Gualberto, padre del joven de 27 años, relata la lucha que transita en la búsqueda de la verdad, de juzgar la responsabilidad de la policía provincial, y de visibilizar la inacción judicial.
Daniel Solano, de 27 años, nació en la Comunidad Guaraní Misión Cherenta de Tartagal. Durante el último trimestre de 2011 el joven realizaba su tercera campaña laboral en Lamarque, en Río Negro, en condiciones de esclavitud. Su padre, Gualberto, nunca más lo vio, aunque jamás dejó de buscarlo en estos largos seis años de impunidad. Eso fue el 4 de noviembre, un día antes que la policía lo detuviera a las 3 de la mañana por supuestos disturbios en un boliche. Un detalle trascendental porque significa una desaparición forzada, a manos de las fuerzas de seguridad. Desde ese día, su familia no dejó de denunciar la inacción judicial, la omisión del Estado y la complicidad general para no indagar en los hechos. Cada día que pasa la impunidad lastima más, mientras su comunidad se sigue preguntando ¿Dónde está Daniel Solano?
Mediante una carta escrita a La Garganta Poderosa, Gualberto expresó que él «como los familiares de Luciano, como la madre de Facundo, como el hermano de Santiago» va a golpear «todas las puertas, todas las ventanas y todos los silencios que haga falta, porque mi hijo tampoco se perdió». Detalló que mientras «la familia Lucena despedía a Ismael, asesinado por la Policía de Tucumán, la Policía de Río Negro me arrancaba a Daniel, al arquero de la Liga Tartagalense, al trabajador de la cosecha que reclamaba por sus derechos, al joven de 27 años».
«Sentí acá adentro, en el pecho, cómo se siente la violencia del Estado, cada día que decidí acampar en la puerta del juzgado. Recibí muchas amenazas y perdí a mi madre en medio del dolor, pero no me van a callar, ni van a lograr que deje de buscarlo», afirmó el padre del joven víctima de desaparición forzada. «No voy a parar hasta encontrarlo», destacó.
Sobre el trabajo que su hijo venía realizando, en su tercera temporada, el padre de Daniel describió que era contratado por Agrocosecha, una compañía tercerizada de la multinacional Expofrut, «que nunca le pagó lo acordado y siempre lo mantuvo en condiciones de hacinamiento, durmiendo junto a otros peones adentro de unos canastos. Sí, leyeron bien, adentro de unos canastos». Aclaró que su hijo «jamás renunció a su dignidad, ni aceptó ese nivel de sometimiento. Siempre luchó, protestó, reclamó. Y la empresa lo marcó. De eso mismo estábamos hablando, ese 4 de noviembre de 2011, cuando me dijo ‘me voy a trabajar y vuelvo'». Pero jamás regresó.
Con cada momento compartido intacto en su memoria, Gualberto recordó los hechos, que seis años después no tienen una respuesta oficial, una mínima reparación a la familia de saber dónde está su hijo. «A las 3 de la mañana del día siguiente (5 de noviembre), la Policía lo detuvo por supuestos disturbios en un boliche llamado Macuba, “disturbios” que por supuesto no han podido ser comprobados. Fueron ellos. Lo subieron a un patrullero que nunca llegó a la comisaría y luego a otro auto particular», precisó. Continuó su relato y explicó que todo esto no es según su padre, sino «según los testigos».
«A mi chango lo tiraron en un jagüel, perteneciente a la estancia La Manuela», confirmó el padre del joven. «Dos días después, mientras me decían que no aparecía, viajé de inmediato a Choele Choel, el último lugar donde lo vieron con vida. Ahí, en la chacra donde laburaba, no estaba Daniel, pero estaban sus cosas intactas. Y hasta su documento había dejado», puntualizó.
«Tuvimos que luchar mucho, como luchaba él. Y recién hace unos días, después de reclamar dos años, nos aprobaron judicialmente la posibilidad de bajar a ese pozo», exclamó sobre la resistencia en soledad para conocer la verdad. «Sin embargo, para poder descender se necesita plata y ni el Gobierno provincial, ni el nacional, ni la Justicia, quieren “invertir” esos fondos. Sí, otra vez leyeron bien, parece que “sale caro”. Pues nosotros ya pagamos el precio más alto. Y por eso ahora, más allá de las dificultades, necesitamos gritar con ustedes y con todas nuestras gargantas para poder descender antes de diciembre», exigió. «Ya no podemos soportar otro año de impunidad», advirtió.
«Poco tiempo después, en febrero, llegará finalmente la hora del juicio, donde daremos la batalla más dura para que pueda descansar en paz, en su tierra, en su comunidad. Porque yo no tengo dudas que serán castigados por la justicia divina, a la hora de la sentencia final. Pero voy a pelear el resto de mi vida, para que los castigue la justicia terrenal», finalizó Gualberto.