En el borde oeste de la ciudad está la obra inconclusa en la que iba a funcionar el Cepla. Actualmente vive un sereno con su familia para prevenir la intrusión y robos de materiales, pero hace varios meses dejó de cobrar por ese trabajo.

El Centro de Preventivo de Adicciones (Cepla) es un proyecto financiado por el gobierno nacional, a través del Sedronar, que se inició durante la gestión municipal anterior en el barrio Anacleto Medina y cuya construcción se detuvo en diciembre de 2015.
Desde el Sedronar se enviaron alrededor de 4 millones de pesos para financiar la obra, lo que representa cerca de un 50% del presupuestado original.
La empresa contratista se llama Murato SRL. En mayo del 2015 se presentó como único oferente en la licitación pública Nro. 73/15 que se realizó en la municipalidad para la construcción del Cepla, con una propuesta económica de 8.090.423,70 pesos, aunque posteriormente se realizó una ampliación presupuestaria.
La obra —enmarcada en el Programa Recuperar Inclusión, llevado adelante por el Ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios y el Ministerio de Salud de la Nación—, tendría, según el proyecto, una inversión del Estado Nacional de $7.500.000.
Se trata de un edificio destinado a la realización de actividades de recreación, formación y concientización. «Un lugar de encuentro significativo donde el acompañamiento y el empoderamiento de los adolescentes y jóvenes en situación de vulnerabilidad social es lo esencial en el cometido del Cepla como institución en nuestro medio”, se indicó en su momento desde el área de Diseño Urbano Arquitectónico.
Los trabajos se iniciaron en 2015 y desde el organismo responsable de coordinar las políticas nacionales de lucha contra las adicciones (Sedronar), se han realizado diversas inspecciones. El municipio de Paraná había informado en febrero de 2016 que en la visita que se realizó el 22 de enero de ese año el organismo nacional había manifestado su entera satisfacción por el estado de la obra, el que estimaron con un 42% de avance.
Desde entonces se denunció desde diferentes sectores la paralización de las obras y tanto las autoridades municipales como nacionales anunciaron varias veces la reactivación de la obra pero nunca se concretaron.
En cuanto a las especificaciones técnicas de los trabajos, desde Diseño Urbano Arquitectónico se informó que se ejecuta a partir de un sistema de construcción en seco denominado “steel frame”.
El edificio iba a contar con una superficie de 620,00 m2 cubiertos, dispuestos para el funcionamiento de diferentes áreas, gimnasio, Salón de Usos Múltiples (SUM), sanitarios, vestuarios, cocina, taller húmedo, sala de ensayo, radio, aula, área de entretenimiento, playón polideportivo, y área exterior de recreación. Contará además con sectores destinados a la parte administrativa y de servicios necesarios para el funcionamiento integral del edificio.
Estado actual
Al llegar al final de calle Virrey Vertiz, en el barrio Anacleto Medina de la ciudad de Paraná, se levanta una construcción inconclusa: un edificio amplio, de paneles de madera. Ya no está enfrente el cartel que anunciaba que allí iba a funcionar el Centro Preventivo Local de Adicciones (Cepla), una obra que fue financiada por el Sedronar, la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha Contra el Narcotráfico del Gobierno Nacional.
Los trabajos se llevaron adelante hasta fines de 2015 pero desde entonces, la obra se detuvo y el local quedó a merced de la destrucción del tiempo y también del vandalismo.
Actualmente, allí vive un sereno con su familia, contratado por la empresa, pero como hace varios meses que no percibe su salario está pensando en irse a otro lugar. Si eso sucediera, los vecinos temen que se robarán los materiales y chapas que arman el edificio.
Cuidador
Evaristo Sendra se instaló en los cubículos del frustrado Cepla con su mujer y sus hijos pequeños. En lo que serían los pasillos de la institución se pueden ver sillas, sillones, un andador de bebé o una biblioteca, como si fuera el living de una casa.
Desde marzo que la empresa contratista no le paga su salario y por eso debió buscar trabajo como albañil en Colonia Avellaneda, hacia donde viaja diariamente.
“Quedan mi mujer y mis hijos cuidando el lugar. Han venido a querer robar, a intrusarse y los hemos detenido, pero no sabemos hasta cuándo”, advirtió en diálogo con El Diario.
Al frente de la obra, había un tejido perimetral de más de 200 metros que resguardaba el lugar, pero ya no existe. No se sabe si desapareció por robos hormiga o porque el anterior sereno prefirió regalarlo. Lo cierto, es que los vecinos usan el predio para desechar sus desperdicios y el frente se está convirtiendo en un basural a cielo abierto.
“No puedo impedir a los vecinos que tiren basura, demasiado que me enfrento a los malandras para que no roben —se resignó— . Una vez me atacaron con un cuchillo los que querían entrar acá, no sé si para llevarse cosas o para meterse a vivir”.
También, el cuidador contó que ya se han robado materiales, como paneles y también adhesivos, de los cuales pudo rescatar muy pocos.
Fuente: El Diario y Agenda Abierta