Los represores Acosta, Astíz, Scacchi, Arrú, Azic, Cavallo y otros 23 genocidas fueron sentenciados por la máxima pena. Hubo 19 condenas más. El debate oral y público duró cinco años con 410 audiencias. Murieron 11 de los 65 imputados.

Se conoció el fallo de la histórica causa ESMA III, el proceso más prolongado en la historia del sistema penal argentino, cuyo debate oral y público tomó cinco años con 410 audiencias por delitos de lesa humanidad en el juicio, en los que fallecieron 11 de los 65 imputados originalmente y tres fueron apartados por razones de salud. Este juicio arrancó en 2012 y se analizaron 789 delitos de lesa humanidad, entre ellos varios casos referidos a los denominados vuelos de la muerte. Se condenó a prisión perpetua a 29 integrantes de la patota que transformó a la Escuela de Mecánica de la Armada en un centro clandestino de detención. Otros 19 recibieron condenas de 8 a 25 años y 6 fueron absueltos.
El Tribunal Oral Federal Número 5 condenó a prisión perpetua al genocida Jorge “Tigre” Acosta, el ex jefe de inteligencia de la Unidad de Tareas 3.3.2 de la ESMA, por privación de la libertad “doblemente agravada” por haber sido cometida sobre perseguidos políticos y por su condición de funcionario público en 125 hechos. El «dedo de Dios», como se hacía llamar el entonces capitán decidía sobre la vida y la muerte de sus prisioneros en el centro de detención clandestino de la Escuela de Mecánica de la Armada.
En tanto, el represor Alfredo Astíz, también fue condenado a prisión perpetua. Los jueces sentenciaron que fue culpable de homicidio triplemente agravado por alevosía y premeditado en más de dos casos, siendo funcionario publico, y por privación con violencia y que duro más de un mes en 153 hechos. Al ex capitán de fragata, responsable de infiltrarse en la Iglesia Santa Cruz para secuestrar a las monjas francesas Alice Domon y Leonnie Duquet y a las principales referentes de las primeras Madres de Plaza de Mayo, entre otros delitos lo condenaron además por haber ocultado la identidad de menores de edad en otros 12 casos.
Los otros cuatro condenados a prisión perpetua fueron Randolfo Agusti Scacchi, el ex jefe naval acusado de alrededor de tres centenares de delitos de lesa humanidad; Mario Daniel Arrú, expiloto de la Prefectura encargado de realizar los «vuelos de la muerte»; Juan Antonio Azic, el represor sentenciado por la apropiación de la actual diputada Victoria Donda y el militar Ricardo Miguel Cavallo, condenado por secuestro, tortura y desaparición de 89 víctimas. También fueron condenados Carlos Octavio Capdevilla, condenado 15 años de prisión; Juan Arturo Alomar, condenado a 13 años de prisión por mayoría; Daniel Humberto Baucero, condenado a 10 años de prisión; Julio César Binotti, condenado 8 años de prisión; y Paulino Oscar Altamira, condenado 8 años y 6 meses de prisión.
Por otro lado, el tribunal decidió absolver a Juan Alemann, uno de los dos civiles acusados en este juicio, ex asistente del entonces ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz, quien había sido acusado de haber presenciado y encubierto crímenes en la Esma cuando era secretario de Hacienda. Alemann entró en la ESMA en 1980 para «ver» a Orlando Ruiz, un joven militante de Montoneros, secuestrado el 4 de junio de 1980, con su esposa Silvia Beatriz María Dameri, embarazada, y sus dos hijos menores, María de las Victorias y Marcelo Mariano.
Se trata de la tercera edición del juicio por la ESMA, ya que el primer juicio no llegó a su fin debido a que el único imputado, Héctor Febres, murió antes de conocerse la sentencia, en 2007, y el segundo juicio finalizó el 26 de octubre de 2011 con 16 condenas a prisión perpetua, penas entre 18 y 25 años y dos absoluciones.
Es la primera vez que la Justicia de un Estado nacional procesa una causa por crímenes contra la humanidad de tal magnitud y duración, ya que para analizar casos como los genocidios de Ruanda y la ex Yugoslavia se constituyeron tribunales internacionales.
Una de las características del juicio conocido como Esma III, es el hecho de que se sentaron en el banquillo pilotos que participaron de los vuelos de la muerte. La siniestra forma de exterminio, cuya existencia confirmó Adolfo Scillingo en 1995, tuvo hoy condenas en las figuras de dos pilotos.
Se trata de Mario Daniel Arrú y Alejandro Domingo D’Agostino, que recibieron condenas a perpetua. Ambos, junto a Enrique José De Saint Georges, tripularon los aviones desde los que se arrojaban prisioneros de la Armada al Río de la Plata. Los tres eran oficiales de Prefectura y más tarde, Arrú y Saint Georges se incorporaron a Aerolíneas Argentinas. El juez Sergio Torres ordenó el arresto de los tres pilotos en mayo de 2011.
Saint Georges murió en febrero, en las instancias finales del juicio. Los otros dos llegaron a escuchar hoy su sentencia por crímenes de lesa humanidad de hace cuatro décadas: los vuelos de la muerte reciben así su primera condena. El piloto fallecido fue el primero en hablar ante el tribunal, en 2013 y negó las imputaciones.
El Skyvan PA-51 fue el modelo de avión utilizado en los vuelos. La justicia probó que en un modelo así fue que se llevó a las monjas francesas Alice Domon y Leomie Duquet. Fue en un Skyvan donde también se subió a las Madres de Plaza de Mayo secuestradas en el operativo de la iglesia de la Santa Cruz: Azucena Villaflor, Mary Ponce de Bianco y Esther Ballestrino de Careaga el 14 de diciembre de 1977.
Fuente P12