La fecha, el hecho, la marca, la muesca en el tiempo. La sensación de que ese tiempo es un ciclo que se repite, pero que a la vez es un tiempo lineal en constante avance.
Por Ivan Taylor
La fecha, el hecho, la marca, la muesca en el tiempo. La sensación de que ese tiempo es un ciclo que se repite, pero que a la vez es un tiempo lineal en constante avance. Como caminar en la oscuridad, sería tal vez, pensar el tiempo sin las marcas de los acontecimientos. Chocar una y otra y otra vez con los mismos obstáculos, como esa entrada a tientas en la penumbra de la casa propia que a veces nos depara un mueble fuera de lugar: un olvido.
Olvidar es desconocer esas marcas, es borrarlas o dejar que se borren. Si el niño olvida la forma en que cayó del árbol, tarde o temprano volverá a caer, porque en el olvido se fue el aprendizaje. Si el adulto desprecia los aprendizajes, será irresponsable tal vez, seguramente imprudente. Pero sobre todo, será un sujeto sólo. Individual, egoísta, puesto que será incapaz de reconocerse en el aprendizaje de otros ni de valorar su trayectoria, sus vivencias, su sufrimiento y su resiliencia.
Una vez un profesor nos dijo que pasáramos nuestra mano por el borde de la tibia. Todos alzamos la pierna, apoyando el talón en la tabla de la silla. ¿Se sienten las asperezas en el hueso? Preguntó. Si, respondimos. Todos las teníamos. Unos mas, otros menos. No había una tibia lisa en ninguno de lxs compañerxs. “Eso es el carácter”, sentenció.
Una sociedad formada por hombres y mujeres que desconocen las marcas del tiempo histórico que les precede hasta contenerlos, que explica desde el ayer más remoto la propia existencia que nos encuentra hoy por ejemplo, escribiendo y leyendo estas palabras, será una sociedad con un carácter sumiso, adiestrable, presta en la oscuridad de su propia casa al choque siempre doloroso con la realidad inevitable o lo que es peor: será una sociedad manipulable.
En estos días numerosos colectivos sociales aparecen más visibles que nunca, porque su labor es de todos los días, pero la marca de la fecha y su ritual son impostergables. Eso funciona para una pareja que recuerda su aniversario, o el día aquel del primer beso; también la fecha en que uno se ha recibido en la universidad o en que se repuso de tal o cual operación. Tan importantes son las fechas y los hechos para completar el quienes somos. Vuelvo: esto no es ajeno a los organismos de Derechos Humanos y su multisectorial compuesta por espacios estudiantiles, gremiales, culturales y un sinfín de valiosas adhesiones.
Estas personas salen a la calle para decir que no han olvidado la propia Identidad del Pueblo de que formamos parte. Se formarán columnas, se cantarán canciones, se portarán banderas y pancartas. Habrá mate, habrá abrazos. Se va a reír por estar codo a codo, se va a llorar por los arrancados de la historia, pero nunca de la memoria. Se nombrará a personas que han sido robadas de su vida y de su condición de sujetos de derecho. Se llamará con la voz cargada de viento a niños y niñas que ya son hombres y mujeres, pero que no saben que han sido esxs niñxs, que ni siquiera han tenido la posibilidad de olvidar quienes son, por el simple hecho de que les sustrajeron el conocimiento del propio yo cuando recién nacidos: esos son los desaparecidos y los bebés robados que reclamamos. El Melli, entre ellos.
La calle está convulsionada desde hace semanas por esto, el Día de la Memoria es una marca de vida que nos atraviesa por que va a la raíz de un sentido más profundo que la democracia misma: el Pueblo, aunque así lo decidiera voluntariamente, no puede renunciar a los Derechos Humanos…
Y esta es una parte fundamental. Porque hay quienes saben que no es necesario recurrir a eso, y apuestan a la estructura de que se habla más arriba en esta columna: el Olvido.
No hace falta invocar personajes del ámbito nacional, porque caminan entre nosotros.
Walter Rolandelli, abogado defensor de civiles cómplices de la Dictadura como el (disculpen sus colegas, debo ser preciso en el título) médico Torrealday, acusado del robo de bebés, convoca a los militantes radicales a participar de la Marcha del 24 con la excusa de que el peronismo no debe apropiársela, como si aquellos no supieran el papel trascendental del radicalismo en relación a los DDHH. Varisco junto a él, acompaña el convite al olvido macabro.
Es casi morboso, como aquellos machos violentos que caminaron la marcha de las mujeres, hace unas semanas, impunemente. El recuerdo es doloroso, asqueante, pero necesario. No ver estas cosas, como que el vicepresidente del Supremo Tribunal de Justicia de Entre Ríos, Bernardo Salduna, abone la teoría de los dos demonios frente a los alumnos de una escuela privada de la Ciudad (privada, de privación identitaria también, pero no caída en escuela pública) nos pone peligrosamente contra las cuerdas de la oscuridad. Esa oscuridad que permite la repetición absurda de los hechos, ya que no se los advierte como aprendizaje.
Esa oscuridad en el seno de nuestro propio hogar, ese tiempo ciego, ese carácter liso, de tibia perfecta, pero sin crecimiento alguno, sin anclajes identitarios…
Mañana se marcha. Mañana nos esperamos mutuamente. Mañana es el día de todos los que reivindicamos nuestra identidad y nuestra historia, los que decimos Nunca Más al terror desde el Estado en cualquiera de sus formas, desde el secuestro y la desaparición ayer, hasta el ajuste y la persecución ideológica de hoy; nótese que no hay tantas diferencias, ellos si saben quienes son y lo que quieren de nosotros.
Por eso, no saber quienes fueron los que dejaron la vida en cada lucha por una sociedad mas justa, nos impedirá siempre saber quienes somos nosotros. Y hacia donde vamos.
Cuidado con la silla, no te la choques. Hoy prendemos la luz en la vigilia para caminar por nuestra casa, que son las calles.
Nos vemos en las calles, sin miedo. Nunca Más.