Pablo Víctor Cuchán goza de libertad condicional luego de cumplir 11 años, dos tercios, de condena por el feminicidio de su ex pareja en 2004. Activistas feministas denunciaron públicamente que tiene un perfil en una red social para buscar pareja.
Por Vero Curvale
El feminicidio de Luciana Moretti, de 15 años, conmocionó a la ciudad de Bahía Blanca por lo espeluznante del hecho. Por ese crimen fue condenado su pareja Pablo Cuchán, de 25 años, quién sostuvo que la chica había muerto por sobredosis y que él se deshizo del cuerpo por miedo. Lo cierto es que las pericias confirmaron el asesinato y Cuchán fue condenado a 17 años de prisión.
Agenda Abierta en diálogo con María Gisela Estremador, obrera de la comunicación, como le gusta decir a ella; cronista y conductora de Canal 4 bvc de Bahía Blanca y, desde hace un año, militante en la agrupación de mujeres Bahiensas Feministas, le consultó sobre este caso en particular y su activismo como feminista. Gisela nos relató que “El escrache surgió a partir de una publicación que una de las compañeras levanta de Facebook, donde había una captura de pantalla de la red social Tinder, una red social donde se puede, de acuerdo a determinadas características de un perfil, conocer gente, tener encuentros, una relación, lo que cada una de las partes desee. Y ahí, Pablo Víctor Cuchán, el femicida de Luciana Moretti, aparece en las redes sociales”. Con respecto a la libertad condicional del femicida, la comunicadora contó que “este hombre está en libertad hace aproximadamente un año, desde abril; está viviendo en Monte Hermoso, que es una localidad balnearia que queda a unos 100 km de Bahía Blanca, y el homicidio ocurrió en Ingeniero White que queda a 30 km.”.
La decisión de llevar a las redes sociales la captura de pantalla del perfil de Tinder y de dar a conocer la cara y el nombre de este señor con semejantes antecedentes, surgió de la necesidad de evitar posteriores agresiones: “Si el Estado, responsable de cada uno de los femicidios que ocurre, se va a quedar de brazos cruzados mirando cómo puede volver a atacar, nosotras vamos a ser las que nos encarguemos de exponerlo y a través de las redes sociales es mucho más masivo” explicó Estremador, “legalmente él no está infringiendo ninguna ley, está en libertad con ciertas condiciones pero si no comete ningún delito no hay manera de sacarle una red social”. Tampoco es casual esta necesidad de prevenir, ya que “tuvo un episodio de violencia con quien era su pareja hasta hace unos días, de acoso en el medio de la calle, gritos, amenazas, o sea que sabemos que estamos frente a una bomba de tiempo”.
Si bien el caso de Luciana Moretti fue uno de los más atroces y casi el primero en sacudir a Bahía Blanca porque en aquel tiempo no se hablaba de feminicidio, la militancia de Gisela en el feminismo está atravesada por otro hecho de violencia contra la mujer, cuando le tocó cubrir de lleno la desaparición y homicidio de Micaela Ortega, de 12 años, ocurrido en mayo de 2016 en la misma ciudad. En relación a este caso, la cronista contó a Agenda Abierta que “fue muy difícil hacer cada una de las coberturas y todo el tiempo me preguntaba que más estaba haciendo yo para ser una comunicadora con perspectiva de género; pude viajar a Rosario y ahí me encontré con quienes hoy son mis compañeras de militancia, un grupo de gente muy heterogéneo donde encontré el lugar para que el compromiso activo del feminismo se pudiera desarrollar”.
Con la frase “feminismo para salvarnos”, Gisela es contundente en su mensaje de necesidad de compromiso “no nos tiene que ganar el desanimo, la lectura del material que hay nos da las herramientas para saber en qué lugares se puede dar la discusión y hay que deconstruir un montón de prácticas. Me encantaría que mis hijas abracen la lucha feminista, que es una forma de vida con el objetivo de hacer un lugar mejor para todas, para que no nos falte ni una piba más. Estamos en un momento muy clave de la historia para poner un freno a estas violencias y creo que una vez que empezamos y sabemos en qué no queremos volver atrás, el camino es muy largo pero no estamos solas, que no es menor”.