La Selección cerró su gira con una goleada

Jorge Sampaoli, ensayó con un planteo muy ofensivo frente a un seleccionado que presentó una escasa resistencia; goles de Fazio, Correa, Papu Gómez, Paredes, Alario y Di María cerraron la victoria por 6 a 0.

Por Fabio Rodriguez

La selección optimizó la posición de los futbolistas según que proponía el rival: jugar con dos defensores no fue temerario, fue adaptarse a un ataque contrario desierto. Estaba claro que la mirada de Sampaoli iba a estar en el funcionamiento de pequeñas sociedades (Dybala-Lanzini en el eje creativo, por ejemplo), en las transiciones de un equipo recargado de volantes y en rendimientos particulares.

La resistencia del adversario se basó en un esquema 4-4-1-1 parado entre la línea del área propia y la mitad de la cancha. En esa telaraña, la misión de romperla dependía de la movilidad y la cadena de pases, que a la Argentina le costó enhebrar al principio. Fue Di María, con su electricidad, el que más cortó el tedio inicial. Hasta que llegó el gol de Fazio a los 24 minutos, se desvanecieron las coordinaciones defensivas locales y lo previsible se hizo certeza: bastaba saber hasta cuánto llegaría la cuenta de goles.

El ingreso de Banega por Biglia, en el segundo tiempo, remarcó en qué no se parecen: el volante de Inter tiene un pase más dañino, que rompe líneas. Y en su debut, Leandro Paredes demostró que es un volante que pisa el área rival, una cualidad que el DT exige. También define: antes de su gran gol de derecha había estrellado un remate de zurda en el palo. Al cabo, el partido tenía guardado también algo de justicia poética: el gol de Papu Gómez, otro debutante, lo festejaron en vivo en la tribuna su mujer y su hijo.

Terminó la gira, empieza el tiempo del análisis del cuerpo técnico. Todo comenzó con 26 futbolistas reunidos en Melbourne diez días atrás, dispuestos a escuchar por primera vez a un nuevo técnico. Hubo cambios notorios respecto del pasado inmediato, una invocación al juego de ataque y entrenamientos alrededor de esa idea. Es pronto para generar tantos automatismos, pero el primer paso, el de la cachetada que hiciera reaccionar a un plantel entumecido, ya fue dada. Y parcialmente nuevo, también: desde ahora, José Luis Gómez, Joaquín Correa, Nicolás Tagliafico, Manuel Lanzini, Guido Rodríguez, Papu Gómez y Nacho Fernández sabén de qué se trata jugar con la camiseta de la selección argentina. Un aire fresco se respira. La misión será trasladar esa brisa al estadio Centenario, cuando los puntos se pongan en juego.