Un disfraz, una foto, una frase. El morbo alrededor de un cuerpo. La frialdad del agua en el alma de una sociedad que se hunde cada vez más entre la diversión por la muerte y el terror de volver a nuestros días más oscuros.
Por Iván Taylor
El agua fría, como un baldazo, nos clava una espina en la espalda. Encontraron un cuerpo en el río Chubut. La sensación nos hiela los pies, las manos, podría ser Santiago.
Hace rato que estamos mirando desde la orilla lxs que bajo la suela llevamos kilómetros de marchas por causas perdidas. Muchos días llevamos, como ochenta, mirando los árboles y las piedras, buscando una huella, una señal, una prenda. Noches y días, observando a todxs, buscando un abrazo aliviador y una respuesta a la pregunta que llevamos en las pecas, en el pelo, en el mate que surca los silencios, en el horizonte, en la foto de ese pibe que podrías ser vos o ella, aquel o yo. Pero ahora es diferente, porque lejos del humo del campamento de la mentira, apartados de las pantallas mediáticas, ladran los perros y en la corrida desesperada, nos caímos todxs al río.
Poco después, nos vemos en un caudaloso curso de agua, todo es como un sueño horrible y dicen que los peritos ya están llevando el cuerpo a la morgue para investigarlo. Tratando de nadar y alcanzar la costa, nos vamos quedando cada vez más quietxs, pareciera que cada momento que pasa nos hundimos un poco más, a pesar de los esfuerzos que hagamos por salir.
En las redes, un pibe disfrazado de Santiago en una fiesta, con un cartel que dice “Acá Estoy”. Nadie parece haberle dicho algo. Miles lo habrán visto y no solo que a nadie le pareció extraño, sino que hay divertidas fotos: “acá está, ¿pensaban que se la iva a perder?” reza un epitafio.
Ni siquiera la organización de la fiesta ha emitido un comunicado al respecto. Nada. Ahora el río es más hondo y el agua nos llega a la cintura.
Nos arrastra agua arriba y agua abajo la corriente y Elisa Carrió dice que nuestros cuerpos después de morir van a mantenerse conservados “como Walt Disney”. Lejos de la tranquilidad, el agua nos llega al pecho.
Las ramas nos golpean, no logramos atrapar una que nos sirva de ancla, que nos ayude a salir. Recordamos cuando nos salpicaban diciendo que por este marchamos, por otrxs no. Pensamos en esos días en que empapados, nos acusaban de politizar una desaparición forzada de persona (sic). Ahora el remanso nos arrastra como un embudo, mientras nos llega al celu la foto de un cuerpo sin rostro, descompuesto.
Debajo del agua, nos falta el aire. La foto se replica y en los últimos suspiros, aguardamos resultados forenses y comunicados de la familia de Santi y de organismos oficiales.
Poco a poco, nos estamos ahogando todos. Quizás nadie sepa qué nos hizo falta como sociedad para dejar de sentir el dolor ajeno, para dejar de pensar en la familia de este pibe. Quizás fue el agua helada, que te insensibiliza. No sabemos.
A lo lejos, algunos alcanzan la superficie, pero en vez de tomar una bocanada de aire, gritan que lo tenían lxs mapuches, que hay que ver qué estaba haciendo ahí, que por algo te pasan las cosas…
La noche nos alcanza completamente sumergidos. Se escuchan los perros. ¿Nos habrán encontrado? ¿Ya es suficiente para sentirnos como Santiago? ¿Hay una forma, en esta espera, de salir de todo esto?