Aunque el intendente no lo quiera reconocer públicamente, el Municipio de Paraná pide que se revea el trazado por “el impacto negativo que todas las alternativas proyectadas acarrearían a nuestra ciudad”.
Por Pablo Urrutia.
El puente Paraná – Santa Fe, lejos de ser una realidad cercana, entró en una controversia a partir de conocerse modificaciones en la ubicación de la cabecera correspondiente a la costa entrerriana que hace pensar en una dilación aún mayor de su concreción.
Como dimos cuenta desde Agenda Abierta, la Dirección Nacional de Vías Navegables emitió a fines del año pasado un dictamen que obligó a revisar y modificar la traza original planteada en el anteproyecto en que se basaron los anuncios que se sucedieron desde octubre de 2016 hasta hace poco. Llamativamente, el intendente de Paraná, Sergio Varisco, negó en recientes declaraciones a los medios de comunicación que se haya modificado la traza del puente. “Hay muchas alternativas, y la que es técnicamente viable puede llegar a afectar al barrio y zonas lindantes. Pero no es que había una traza y se la cambió”, dijo concretamente. Sin embargo, dos notas presentadas por el Municipio ante Vialidad Nacional y el Ministerio de Transporte de la Nación, a las que tuvo acceso Agenda Abierta, plantean estrictamente lo contrario.
Las notas, de idéntico contenido, no hablan de otra cosa que de la modificación de la traza. Y el impacto en la Toma Vieja y los barrios aledaños, que el intendente expresó como una posibilidad ante los medios de comunicación, se manifiesta como un hecho consumado. Los textos hablan de expropiaciones, daño del patrimonio cultural y ambiental y resistencia de parte de los vecinos. Entonces, Sergio Varisco desconoce el contenido de las misivas, cosa que resulta inverosímil ya que él mismo viajó a Buenos Aires para hacer entrega de las mismas; o trata de amortiguar el impacto social de una novedad que ya corrió como reguero de pólvora entre los vecinos de la zona y hecha por tierra un anuncio que tiene más gastos de propaganda que fondos para su realización.
“Hay muchas alternativas”, expresa el textual de las declaraciones de Varisco publicadas por el portal de noticias Ahora. No, no son muchas, son tres y sus trazas ya fueron publicadas en esta página en nota anterior. De hecho, es lo que reconocen las notas que el intendente presentó a Iguacel y Dietrich. “Las variantes, a nivel de anteproyecto, son tres”, dicen claramente, y más adelante: “…las trazas analizadas se superponen inconvenientemente con el predio de la ‘Toma Vieja’ o con el barrio adyacente de idéntica nominación, que constituye una zona de urbanizaciones consolidadas de características ‘residenciales’. O con ambas”. Es difícil derivar interpretaciones ambiguas de afirmaciones tan taxativas. Pero, por si quedara algún resquicio de duda, luego de plantear las inconveniencias de las modificaciones propuestas por la consultora privada a Vialidad Nacional, motivadas en el dictamen de Vías Navegables, la nota de Varisco acerca una solución que evitaría “el impacto negativo que todas las alternativas proyectadas acarrearían a nuestra ciudad”. Por ello «se solicita que se contemplen los extremos indicados y se considere la posibilidad de retrotraer el anteproyecto a la traza original (Traza 3), para desde allí diseñar un enlace vial que sortee los problemas expuestos”.
Cabe preguntarse entonces, si no había “una traza y se la cambió”, como aseguró el mandatario local, por qué la propuesta ante nación consiste justamente en retrotraerse a la traza original. La respuesta, a esta altura, resulta obvia, pero deja mal parado a Varisco.
Se sabe de las dificultades de la gestión Cambiemos en Paraná a la hora de comunicar, pero también la afirmación del Jefe Comunal de que aquí no se cambió ninguna traza, puede basarse en su optimismo en que la propuesta que llevó a Buenos Aires y las objeciones a las trazas alternativas del puente, den el resultado esperado, a pesar del intento nacional de ahorrar hasta el últimos centavo, acortando cada vez más la el recorrido y el tamaño del puente.
Y en este punto resulta conveniente considerar una cuestión fundamental y determinante de la obra, para poner en contexto la incidencia que puede tener la opinión municipal sobre la decisión política del Gobierno nacional respecto a la ubicación del puente: el enlace Paraná – Santa Fe, desde sus inicios, fue proyectado como parte de la ruta del Mercosur integrado al Corredor Bioceánico; es decir, es un puente para transporte de carga. De hecho, en un principio, el proyecto incluía un paso ferroviario, como los que conforman la mayoría de los puentes destinados al transporte de carga, aunque luego fue inexplicablemente desechado (¿otra vez por una cuestión de costos?). Pero el destino de la obra no ha variado. No se trata de una alternativa al Túnel Subfluvial para cruzar hasta Santa Fe los domingos, sino más bien lo contrario. Incluso, en un futuro cada vez más lejano, con el puente ya funcionando, se prohibirá el paso del transporte de carga por el túnel. La imprescindible obra complementaria de la circunvalación de la ciudad, también explica ese sentido de la mega obra.
Considerar este aspecto es de gran importancia para establecer la relación costos –ambiental, social, económico–, y beneficios que la obra acarreará a los ciudadanos de Paraná, del modo más ajustado posible.
Por último, en las notas presentadas, el Municipio de Paraná le recuerda la predisposición del gobierno nacional a atender las demandas del gobierno santafecino, esperando que tengan los mismos gestos hacia ésta margen del río.