Casi Nunca Más: ni casual, ni banal

Este 24 de marzo, el aniversario del último golpe de Estado en Argentina trae consigo debates propios del contexto histórico y político actual que no son casuales ni banales.

por Alfredo Hoffman

Este 24 de marzo, el aniversario del último golpe de Estado en Argentina trae consigo debates propios del contexto histórico y político actual que no son casuales ni banales. Desde el gobierno nacional, con ayuda de poderosos medios masivos de comunicación, se ha impulsado una discusión pública y mediática que tiene por finalidad construir un sentido social contrario a la idea del Nunca Más. Se relativiza el terrorismo de Estado, se niega el genocidio, se pone en duda la palabra de las víctimas, se busca culpabilizar al grupo victimizado. Todo esto se expresa en palabras que salen de las bocas de funcionarios del gobierno de Cambiemos, periodistas y formadores de opinión que niegan que haya 30.000 desaparecidos, desestiman el ya probado plan sistemático de represión ilegal y expresan desprecio por los organismos defensores de los derechos humanos. El mismo Presidente no supo cómo salir airoso públicamente de ese discurso negador, ni siquiera para parecer políticamente correcto.

La disputa discursiva que propone ese bloque de poder no es casual ni banal. No es casual porque la dictadura cívico militar que se inició el 24 de marzo de 1976 tenía un propósito: transformar la sociedad en lo político, económico y cultural. Desde las relaciones laborales a la vida cotidiana: todo fue decidido por los jerarcas militares y los representantes empresariales que gobernaban. Y esas transformaciones se reeditan en las medidas del actual gobierno nacional. No es casual, porque en la estatización de la deuda privada efectuada al final de la dictadura, las empresas de la familia Macri estuvieron entre las beneficiadas. No es casual, porque el avance de las causas de lesa humanidad tiene que como destino lógico la determinación de las responsabilidades civiles, como las empresariales.

De ningún modo es banal, puesto que esta disputa por el sentido del pasado reciente se propone influir sobre la opinión pública, el consenso social, el imaginario colectivo, el clima de época y, en el final de la cadena, sobre los presupuestos que terminan condicionando y legitimando las decisiones políticas y judiciales. No es banal, porque el propósito invisibilizado es distorsionar, erosionar, destruir el concepto que mayor cohesión social logró en estas décadas de democracia: el Nunca Más. Nunca más al quiebre del orden constitucional, a los asesinatos y desapariciones sistemáticas y masivas de militantes, a los campos de concentración, tortura y exterminio a lo largo y ancho del país; a las violaciones y abusos sexuales a hombres y mujeres atados y amordazados; a los partos clandestinos y al robo de los bebés de esas madres condenadas a tener como destino el fondo del río. No es banal porque si Nunca Más ya no significa una barrera infranqueable, lo que ejecutaron ayer pueden volver a ejecutarlo hoy.

Hay numerosas organizaciones sociales, políticas, sindicales, estudiantiles, de derechos humanos y de diversos ámbitos de la sociedad que advierten que esa barrera está en peligro. Por eso hacen esfuerzos por resignar las diferencias que tienen entre sí –muchas de ellas insalvables en otro contexto, como el de los 12 años de kirchnerismo– y unir fuerzas para resistir el embate. La tarea no es sencilla, no solamente por esas diferencias, que sería lo de menos, sino por el éxito del discurso que, mediante el uso de argumentos sencillos que son amplificados por distintos medios y redes sociales, ablanda a los genocidas y sus cómplices, justifica sus crímenes con la Teoría de los dos Demonios y se empecina en atacar y estigmatizar a las víctimas, a sus familiares y a quienes reivindican su lucha.

Fuente; UNO Entre Ríos