El Vocal del Superior Tribunal de Justicia brindó una charla en una escuela privada de Paraná, y afirmó que la cifra de 30 mil desaparecidos es “absolutamente fantasiosa y totalmente ajena a la realidad”.
Un día antes del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, el Vocal del Superior Tribunal de Justicia, Bernardo Salduna, se metió de lleno en la línea discursiva del Gobierno nacional que niega que los desaparecidos durante la última dictadura cívico–militar–clerical hayan sido 30 mil.
Sus declaraciones, reproducidas de forma completa en El Heraldo, fueron realizadas en el marco de una charla brindada a estudiantes del secundario de la escuela privada Juan XXIII de la ciudad de Paraná, en el marco de la Semana de la Memoria. Allí Salduna hizo un sucinto recorrido histórico desde los momentos previos al golpe de Estado, hasta 2003 y la actualidad, refiriéndose a los juicios de la Verdad.
Sobre el golpe de Estado, sostuvo que “no se notó mayor cambio cuando las Fuerzas Armadas se hicieron cargo oficialmente del gobierno”, dado el clima de violencia previo. Si bien admitió que hubo un plan sistemático de exterminio bajo el eufemismo de combate a la subversión, aseguró que “El terrorismo de estado empezó antes del golpe de 1976, aunque la dictadura militar emprolijó e hizo más eficaz el método clandestino a utilizar”. Al referirse a la Ley Obediencia Debida planteada durante el gobierno de Raúl Alfonsín, interpretó que no hubo sistematicidad en el robo de bebés ni en las violaciones a las detenidas y detenidos, ya que allí se encuentran “los que se excedieron o cometieron crímenes atroces o aberrantes en su cumplimiento” y por ende no podían acogerse a la mencionada Ley que eximía de culpa a los subalternos.
Al referirse a los juicios retomados a partir de 2003 hasta la actualidad, manifestó no estar “muy de acuerdo”, ya que “a veces a un cabo se le da mayor pena que al general que le dio la orden”. Agregó que esos juicios, “no afectaron a los dictadores o altos jefes militares. La mayoría ya se murieron, libres como pajaritos”.
Pero el punto más polémico de la charla brindada por quien fuera dirigente radical y legislador nacional, se dio cuando se refirió a los desaparecidos: “Algunos hablan de treinta mil desaparecidos. Cifra emblemática, pero desde ya absolutamente fantasiosa y totalmente ajena a la realidad. Después de más de treinta años de democracia puede ser posible que existan personas desaparecidas cuyos datos se desconozcan. Pero nunca pueden ser más de veinte mil como se pretende”, afirmó Bernardo Salduna avalando el discurso del gobierno de Cambiemos, que le costara y el repudio generalizado a Darío Lopérfido. Para hacer esta afirmación, se basó en el informe de la Comisión Nacional de Desaparición de Personas (Conadep), creada por Ley por el ex presidente Raúl Alfonsín en 1983. Allí se “constata con datos ciertos entre 7.000 a 8.000 personas desaparecidas” dijo y agregó que, “Posteriores investigaciones no han podido superar esa cifra”.
“Diluirlos en medio de miles de fantasmas inexistentes, es de alguna manera empequeñecerlos, evanecer su recuerdo. Curiosamente, quienes esto afirman, terminan coincidiendo con la cínica frase del dictador Videla: “El desaparecido no puede tener ningún tratamiento. No está muerto ni vivo, no tiene entidad, no está”. Si aspiramos a hacer realidad el slogan tan repetido de “memoria y verdad” debemos procurar conocer el máximo posible de esa verdad. Veinte mil desaparecidos sin nombre no se podrán hallar jamás. Insistir en eso es condenarnos a la eterna incertidumbre. Se dice que el horror no cambia sean ocho mil o treinta mil las víctimas. Estoy de acuerdo. Pero entonces ¿por qué falsear los números?”, cuestionó el Vocal de Superior Tribunal de Justicia.
No conforme con estas afirmaciones, Salduna reforzó la idea apelando a sus dotes de “historiador aficionado que soy”, y relató “un hecho del siglo 19: durante la dictadura de Juan Manuel de Rosas (1829-1852) una firma comercial francesa la Casa Lafone -enfrentada con el dictador por motivos económicos- ofreció a un exiliado argentino en Montevideo pagarle un penique por cada víctima que le atribuyese a Juan Manuel de Rosas. El escritor y poeta Rivera Indarte, que de él se trataba, aceptó el convite y elaboró una lista donde echó la culpa al dictador porteño de cuanto muerto apareciese. Llegó a acusarlo incluso del fusilamiento de Dorrego, de la muerte de Facundo Quiroga y de miles de muertos a manos de los unitarios o en las guerras civiles. Por supuesto, el resultado fue de más de treinta mil muertos”, ironizó.
A modo de conclusión, dijo: “Todo puede entenderse; hasta el error. Lo que cuesta más entender es la empecinada y a veces interesada persistencia en el error”.
Fuente: El Heraldo.