Tres policías fueron condenados por su desaparición el 13 de febrero de 2002. Rocío y Paola, sus hermanas, contaron el dolor de una familia que se encuentra atravesada por la violencia institucional.
Elías Gorosito es un desaparecido en democracia. Fue visto por última vez, según los testimonios expresados durante el juicio, el 13 de febrero de 2002, cuando las fuerzas de seguridad de la provincia se lo llevaron en un patrullero, con abuso policial mediante. Hay tres policías condenados con prisión efectiva, aunque su familia recorre quince años sin saber su paradero. «Lo seguimos esperando, soñamos con eso con Rocío, María, los hermanos, los sobrinos. Todos esperamos que aparezca algún día, que baje de Bajada y golpee la puerta» expresó Paola, su hermana, en diálogo con el periodista Alfredo Hoffman, en Barrio Adentro, por Radio Comunitaria Barriletes.
Los policías Diego Javier Salvador, Lisandro Luis Rodríguez y Jesús Salvador López, habían sido absueltos en el primer juicio oral por el caso, en abril de 2004. El fallo fue apelado y la Corte Suprema de Justicia nacional, tras largo trámite, lo dejó sin efecto y ordenó que se hiciera un nuevo proceso oral y público. En el segundo juicio, en 2012, los uniformados fueron condenados a doce años de prisión, que actualmente están cumpliendo. El fallo trajo algo de justicia, aunque el dolor por su ausencia no tiene reparación posible.
«Lo que dijeron los testigos, especialmente Ariel Zárate, fue que venía con Elías por el barrio Mosconi, bajando por la Escuela Esparza, donde se separa porque ve un patrullero venir. Va Elías adelante, él cruza la calle, el patrullero para y lo levanta, le pega con una culata, lo mete adentro de la camioneta y se lo lleva. Eso dijo Ariel, también una testigo y un chico que era menor y que después declaró», detalló Paola sobre aquél día que la policía desapareció a Elías. Detalló que la última vez que lo vio venía subiendo con su hijo de los brazos, «bajaba una camioneta de la comisaría, uno sacó una estaca y le hace seña a mi hermano. Le dije que tenga cuidado. Esa fue la última vez que lo vi, cuando estábamos planeando el cumpleaños de mi hija».
«Si mi madre no hubiera peleado tanto creo que queda en la nada como muchos casos, impune», Paola

«Esperarlo», es la palabra que dice Rocío, hermana de Elías, y que sintetiza el deseo de una familia que resistió a la impunidad. «Saber que algún día va a aparecer», precisó. «No me conformo con esta justicia ni me voy a conformar nunca. No pudo conocer mis hijos, mi vida, ver que soy madre, que estoy bien, no pudo compartir una mesa un domingo», puntualizó sobre las vivencias cotidianas donde extraña a su hermano. Y agregó que todos esos son derechos «que a él le sacaron». También recordó el tiempo recorrido juntos, ya que la diferencia de edad entre Rocío y Elías es de dos años. «Compartimos calle, porque no la pasamos bien cuando éramos chicos, con él siempre andábamos para todos lados», rememoró.
El dolor de una familia atravesada por la violencia institucional
La familia Gorosito no sólo sufre la desaparición de Elías hace quince años. Jonathan, uno de sus hermanos, fue encontrado sin vida el 22 de julio de 2011 en una comisaría de Las Heras Santa Cruz. Las fuerzas de seguridad simularon un suicidio, pero los hechos, y la investigación posterior, confirmaron que no fue así. También hay tres policías condenados por el homicidio de Jonathan. El hermano mayor, Leonel, falleció en 1996, en condiciones pocos claras, cuando era custodiado por un policía en el Hospital San Martín. Su madre, una luchadora, igual que su padre, murieron sin saber que pasó con Elías. Edgar, otro de los hermanos, no aguantó el dolor y decidió acabar con su vida.

«Él me dijo que lo iban a matar», sentenció Paola sobre lo ocurrido con Leonel. «A Elías lo levantaba la policía, recuerdo que una vez lo arrastraron en pleno verano hasta Walmart, mi hermano tenía todo el cuerpo en llama viva», explicó sobre la situación cotidiana que sufrían sus hermanos.»A Jonathan lo paraban en todos lados y le decíamos que se vaya de acá porque lo iban a matar», describió.
La desaparcición de Elías se dio además en un contexto social y económico precario, donde el abuso policial y la represión eran la política oficial. Meses antes la crisis azotaba el país y dejaba sangre trabajadora en las calles. Paniagua, Iturain y Rodríguez fueron las víctimas de ese 2001 donde Elías tuvo participación en los reclamos colectivos. «Él fue víctima del 2001, era uno de los chicos que estaban arriba de un árbol en el Walmart», finalizó Paola.
Los años pasaron, quince años de aquélla desaparición, producto de la violencia institucional. El juicio, un camino complejo hacia la justicia y la prisión efectiva, trajo un poco de justicia, aunque la ausencia de Elías, como el dolor de una familia atravesada por el abuso policial y la represión, no tiene reparación suficiente.