Gracias a las tetas

Cuando parecía que nada, ni los tarifazos, ni la política económica de tierra arrasada sacudiría la modorra siestera de la apacible Paraná, dos sismos conmovieron los cimientos de esta catedral.

Por Pablo Urrutia

La Asamblea por el Derecho a la Cultura y la Asamblea Feminista, surgieron vertiginosamente como actores sociales y políticos del escenario local, por fuera de la lógica tradicional. Y sus  iniciativas, el tetazo y la marcha Cultura Despierta, fueron los acontecimientos sociales más relevantes de la ciudad en un contexto de sopor dirigencial generalizado.

La respuesta desde la gestión Varisco, desmedida y estigmatizante, hacia la asamblea cultural, por un lado; y la virtual quema de brujas emprendida por ciudadanos apacibles de un pueblo del interior, en el caso de la asamblea feminista, por otro; dan cuenta de la calidad disruptiva de ambos hechos. Uno sacó de las casillas el poder político comunal, la otra, a la sociedad en su conjunto.

Pero vayamos a las tetas. De repente, las mujeres redescubrieron un arma como ninguna para devolver, desde lo simbólico al menos, el golpe que las machaca día a día, arrojando sus cuerpos mutilados, sus vidas comunes y sufridas, a las tapas de los diarios y a los informativos de la tele.

Aquello por lo cual se las condena, fue convertido en un arma capaz de interpelar a la sociedad con una fuerza que, hasta el momento, sólo las pintadas de los encuentros de mujeres habían logrado. Las tetas salieron a la luz e iluminaron muchas cosas.

El machismo patriarcal capitalista no necesita un call center, ni militantes rentados en las redes sociales. Hay personas comunes dispuestas a hacer el trabajo. La reacción iracunda en esos ámbitos dejó al descubierto la base social sobre la que se asientan cómodamente todas las formas de violencia contra la mujer. Desde el machismo conservador, representado por el tipo que no se excita ante una mujer que se muestra tal cual es y por ello objeta el tetazo; hasta el machismo radical que encontró un argumento aparentemente irrebatible para proclamar que esas mujeres merecen ser violadas hasta la muerte; todas las variantes estuvieron presentes en los comentarios realizados en portales de noticias, y obviamente, en las redes sociales; con una claridad que pareció olvidar por momentos que hay chicos presentes, que esas personas tienen familias, conformadas incluso, por mujeres.

Cabría preguntarse aquí porqué al Estado le obsesiona tanto un mamerto solitario o acompañado que realiza una inverosímil amenaza pública contra un funcionario o el presidente; y no cientos que realizan amenazas públicas a un grupo social bien definido. De hecho, magnicidios en la Argentina, no ha habido nunca, feminicidios hay uno por día.

Volviendo a las tetas y los comentarios sobre su libertad o no, de entre todos, los más conmovedores son los que expresan las propias mujeres. No me representan, no necesito mostrar las tetas para luchar por mis derechos, se tapan la cara, etc.

La contundencia del tetazo fue tal que aún se siente su onda expansiva en la moral herida de un pueblo acostumbrado a creer que nada cambia y nada debe cambiar.

Allí una de las razones de que el machismo recalcitrante se reproduzca hasta el espanto.

Incluso, hubo una marca de ropa para mujeres que se colgó de las tetas del tetazo para hacer su negocio. Genial idea, lanzó una campaña con argumentos de una estupidez conceptual tan evidente como difundida. Todos somos libres de hacer lo que queramos en la privacidad de nuestros hogares y no necesito mostrar mis tetas para luchar por mis derechos, expresan quienes probablemente no hagan ni una cosa ni la otra. Luego aclaran, las tetas se las muestro a mi hombre.

Sin llegar al extremo de avalar que los femicidios y abusos son delitos de instancia privada y que un alarmante número mujeres mueren a manos de “su hombre”, la afirmación tiende a sancionar el supuesto acto de libertad que significaría mostrar las tetas en público. Ante ello cabe preguntarse, ¿cómo suena un aplauso en una habitación vacía? O, más directamente, ¿Qué aspecto tiene la libertad ejercida ante los ojos de nadie?

Se trata de libertad, claro. De una libertad que debería ser irrenunciable: la que se ejerce sobre el propio cuerpo. Libertad tan radical que es la que a través de la historia todos los totalitarismos, fascismos y diversas formas de poder menos violentas, trataron de suprimir. Pero las mujeres que decidieron mostrar las tetas, no pedían tanto, por ahora. Reclamaban igualdad.

Desde luego, la igualdad toca a la libertad. No por nada, el hecho que dio lugar al tetazo nacional surgió de la prohibición policial a un grupo de mujeres de mostrar sus tetas.

Las mujeres reclaman por una libertad que los varones tenemos, sin más mérito que haber nacido con pito, y no es gran cosa esa libertad. Está tan manoseada, recortada, sujetada, que muchas veces nos llega muerta, pero la tenemos y ellas no.

Libertad, igualdad, solidaridad, proclamaba la revolución francesa que pasó hace no sé cuántos años. Pero esos franceses son tan bohemios, vio? Luego esos preceptos fueron tomados y dieron base a todos los tratados de Derechos Humanos que circulan por el globo, pero bue, ya sabemos que los derechos humanos… En fin.

Al luchar por la igualdad y la libertad, las feministas nos hacen un favor a todos, incluso a este varón blanco que escribe. Porque una sociedad que no masacra a las mujeres delante de sus hijos y luego a ellos, es una sociedad infinitamente mejor que la que tenemos. Las tetas son un detalle, un episodio en esa larga lucha, pero acostumbrados a tratar de ver el todo por las partes, solo vemos las partes.

El tetazo, en las redes sociales y los medios de comunicación locales, dejaron ver un mapa, un esbozo incompleto, raquítico, pero un atisbo al menos del modo de pensar de nuestra sociedad.

 

Bienvenida las tetas a Paraná. Es muy fácil aplaudir a las feministas cuando realizan sus marchas y planteos contra las masacres del machismo terrorista, pero en esta ciudad, donde los curas abusan de niños al amparo de las instituciones, donde la policía lo hace con niñas en situación de vulnerabilidad, donde las peores cosas suceden en la aparente calma de la siesta pueblerina, y los hijos de los ricos organizan fiestas sexuales con adolescentes, quieran estas o no participar, lo que enoja son un par de tetas al aire, sin ningún motivo más que la propia existencia.