La primera conferencia de prensa del presidente Macri, luego de su viaje por Europa, precedida de unas extensas vacaciones en Villa la Angostura que enchincharon a Mirta, fue para anunciar una medida destinada a revertir la caída de la imagen del Gobierno.
Por Pablo Urrutia.
No el acuerdo UE – Mercosur, que recibió cierto desaire de Macrón, quien no fue, como corresponde en las colonias, muy condescendiente con sus descendientes; tampoco grandes inversiones surgidas de la performance presidencial en Davos; ni siquiera la reapertura o ampliación de antiguos mercados, hoy amarretes a la hora de comprar afuera, es decir, acá. Macri, utilizó la cadena oficialista para anunciar un decreto, que aún no firmó, y tiene por único objetivo remontar el descenso de alrededor de 10 puntos en la imagen positiva de su gobierno, acumulados en tan sólo dos meses.
En medio de una nueva ola de despidos en el Estado, que tiene su correlato en el sector privado, y las pretensiones de eliminar las negociaciones paritarias, el titular del Ejecutivo nacional comunicó que achicará la planta de cargos Ejecutivos en un 25 por ciento. Paradójicamente, es el porcentaje en que la incrementó la gestión que encabeza. Congelará por este año el salario de ministros, secretarios y subsecretarios del Estado nacional. Sueldos cuyo promedio mensual es superior a los 100 mil pesos. Y prohibirá que los funcionarios contraten a sus familiares, algo que hasta el momento venían haciendo a discreción, que no es lo mismo que discretamente. La medida, obviamente, porque sino no tiene chiste, será retroactiva. Es decir, Patricia Bullrich tendrá que despedir a buena parte de su familia y bancarse las caras de culo en los almuerzos del domingo, al igual que Esteban; el ministro Frigerio tendrá que gestionarle a su esposa un puesto en algún banco privado amigo, al igual que Jorge Triaca, y así un montón, porque son un montón.
El DNU presidencial tendrá un efecto nulo en el rumbo de la economía, la caída del consumo interno, la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores, el aumento de la pobreza y la desigualdad social, el crecimiento exponencial del endeudamiento externo, los corcoveos del dólar y la inflación. Tampoco busca tenerlo, claro, pero si se contempla que es prácticamente la primera cadena oficialista que el presidente da en el año, aclara prioridades, y detrás de cada prioridad hay una preocupación, es decir, un problema. El DNU que anunció Mauricio Macri podría bautizarse Ley Triaca. Surge al calor de los cascotazos que por estos días recibe el rancho del sonriente Ministro de Trabajo que, en el colmo de los colmos, tenía (por lo menos) una empleada en negro. La querida Sandra que, como dice la humorada que circuló en las redes sociales, le armó más quilombo al Gobierno en un día que la CGT en dos años. Los chistes siempre entrañan alguna verdad. Aunque vale decir, la central obrera es la que terminó impidiendo el avance de la reforma laboral en el Congreso cuando legisladores consagrados desde la oposición ya se preparaban para levantar la mano a favor del oficialismo.
Amén de Rossi, Moreau y Cristina, la resistencia al proyecto de gobierno de Cambiemos, está afuera y no dentro del Congreso, más allá de la plaza del hombre mortero.
La encuesta permanente de Cambiemos dio entre 8 y 10 puntos abajo y esa diferencia se puede bancar si se trata de la relación sueldo inflación, pero si es imagen de gobierno, hay que actuar. La reforma previsional fue un duro golpe, el primero, pero el impacto fue repartido con los gobernadores de la oposición que firmaron el acuerdo fiscal; mandar a la concha de su hermana a Sandra, fue un error no forzado, y sus efectos no se reparten, sino que se suman al tropezón que causó el primer cascotazo. No parece ser una situación para encender las alarmas, pero si de algo sabe Cambiemos es de márquetin y psicología conductista. Arrancar un año que será tormentoso tocando el piso del 40% de aprobación, no es un buen hándicap pensando en 2019. Y para eso están los DNU, o no?
Y será nulo también en cuanto a los presuntos damnificados. A saber: los ministros no podrán contratar familiares directos, parejas y amigos, los suyos propios, no los de los otros ministros. Un enroque de parientes y amigos entre ministros, y acá no ha pasado nada. La severa medida presidencial no logrará privarnos de los valiosos colaboradores en cuestión. El congelamiento de salarios para los cargos políticos, ahorro insignificante para las arcas del Estado, con buenos asesores y una Laura Alonso siempre dispuesta a dar consejos, sólo lo sufrirá el recibo de sueldo, más no el bolsillo. De este modo, si el anuncio causa el efecto deseado en la gente a la cual va dirigido (recuperar la transparencia perdida, blindar al gobierno ante la segunda oleada de despidos masivos), es todo ganancia, y si no, poco y nada más de lo ya perdido se pierde.
La reforma previsional logró acercar las distancias en el archipiélago opositor y generar cierta zozobra en los sectores fronterizos del electorado de Cambiemos; haber negreado a Sandra y conseguirle un contrato en una obra social intervenida para pagarle sus servicios y, principalmente, que eso salga a la luz, impactó de lleno en el núcleo duro del apoyo al Gobierno nacional. Para colmo, la intervención que debía ser un ejemplo de transparencia y un logro de la habilidad política de Jorge Triaca, fue un fiasco.
El DNU que el presidente Macri anunció que firmará, intenta remontar la cuesta cuando parece que empieza a terminarse la fiesta. La caída de la imagen del Gobierno, no debilita a Cambiemos, pero puede ser esa herida que empieza a abrirse, aunque los encuestadores y analistas siempre oficialistas aseguran que nadie abreva en esa sangría, por ahora.