladaban a los diferentes campos clandestinos de detención de la provincia como el siniestro Destacamento de Arana, conocido por torturar brutalmente a los detenidos y quemar los cuerpos; la Comisaría 5ta de La Plata a donde iban a parar los “blanqueados” como presos políticos, o Puesto Vasco (Quilmes) que era frecuentado por los altos mandos policiales. No caben dudas de que fue un plan sistemático de exterminio perpetrado por el Estado y los sectores que éste defiende desde siempre. Abundan los testimonios que afirman haber visto al siniestro comisario merodeando los pasillos de los CCD, participando de las torturas y de las detenciones junto a comandos operativos.

Uno de estos comandos fue el que secuestró violentamente de sus casas a estudiantes secundarios de entre 14 y 17 años en la recordada “Noche de los Lápices” porque militaban en sus colegios y luchaban por el boleto estudiantil gratuito. Seis de ellos permanecen desaparecidos. El operativo fue coordinado por la Jefatura de la Policía, es decir por Etchecolatz, y por el Batallón de Inteligencia 601; tenían entre 14 y 17 años. Ese 16 de septiembre de 1976, lo que para las fuerzas represivas fue un operativo de rutina se terminó convirtiendo en un día de lucha y movilización del movimiento estudiantil argentino. No hay que olvidarse tampoco que el ex policía represor conoce hasta el día de hoy la suerte de Clara Anahí Mariani, hija de Diana Teruggi y Daniel Mariani, quién fuera secuestrada de su hogar durante un operativo en La Plata en noviembre de 1976 en el asesinaron a su madre. Hasta el día de hoy no dio ningún tipo de información al respecto aunque declaró en 2011 que tenía datos sobre su paradero.

Etchecolatz se jubiló en 1979 y trabajó durante algunos años como seguridad de Bunge y Born según afirmó su hija Mariana, quién hace pocos meses reflejó en una entrevista el calvario que vivió con su padre genocida. Si bien había sido juzgado con la vuelta de la democracia a 23 años de prisión, la sentencia fue anulada porque se aplicó la Ley de Obediencia Debida. La primera condena a perpetua efectiva la recibió el día que Julio López desapareció.

Como si la impunidad no fuera más obvia, el Poder Judicial lo había mandado al Bosque Peralta Ramos, un barrio de Mar del Plata que rápidamente se comenzó a autoconvocar para escrachar y visibilizar la situación de privilegio del genocida condenado. Hoy Etchocolatz vuelve a la cárcel, que nunca debió haber dejado.

Fuente: La Izquierda Diario, Página 12 y Agenda Abierta