El Senado avaló la prórroga de la ley contra los desalojos en tierras pertenecientes a pueblos originarios

La presión de los movimientos en defensa de los derechos de los pueblos preexistentes a la llegada de los europeos al continente y la desaparición de Santiago Maldonado, precipitaron la decisión en la cámara alta nacional. En el debate, Pichetto, cargó contra el RAM.

Foto ilustrativa.

El Senado aprobó y giró a Diputados este miércoles una nueva prórroga, por cuatro años, de la Ley 26.160, que suspende los desalojos en tierras habitadas por comunidades preexistentes hasta tanto se termine el relevamiento catastral que ya debió haber completado el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI).

El proyecto fue aprobado por unanimidad –62 votos– tras una reunión que mantuvieron diputados y senadores con representantes Mapuches, Qom, Wichis, Villela, Sanavirones, Guaraníes, Warpes y Kollas, que se unieron en el reclamo por la vigencia de la ley, que ya lleva 11 años.

El debate de la norma no sólo se precipitó por su inminente vencimiento –el próximo 23 de noviembre– sino también por el caso de la desaparición del joven Santiago Maldonado, el 1 de agosto pasado, en el marco de la represión de gendarmería a una protesta de la comunidad mapuche en Cushamen, Chubut.

Si bien Cambiemos era proclive a prorrogar la ley contra los desalojos sólo por dos años y medio, el PJ-Frente para la Victoria, que conduce Miguel Pichetto, impuso que el período sea de cuatro años, tal como se viene extendiendo desde 2006.

“Este proyecto no es una concesión, sino un imperativo de derechos humanos”, destacó la pampeana Norma Durango (PJ), e insistió en que “es una obligación del Estado reconocer la propiedad del territorio de las comunidades ancestrales”.

Durango sostuvo que “el reclamo por la tenencia de la tierra y la necesidad de evitar desalojos es motivo más que suficiente para sancionar la prórroga, garantizando así los derechos consagrados de los pueblos originarios”.

El radical Luis Naidenoff describió con números el panorama actual: precisó que según el informe presentado por el INAI, hay 1532 comunidades identificadas en el Programa Nacional de Relevamiento Territorial Indígena, pero sólo 459 tienen el relevamiento culminado.

“A 11 años de vigencia de la ley, solamente el 30% de las comunidades tienen un relevamiento real y efectivo y están en condiciones de avanzar en la eventual titularidad del dominio”, apuntó el formoseño, y explicó que “el inconveniente que se dio en la práctica es que el Consejo de Participación Indígena no pudo involucrarse” en el proceso.

En una encendida defensa del proyecto, la titular de la Comisión Especial de Pueblos Indígenas, Magdalena Odarda (Coalición Cívica) consideró que “cuatro años es el plazo mínimo en que podemos pensar para terminar con el relevamiento”, y advirtió que, si no se extiende la ley antes de tiempo, “más del 65% de las comunidades quedarán en estado de vulnerabilidad”.

Uno de los discursos más duros fue el de la camporista Anabel Fernández Sagasti, quien la emprendió directo contra el Gobierno: “Es evidente la demonización que están haciendo de los pueblos originarios”, denunció.

“Quieren crear un enemigo interno que no existe. Les pido que no seamos cómplices. La única violencia que existe hoy es la violencia institucional del Ministerio de Seguridad que aún conduce Patricia Bullrich”, sentenció la mendocina a propósito del caso Maldonado.

Por su parte, Alfredo Luenzo indicó que “la comunidad mapuche, que ha sido demonizada, está perfectamente integrada en la provincia de Chubut”. “Muy lejos de la violencia, los pueblos originarios sólo reclaman tener las tierras que les pertenecen”, dijo.

Fernando “Pino” Solanas, militante de la causa de los pueblos originarios, enfatizó: “No queremos más desalojos ni desapariciones forzadas como la de Maldonado. No queremos más campañas amarillas con comunicadores y periodistas de prestigio pintados de amarillo para desinformar sobre las causas del conflicto. Esto no le hace bien a la Argentina”.

Hacia el final del debate, Pichetto advirtió que en la Cordillera de los Andes hay “un grupo identificado con la violencia extrema”, y marcó una posición “personal” sobre el caso Maldonado: “Para mí no hay tierra sagrada en Argentina. No puede haber ningún espacio argentino que no esté bajo la jurisdicción de las autoridades. Eso no es tolerable desde el punto de vista de la lógica constitucional”.

“Estoy seguro de que hay una mayoría inmensa de la comunidad mapuche que no comparte para nada la violencia del grupo RAM (Resistencia Ancestral Mapuche)”, señaló el rionegrino.

Ángel Rozas cerró la discusión a pesar de haber renunciado horas antes a la jefatura del interbloque Cambiemos, y sugirió que “si el Ejecutivo cumple con lo prometido, a lo mejor antes de los cuatro años se puede terminar el relevamiento” de tierras.

Fuente: Parlamentario.