No hay ninguna residencia para personas en situación de calle en Paraná

En 2016 la Municipalidad había improvisado un precario refugio en el CIC ubicado en Roque Saenz Peña y Fermín Garay. El lugar fue cerrado pese al crecimiento de personas en esta situación. No hay abordaje oficial sobre la temática.

Por Mariano Osuna

La situación de calle es una problemática estructural en Paraná respecto a la violación sistemática de derechos humanos. La falta de planificación estatal condena en el olvido a vecinas y vecinos a este escenario, y transforma en crónico la situación transitoria de tantas personas. Durante 2016, Agenda Abierta informó sobre la vigencia de la ordenanza 8932, sancionada en 2010, que estableció la creación del Programa de Asistencia Integral para personas en situación de calle, y que espera aún su implementación.

En ese transcurso, organizaciones sociales y comunitarias, que intervienen diariamente sobre esta temática, juntaron más de cuatro mil firmas, para exigir al Ejecutivo municipal la aplicación de la legislación que contempla el funcionamiento de un Alojamiento Municipal Transitorio Permanente, un protocolo de intervención, la construcción de centros de día y de dispositivos con equipos interdisciplinarios que aborden desde lo cotidiano, de manera integral, cada situación específica, desde una perspectiva que atraviese la restitución de derechos.

La problemática alcanzó al Honorable Concejo Deliberante, cuando integrantes de Casa Solidaria, Suma de Voluntades y Foro Siembra, tomaron el espacio Voz y Opinión Ciudadana, una herramienta legislativa de participación social, para exigir que se destine presupuesto a la ordenanza que recorre su séptimo año de incumplimiento. Aunque la legislación no acaba con las necesidades, permite un avance que supere el paradigma tradicional que asegura que un plato de comida y un techo es solución suficiente. La situación de calle es más compleja, y abarca la garantía del trabajo digno, el techo propio, la libertad de circular libremente en las calles y espacios públicos, el acceso a la salud y la educación, la integración cultural y comunitaria, y la reconstrucción de cada proyecto de vida.

Lo cierto es que la decisión oficial de la Municipalidad de Paraná fue determinar el cierre del único lugar que había dispuesto como alojamiento, en el CIC Centro Integrador Comunitario de la zona este de la ciudad, ubicado en la intersección de las calles Roque Saenz Peña y Fermín Garay, que daba respuesta a un 15% de la comunidad vulnerada. También mantuvo la inacción estructural respecto a la implementación de la ordenanza vigente.

Por su parte, las y los concejales, de los distintos bloque que componen el HCD, no tuvieron la intención de modificar el presupuesto vigente para abordar esta problemática estructural ni de producir proyectos que muestren voluntad de trabajar sobre una deuda histórica, ni de articular dispositivos que construyan una alternativa a la inacción actual, ni de tomar modelos de organizaciones comunitarias que marcan un modelo superador de los paradigmas dominantes. El Gobierno provincial, a quien también se le presentaron las firmas que visibilizaban la situación, tampoco hizo gestos sobre una planificación a largo, mediano y corto plazo del tema.

En contexto

Durante el 2015, durante fines de junio, se definió abrir un refugio en las instalaciones del predio de protección civil, en calle Carbó 954. Durante 2016 se mantuvieron cerradas sus puertas, teniendo en funcionamiento solamente el albergue municipal Madre Teresa de Calcuta que recibe a personas mayores de 50 años. En los primeros días de junio del año pasado, luego de la pérdida de Miguel y Cirilo, ciudadanos que se murieron durmiendo en la calle, y la posterior olla popular convocada por diferentes organizaciones solidarias para visibilizar esta situación, el Municipio decidió habilitar 18 camas en el precario refugio en el CIC.

Ya en enero de este 2017 no había un sólo alojamiento para personas en situación de calle, en un contexto donde la cantidad de ciudadanas y ciudadanos en esta problemática se han multiplicado. Si antes no había abordaje correcto, ni infraestructura adecuada, ni equipos interdisciplinarios, ni trabajo integral, ni presupuesto, ahora se convirtió en la desidia oficial.

Manos solidarias frente a la ausencia del Estado

El cierre de Casa Solidaria, uno de los dispositivos que atravesaban la vida cotidiana de la comunidad, desestabilizó una de las herramientas colectivas de contención frente a la omisión estatal. Actualmente, son sólo algunas manos solidarias, involucradas en el desarrollo diario de estas personas en situación de calle, quienes acompañan a vecinas y vecinos, y aportan un abrazo, o comparten un mate, frente al olvido oficial y la indiferencia social que condena a un sector de la comunidad a ser desaparecidos sociales.