Nélida Beatriz Obispo de Tomasi es una mujer, madre y luchadora que reside en Basavilbaso. A sus 82 años es el abrazo cotidiano que sostiene a Fabián, una voz que sigue resistiendo las consecuencias de los agrotóxicos.
Bety, como la conocen en Basavilbaso, departamento Uruguay, es un ejemplo colectivo de mujeres, madres, abuelas y luchadoras. Atravesada por la historia de sus dos hijos, entre injusticias estructurales y violación de derechos, es el soporte de Fabián Tomasi, una historia condicionada por los agrotóxicos. Él escribió en su facebook un texto por el día de la madre, palabras colectivas que nos detallan sus vidas cotidianas, que cuentan el sufrimiento y la lucha pero también el amor cosechado.
«Esta es la Bety Obispo de Tomasi. Mujer entera si las hay. 82 años ya, con la pata ulcerada y aguantando», presenta Fabián a su madre, su soporte diario junto a su hija Nadia. «Como ninguno de nosotros, ella no estaba preparada para una vida tan “especial”. Nadie se prepara para eso. Y yo todavía le veo la mirada de quien no entiende bien como pasó lo que pasó», detalla Tomasi.
«Algo que siempre pienso es que, nosotros no sabemos lo fuerte que somos y por eso muchas veces nos entregamos mansitos a que nos den migajas», reflexiona Fabián, en perspectiva de los años y las experiencias vivenciadas.
«Mi hermano Roberto tuvo un accidente absurdo cuando ya volvía de la conscripción, cuando lo del Beagle (el conflicto del canal). Alguien, Roberto, de quien un día voy a tener que escribir si las lagrimas me dejan», detalla Tomasi. Describe que su hermano «volcó el vehículo en el que iba y quedó parapléjico».
Cuenta que a Roberto «lo tuvieron meses en el Hospital militar central, y un día le dijeron a su madre (a la mía) que se fuera despidiendo, que no había ninguna esperanza». Señala que «Betty los miró y les dijo: ¿Y ustedes que saben? Se lo trajo, y Roberto vivió. Y ella siguió calladita. De pie, llorando seguramente cuando no la veían, pero de pie».
«Y siguió de pie cuando mi viejo murió. Calladita, con cara, mitad de asombro y mitad de resignación. Viendo como todo se desplomaba, menos mi hija Nadia que es un torbellino, una sobreviviente arisca y amorosa», menciona Fabián en un escrito publicado por el día de la madre.
«Y después yo, claro, con la historia que todos conocen (aunque decir “todos” sea mucho). Lo mio no fue así, de golpe, lo mio fue un largo vía crucis que ya lleva años. Intenté que no me ganara físicamente, pero pude a medias. Aunque la voluntad y el alma no me la ganó», relata Fabián.
«Tiene 82 años hoy. Y a veces lo mira a Dios con recelo: ¡Es mucho! Pero ella todavía tiene esa fortaleza, que no es de árbol enorme sino de arbusto, que el viento y el tierral van a agitar, pero no a arrancar de esta vida así nomas», pronuncia Tomasi con admiración. «Así es que hoy, hago un alto en todo este bochinche doloroso, y me detengo nada más que en ella. ¡Gracias mamá! En nombre de todo lo bueno de esta vida», escribe en su facebook Fabián con una recepción central, los ojos de lucha de su mamá.
«Y ya que tengo este lugar, además, y en tiempos en que ser madre “no garpa”, como graciosamente dicen los porteños, les mando a todas las que supieron que es llevar a un hijo en la panza, que es parir con dolor, o ser madres de corazón (…) un abrazo de los míos, apretado con todas las fuerzas que me quedan», agrega Fabián.
«Gracias mujeres madres, valientes», finaliza el escrito cargado de dolor pero también de lucha y resistencia, que revaloriza en Betty a todas las madres que construyen todos los días un mundo mejor.