Siete hospitales de primera generación quedaron inconclusos por decisión oficial

Se trata de las obras de complejos asistenciales de alta complejidad casi terminados, donde solo restaba en 2015 el 10% de su finalización. Uno de ellos es el Hospital del Bicentenario de Paraná. Los restantes son de Buenos Aires.

La Fundación «Soberanía Sanitaria» denunció la situación de siete hospitales del Bicentenario, donde la mayoría se encuentran con reducida capacidad de funcionamiento, con obras sin culminar y otros directamente no están atendiendo a la comunidad. El desalentador escenario se transita en un contexto de desfinanciamiento del Estado de áreas y programas, de los despidos en espacios claves, y del avance del Plan Universal de Salud del Ejecutivo nacional.

Los complejos asistenciales de alta complejidad que están funcionando en forma limitada o directamente cerrados son los hospitales del Bicentenario de Esteban Echeverría, Ituzaingó, Escobar –en la provincia de Buenos Aires–, y de Paraná, Entre Ríos. Lo mismo ocurre con los hospitales Samic (Servicio de Atención Médica Integral para la Comunidad) de Cañuelas, Gregorio de Laferrere y Rafael Castillo.

En el informe se subraya que “el valor total de las obras de los Hospitales de Paraná, Esteban Echeverría e Ituzaingó era de 1.445.702.623,31 de pesos, de los cuales 1.214.384.495,04 de pesos ya habían sido abonados en la administración anterior, restando abonar a la gestión de Cambiemos, tan solo 231.318.128,27 pesos (84.770.215,51 pesos corresponden al Hospital de Paraná, 72.492.572,44 pesos al de Esteban Echeverría y 74.055.340,32 pesos al de Ituzaingó)».

El informe de la Fundación se titula “Una manada de Elefantes Blancos”. La denominación hace referencia al edificio de 14 pisos, en Villa Lugano, que iba a ser el hospital público más grande de América Latina. El proyecto se presentó en 1923 por iniciativa del senador socialista Alfredo Palacios. Su construcción como centro para la atención de la tuberculosis comenzó en 1938, pero fue abandonada al poco tiempo. Fue retomada e impulsada durante las dos presidencias de Juan Domingo Perón, pero la obra quedó trunca en forma definitiva luego del golpe de 1955. La estructura del edificio, que sobrevive, quiere ser ahora demolida actualmente a un costo estimado en 130 millones de pesos.

La fundación señala que la construcción de hospitales “se inscribe en las políticas de consolidación del derecho a la salud” porque “es una forma de fortalecer el sistema en su segundo nivel de atención, aquel que debe dar respuesta a los problemas de salud de la población que por su complejidad no pueden resolverse en los centros asistenciales del primer nivel de atención”.

La fundación sostiene que “los recursos físicos en salud y la tecnología médica (centros de salud, clínicas, hospitales, equipos de diagnóstico, etc.), disponibles y accesibles a toda la población, son esenciales para la garantía de la salud como derecho”. Para lograr ese objetivo los hospitales constituyen “un recurso físico de suma importancia para la atención sanitaria” porque “más allá de su alta valoración social” porque su construcción “es parte de la consolidación de la red asistencial que busca dar respuesta efectiva e integral a los problemas de salud-enfermedad” más complejos.

Esos hospitales generales Del Bicentenario fueron proyectados para que contaran con “terapia intensiva, terapia intermedia, quirófanos, consultorios de urgencia y emergencias, shock room, internación (organizada por cuidados progresivos), consultorios externos, hemoterapia y aulas para docencia”. En su planificación original “contaban con tecnología para el diagnóstico que incluía: tomógrafos, rayos, mamógrafos, ecógrafos y laboratorios equipados”. Por su parte, los centros de alta complejidad “tomaron como ejemplo el modelo de fortalecimiento de los recursos humanos, tecnológicos y económicos aplicados en el Hospital Garrahan y el Hospital de Alta Complejidad El Cruce ‘Néstor Kirchner’, en Florencio Varela, con la implementación exitosa de tecnología avanzada”.

El modelo de gestión elegido para los nuevos hospitales fue el Samic. La característica central es la articulación de su actividad asistencial con los sistemas locales de salud y el mantenimiento de su autarquía financiera y organizativa. La administración y el financiamiento son de tipo mixto, con la participación, según cada caso, del Estado nacional, las provincias y los municipios. Cada uno de estos hospitales atendía “alguna demanda particular de la zona o del sistema de salud”.

El Hospital de Cuenca Alta, en Cañuelas, por ejemplo, fue planificado “para funcionar como referencia nacional en toxicología, en colaboración con la Autoridad de la Cuenca Matanza-Riachuelo (Acumar) en la resolución de los casos de intoxicación de la población generados por la contaminación de la cuenca”. Su área de influencia incluye siete municipios, con una población aproximada de 500 mil personas. En algunos casos, como en Paraná, “se pusieron en funcionamiento los consultorios externos, camas de internación, vacunatorios, el área de diagnóstico por imágenes y los laboratorios”, lo que demuestra “el estado de avance de las obras que, en la mayoría de los casos, se acercaba al 90 por ciento de ejecución”, explica la fundación.

Fuente: Página 12