Una denuncia sobre activismo. Policías de civil en una escuela «con la mayor discreción posible». La memoria colectiva señalada como exceso de ideología. La educación como un acto político que debemos defender.
Por Iván Taylor
Activismo será quizás, la palabra de la semana en la provincia de Entre Ríos. Eso fue lo denunciado el martes pasado por unx anónimx que presuntamente se sintió “molesto” (según el comunicado de la Jefatura Departamental de Policía) ante el desarrollo de un taller de Derechos Humanos que se estaba llevando a cabo en la Escuela Normal Superior “Martiniano Leguizamón” de Villaguay.
La noticia ya ha tenido rodaje periodístico por su gravedad y amplio repique en las redes sociales porque da de lleno en una llaga aún abierta de nuestra historia reciente, que como tal, configura nuestra realidad presente.
Voces a favor y en contra, argumentos concistentes de un lado, odio viceral del otro, fogoneado por operaciones que ya no son solo mediáticas, sino que ingresan de lleno en el apriete de parte de las fuerzas de seguridad. Algo es seguro, no dejamos lugar a dudas: se trata de un hecho político tener la libertad de hablar de uno mismo como comunidad, de recordar y proyectarse a partir del lugar de que se viene.
“Si te molesta tanto la policía, ¿a quién le vas a pedir ayuda cuando te asalten?” se leyó repetidamente entre los comentarios que iban y venían. Esta columna, desde ya, toma la pregunta y la invierte: si quienes tienen que protegernos, nos persiguen: ¿A quién le vamos a pedir ayuda?.
Activismo, sinónimo a veces de militancia, fue la acusación elegida, el detonante del hartazgo que a la policía de la provincia le pareció razón suficiente para enviar “a un agente policial vistiendo ropas de civil, con la mayor discreción” a corroborar lo que sucedía claustro adentro.
Naturalmente, el agente encontró en la escuela eso horrible por lo que había sido llamado, política -porque la educación es, antes que nada, un acto político por excelencia- sólo que no se dio cuenta.
Frente a él, se desarrollaban jornadas enmarcadas en las actividades por un nuevo aniversario de la Noche de los Lápices, aquella en que diez estudiantes secundarios (sic) fueron secuestradxs y torturadxs por reclamar el boleto estudiantil durante la ultima Dictadura. Seis de ellxs aún hoy permanencen desaparecidxs.
Llamarle activismo a enseñar la historia reciente de nuestro país, nos hace dudar entre el odio y la ignorancia, mientras intentamos caracterizar a estx anónimx que no toleró (la tolerancia, ese fascismo en reposo, diría Capusotto) que se hable de esa época, de esos hechos y decidió llamar a la policía que no sólo no es la encargada de revisar los contenidos que se dictan en clases, sino que por el contrario debería ser invitada a participar de los mismos para nutrir a sus filas de la sensibilidad y la conciencia social de que carecen. Una larga lista de hechos recientes, que trascienden las fronteras de la provincia y se desparraman por todo el país, hacen eco de esta realidad. Un eco fuerte como una campana, que termina con el recreo y nos manda a clases para reflexionarnos y repensarnos como sociedad.
Esta escalada de persecución ideológica se ve reflejada en su episodio nacional, mientras el Gobierno intenta deslindar a la gendarmería de un caso de desaparición forzada de persona, creando versiones falsas de un suceso lamentable que tiene en vilo a todo el país: desde una puñalada trapera hasta un piedrazo boleado, fueron las historias que pretenden alfombrar el escabroso camino de la memoria; de nuestra memoria. La desaparición de Santiago Maldonado y la orden de impedir que se lo mencione en el espacio escolar ha dejado al descubierto un reservorio de autoritarismo y de negación respecto de la importancia de esta temática en nuestro país: la de lxs desaparecidxs por acción del Estado.
Las excusas de la policía y el obvio descontento expresado desde la subsecretaría de Derechos Humanos de la provincia poco responden a un hecho que viene a sumarse al palmarés del mayor acto de inseguridad que puede imaginarse: el perpetrado por quienes son precisamente los encargados de impedir que todo esto suceda. Ante estas inconsistentes repercusiones, exigimos medidas que aseguren la inmediata suspensión de estos hechos.
Mientras tanto, sostenemos en este medio la pregunta que ya es bandera ¿Dónde está Santiago Maldonado? y nos aprontamos para dar el presente este 16 próximo para recordar a esxs pibxs que fueron masacrados, entre otras cosas, por reclamar un boleto estudiantil que les permita asistir a clases.
Como siempre, y una vez más, nos vemos en las calles.