La fiscal Matilde Federik pidió la máxima pena para el oficial Ramón Rivas, que mató a Juan José Chocor, de 18 años, en Hernandarias
La violencia y los atropellos de la Policía en la localidad de Hernandarias quedaron expuestos en el juicio a un oficial que ejecutó de un balazo por la espalda a un joven. Testigos refirieron los abusos que sufren a diario y que enmarcan el hecho ocurrido el 14 de febrero de 2014, cuando Juan José Chocor, de 18 años, murió por un balazo en la espalda que había salido del arma reglamentaria disparada por Ramón Eduardo Rivas. Ayer finalizó el debate, en el que la fiscal Matilde Federik pidió la pena de prisión perpetua, en tanto que el defensor Carlos Acosta solicitó la absolución por el beneficio de la duda.
El último de los testigos que pasaron por el juicio a relatar lo que observaron aquel día en horas de la siesta en el barrio Norte, es un menor de edad que refirió las arbitrariedades que acostumbran hacer efectivos policiales de la comisaría de Hernandarias: requisas, detenciones en la dependencia, paseos en el patrullero, por ejemplo.
Por aquellos días le habían robado la moto a un hombre y la Policía le apuntaba la responsabilidad a un pibe, Diego Chocor. Alrededor de las 15.30 del 14 de febrero, en calle Corrientes, entre Concordia y La Paz, el policía bajó del patrullero e intentó arrestar al sospechoso en la puerta de su domicilio. Pero al momento de reducirlo apareció Juan José Chocor a defender a su hermano. Tras un forcejeo los dos jóvenes salieron corriendo, pero a los pocos pasos, Juan José cayó al suelo. El oficial Rivas había sacado su pistola calibre 9 milímetros marca High Power, y desde una distancia de entre dos y tres metros le disparó. Según las pericias y la autopsia, la trayectoria del proyectil indica que el policía estaba arrodillado cuando gatilló, ya que el balazo ingresó por la espalda y salió por la boca de la víctima, lo que además demostró que el joven estaba en movimiento, huyendo del uniformado. Instantes después, se produjo un estallido de familiares de la víctima y vecinos que intentaron linchar al policía e incendiaron el patrullero. Rivas recibió un disparo en una pierna de un proyectil calibre 9 milímetros, posiblemente con su arma reglamentaria que le sacaron, pero nadie señaló quién fue.
La fiscal refirió en los alegatos los numerosos testimonios que afirmaron que no había nadie armado que no fuera policía. Tanto los uniformados como los de civil que llegaron al lugar portaban sus pistolas, pero nadie observó a otras personas con armas.
Rivas declaró en el juicio que aquella tarde estaba de recorrida por la zona en la camioneta de la comisaría,cuando se cruzó con el sospechoso e intentó detenerlo. Dijo que tras un forcejeo con los hermanos efectuó el disparo pero no recuerda más nada. La versión fue contradictoria con la que había dado en la instrucción de la causa, cuando refirió que había ido al lugar enviado por su jefe para arrestar a Chocor.
Por su parte, la defensa marcó las contradicciones entre los testimonios y alegó que se debe dictar el beneficio de la duda, y por lo tanto la absolución para el policía.
La fiscal Federik pidió la máxima pena de prisión perpetua, ya que el delito cometido por Rivas es el Homicidio agravado por su condición de funcionario policial. El defensor Acosta afirmó que tal agravante es inconstitucional. El lunes al mediodía, el tribunal integrado por Elisa Zilli, Alejandro Grippo y Pablo Zoff adelantará la resolución de la sentencia.
Relatos de una tarde infernal
Los testimonios del juicio a Rivas reconstruyeron una tarde infernal para una tranquila localidad como Hernandarias. Desde vecinos que se despertaron de la siesta con los tiros y los policías que acudieron a rescatar al homicida del linchamiento, hasta el padre de la víctima, quien recordó el auxilio de su hijo y su acompañamiento durante dos 42 días de agonía en el hospital San Martín: «No le fallé ni un día», dijo el hombre, que luego perdió a su otro hijo en un accidente.
Fuente: UNO Entre Ríos