Keili González: «Como duele este Nogoyá»

La activista feminista reflexionó sobre la construcción de su infancia y adolescencia, sobre el rol de los medios de comunicación y sobre las violencias cotidianas hacia las personas trans.

 

La Marcha del Orgullo Disidente marcó un nuevo hecho político en las calles. La identidad de género, la orientación sexual, las libertades de las sexualidades y los derechos humanos atravesaron a la capital entrerriana con distintas consignas colectivas. Una pared pintada fue el disparador de odio y discriminación hacia Keili González, una activista feminista de la localidad de Nogoyá. Su lucha refleja la resistencia a las violencias cotidianas, del Estado y de un sector retrógrado de la sociedad. En su facebook, la militante de la disidencia sexual se refirió a su ciudad, a su infancia, su adolescencia, su vida cotidiana, para reflejar desde su subjetividad la situación de exclusión que vivencia las personas trans.

El escrito de Keili:

Tras mis denuncias a los medios reproductores de mensajes de odio, que instaron a la violencia sobre mi corporalidad, no me callo más. A esta sociedad, a la que le genera pánico moral mi identidad, que anhela mi despido del trabajo en el cargo que me he ganado, que se esfuerza por someterme al sistema prostibulario, le contesto:

Trabajé, comencé con tan solo 5 años ante la triste realidad de haber nacido en una familia pobre, pero muy pobre. Ante el esfuerzo de un padre macho que se desvivía por llevar un plato de comida a casa y una madre que apelaba a la creatividad en las comidas para que se vea diferente, a pesar de poseer los mismos ingredientes la mayoría de los días.

Laburar no me da escozor, como tampoco parece haberlo sentido una sociedad que no se inquietó porque hubiera un niño laburando en la calle. Para nada me da miedo laburar. De muy niñx solía acompañar a mis primxs en el carro por los negocios para juntar las sobras que alimentaban la olla de nuestra familia. Pasaba horas fuera de algún supermercado por alguna moneda para las golosinas; ni que contarles cuando apenas caía el sol …recorría las calles con mi tío el “Biguá Guzmán” juntando cartones y botellas para luego venderlos y ayudar en casa.

Desde los 5 hasta los 12 años vendí diarios para poder vestirme, comprarme libros y útiles escolares; por los 8 o 9 años una clienta del diario oligarca ganadero – que me lo compraba los fines de semanas- me llamó para que le ayude hacer jardinería y ahí agarré la pala. También limpié casas cuando alguna amistad me llamaba para ayudarme en tiempos de flaquera, siendo tan solo un niño. Sí, un niño señorxs moralistas, porque yo no reniego de lo que fui.

Siendo adolescente, de los 13 a los 16 años, en la llamada transición de mi identidad, me dediqué plenamente al estudio. Terminada la secundaria, para poder hacer mi carrera universitaria, comencé a laburar para bancarme la pensión donde estaba, algún boleto, cuando podía, porque si no viajaba a dedo. No fui de lxs privilegiadxs que disfruta de una familia que puede privilegiar “el estudio”. Algunas de las tantas cosas que hice fue hacer panificaciones para vender; vendía libros y hacía promociones; actividad (esta última) que detestaba porque me obligaba a ocultar todos mis rasgos masculinos, solo para agradarle a lxs destinatarixs de los folletos.

Avanzado mis estudios universitarios ingreso a la municipalidad, como pasante, para formar parte del equipo de Prensa y Difusión en la intendencia de Daniel Pavón. Luego paso a formar parte de lxs empleadxs de planta transitoria y cambiada la gestión bajo la administración de Rafael Cavagna, continúo en el mismo espacio.

¿Qué me llevo a laburar a temprana edad?

Por 1999 iniciaba la primaria en la escuela 103, la del barrio Sur. Ver el dolor de mi madre al quebrar un lápiz, al principio de año escolar, porque no tenía para comprarnos a cada unx de lxs hermanxs…Recuerdo muy bien esos lápices, eran de esos amarillos, cuya mina estallaba ante la mínima presión. Además, el deseo de festejar mis 6 años; hasta ese entonces, desconocía lo que era esa celebración, que muchxs chicxs disfrutaban cada año.

¿Te da cosita mi identidad?

Ante la gran incomodidad que genera mi visibilización y exposición, y los interrogantes el de por qué no me mantengo en las sombras como las demás travas, les repregunto: ¿por qué no se interrogan dónde están lxs demás travas?, ¿cuál es su realidad?; si son amadas, contenidas, contempladas, incorporadas. ¿Quiénes son las travestis que viven en Nogoyá? Pregúntense, porque estoy segura que ellas estarían muy contentas de que ustedes se sientan interpeladxs por la realidad que atraviesan a diario.

Los travesticidios y transfemicidios son el último eslabón de una cadena de violencias que sufrimos las personas travestis y trans desde nuestra infancia y adolescencia. Tenemos un promedio de vida de 36 años y eso no parece ser un problema. La sociedad es indiferente, insensible a la cruel realidad que solemos atravesar y el Estado muchas veces no respeta nuestra identidad de género y cuando lo hace, no se tienen en cuenta: la expulsión, la falta de acceso y permanencia a los sistemas y los crímenes de odio, ese odio que usted suele manifestarme en cada posteo en las redes sociales.

Cómo duele este Nogoyá Tras mis denuncias a los medios reproductores de mensajes de odio, que instaron a la violencia…

Publicado por Keili Gonzalez en Viernes, 19 de enero de 2018

¿Por qué denuncio a los medios de comunicación?

Porque como comunicadorxs sociales tenemos una enorme responsabilidad al ser generadores de opiniones. Yo no denuncio a lxs periodistas por hacer su labor, sino por instar a la violencia, algo que esta naturalizado y como sociedad no debemos dejar pasar.

Partir de supuestos y acciones que jamás hice es faltar a la verdad. En la segunda marcha del Orgullo Disidente analizar un hecho desde la moral, es algo inadmisible. No te gustaron mis tetas, todo bien, no te gustaron, pero no podes negarme el derecho hacerlo en ese contexto. Yo no hago las cosas para tu agrado.

Vincularme a las pintadas de la Casa Radical es otro tema que no debo dejar pasar. Como ya aclaré, yo no pinté. Eso tiene una intención y es potenciar ese odio que mi identidad te genera porque no podes problematizar un hecho. ¿Te preguntaste porqué marché en tetas?, ¿Te interpela/te preocupa/te inquieta más una pared que el sufrimiento y las injusticias que sufrimos el colectivo trava trans?

Es hora que los medios de comunicación se preocupen en cómo incluir nuestras voces y miradas, que se interioricen qué es la diversidad sexual; en cómo hacerlo sin estigmatizarnos ni ridiculizarnos.

No quiero más este mundo, quiero una sociedad plural, igualitaria, que nos quiera…

Compañerxs feministas, sigamos, porque sin su amor estoy segura que no estaría de pie.