Entrevista a Miguel Giorgio, el elegido de Bordet para el Superior Tribunal de Justicia

La reforma judicial, la legalización del aborto, la edad de imputabilidad, y la marihuana, parte de los temas abordados por el juez que votó por la inconstitucionalidad de la designación de Smaldone en el Tribunal de Cuentas.

Miguel Giorgio recorre  27 años de carrera judicial –tiene 59-, donde intervino en muchos casos resonantes, como los juicios por los crímenes de Priscila Hartmann, Agustina Turano, Enzo Benedetich, Claudio Vera y Flavia Schiavo. También en la causa por abuso de menores contra el cura Justo Ilarraz. En cuanto a investigaciones por corrupción, integró los tribunales que condenaron a Raúl Taleb y a Abelardo Pacayut, entre otros. Como subrogante en el STJ, fue uno de los que votó por la inconstitucionalidad de la designación de Guillermo Smaldone en el Tribunal de Cuentas.

-¿Lo conocía de antes al gobernador Bordet?

-Nunca lo había tratado. Mi registro de él en Concordia era el de un joven contador, cuando yo era un ya no tan joven abogado y después juez de Instrucción. Luego me fui y perdí bastante contacto con la ciudad. Me dijo que del sondeo que había realizado entre las distintas fuerzas políticas, mi nombre era el que despertaba mayor consenso. Me sorprendió porque siempre me consideré de bajo perfil.

-¿Qué no podría faltar en la reforma judicial de la que habla el gobernador?

-Hace poco en el fuero penal tuvimos una gran reforma con la implementación del nuevo código. Se optimizaron mucho los recursos y el funcionamiento de los distintos organismos. Hablar acá de una reforma suena extraño. No sé qué más se podría reformar. Entiendo que a lo que se refiere el gobernador es a modificaciones en la instancia superior, en la cabeza del Poder Judicial.

-¿Lo relaciona con los problemas derivados de las irregularidades administrativas que salieron a la luz?

-Esas cuestiones podrían reglamentarse, en realidad nunca deberían haber sido un problema. Cada uno sabe lo que debe hacer y hasta donde llegan sus deberes y obligaciones. Si soy honesto intelectualmente, no debería tener más de lo que voy a necesitar si me tengo que trasladar a algún lugar. Yo nunca pedí viáticos, salvo una vez que tuve que ir a Concepción del Uruguay a integrar un tribunal. Viajamos en un coche oficial y me pareció bien porque era lo más seguro. Hay una colega que viaja desde La Paz requerida muchas veces a integrar el tribunal y llega manejando su coche particular.

-¿Le dolió ver al Poder Judicial tan expuesto y cuestionado?

-Nosotros tenemos un compromiso. Yo vengo a trabajar todos los días temprano, cuido los bienes del Estado, apago la luz cuando me voy, pido a los empleados que no gasten papel inútilmente. Claro que me dolió. Por supuesto.

-¿Qué hace falta para mejorar la imagen del Poder Judicial?

-Pese a tantos años de democracia, no logramos reconciliarnos con la gente. Tendríamos que expurgar cuerpos extraños que no deben estar acá adentro. Me refiero a personas que han observado inconductas y no lo digo únicamente a nivel de la provincia, sino a nivel nacional. Cuando hablo de austeridad, no lo hago en abstracto, sino que lo relaciono con la independencia del Poder Judicial. No me refiero a una existencia estoica de comer pan y agua, sino a una vida normal. Si yo gasto más de lo que tengo, me endeudo y le exijo al gobierno que me aumente el sueldo pese a que ganamos muy bien, al problema lo tengo yo. Son contados con los dedos de la mano los casos de jueces que han sido destituidos por falta de idoneidad. La mayoría de las destituciones tienen que ver con asuntos económicos. Con jueces investigados por enriquecimiento ilícito, por coimas.
¿Por qué llegan a eso, con los sueldazos que tenemos? ¿Por qué se desvían así? Esas son las personas que hay que expurgar. Hay quienes pueden vivir con 10, 20 o 200. Pero hay quienes si viven con 200, quieren 400 y nunca les alcanza porque quieren llevar un nivel de vida que no está acorde con sus ingresos. En la actividad privada se fundirían, pero acá paga el Estado. Es una filosofía de vida.

¿Cree que los jueces tienen que pagar Impuesto a las Ganancias?

-Si nos va a reconciliar con la sociedad, paguemos de una vez y basta. Hay argumentos a favor y en contra. Se puede hablar de la intangibilidad, pero vemos que a veces no funciona porque se pagan hermosos sueldos e igual hay corrupción. He ido al IOSPER a sacar órdenes y me ha dado vergüenza mostrar el recibo de sueldo.

¿Qué opina de bajar la edad de imputabilidad?

-Lo veo como un tema técnico. Un menor jamás podría ser encarcelado porque eso iría en contra de los tratados internacionales que Argentina ha suscripto. Es inviable. No sé si haría falta un proceso penal, sino que más lo pienso por el lado asistencial. No un castigo, ni la criminalizacion, sino sustraer a los chicos del contexto delictivo. Es algo para pensar en profundidad.

-¿Cuál es su postura frente al aborto?

-Lo dije ante el Consejo de la Magistratura. Además del aborto terapéutico, estoy de acuerdo cuando hay una violación, algo que ya existe jurisprudencialmente. Igual no es un tema cerrado, sino digno de debate. Mi hija es partidaria del aborto legal.

-¿Qué opina de la despenalización de la marihuana?

-Es otro tema para analizar. Sí creo que no se puede penalizar a un adicto, sino que hay que tratarlo. Me quedó grabado algo que le escuché una vez a Griselda Tessio en una conferencia hace años, donde dijo que en términos de daño social es peor el alcohol, que es legal, que el consumo de marihuana. Y eso es así. Un conductor que se sube alcoholizado a un vehículo tiene más posibilidades de provocar un accidente que alguien que ha fumado. Igual, debo decir que no conozco el tema en profundidad, ya que nunca fumé marihuana. En la época de la facultad tenía amigos que fumaban, muchas veces me convidaron, pero nunca acepté porque no me gusta perder la lucidez.

-¿Se define como un juez garantista?

-Creo en las garantías y creo que todos los jueces debemos ser garantistas. ¿Cuáles son esas garantías? Aplicar el código. Transitado el proceso con todas las garantías, si llego a una conclusión condenatoria, no debo ser indulgente y debo condenar. Todos debemos ser garantistas y, al mismo tiempo, asumir el dolor y el costo si hay que condenar.

-¿Duele condenar?

-Sí, duele. He quedado noches sin dormir no porque haya considerado que una condena no era justa, pero sí pensando en la vida de personas jóvenes con años por delante en una cárcel.
La corrupción y los políticos

-Ante el Consejo de la Magistratura mencionó especialmente a Hernán Orduna. ¿Por qué?

-Él era ministro de Gobierno cuando yo era juez de Instrucción y teníamos muy buena comunicación. A él le gustaba el tema judicial y la parte técnica. Él como ingeniero, antes de asumir en el cargo de ministro, era perito y hacía un muy buen trabajo. No llegó a haber una amistad, pero sí una buena relación. Encontramos ese punto de conexión en la cuestión técnica. Debo decir que jamás me pidió nada y que sí lo molesté bastante pidiendo elementos para las investigaciones. Coincidíamos en la importancia de la prueba objetiva para llegar a la verdad. Los testimonios son más erráticos, entra en juego la subjetividad del testigo. Pero la prueba objetiva no miente. Una huella dactilar, un vestigio de pólvora, una vaina percutada, el resultado de una autopsia, son elementos que no mienten.

-¿Tiene relación con algún otro político?

-No. Tengo idea de que coincidí en algunas reuniones con Elvio Bordet, el padre del gobernador, cuando él era intendente de Concordia y yo iba a los barrios a charlar con la gente sobre seguridad y justicia. Lo considero una muy buena persona. Mi padre lo conocía.

-¿Lo conoce al ex gobernador Sergio Urribarri?

-No, no lo conozco.

 

Concordia, Rosario, Paraná

En 1976, Giorgio partió de Concordia a estudiar Derecho a Rosario. No eligió la UNL, como era usual para los entrerrianos, porque su madre era rosarina y allá tenía tíos y primos. Vivió en una pensión.

“Eran tiempos duros en términos políticos. Estaban prohibidos los centros de estudiantes, así que ni pensar en desarrollar algún tipo de militancia universitaria”, recuerda con pesar y menciona el asesinato de uno de sus mejores amigos de Rosario, víctima de la dictadura. “Fue muy duro. Lo mataron con 14 balazos de FAL”, evoca.

En 1980, acompañando a un grupo de amigos, concurrió a reuniones del Partido Intransigente. “Me atraían esas ideas e incluso fui varias veces a escucharlo a Oscar Alende. Me encantaba su personalidad. También participé en marchas estudiantiles y en protestas, junto a mis compañeros de facultad”, reseña.

Su padre, a quien menciona a cada momento, administraba los campos que había heredado en Villlaguay y fue dirigente de la Federación Agraria. Su figura es reconocida en Concordia, donde militó en el ala más progresista de la Democracia Cristiana, referenciado con el grupo del dirigente Carlos Auyero. “Estaba compenetrado con los derechos humanos y fue un estudioso. Un profesional sin título. Investigaba sobre geopolítica y era un gran nacionalista”, recuerda Giorgio. Define a su madre como “la gran conductora de la familia”. Hoy tiene 88 años y Giorgio la visita todos los meses en Concordia. “Es una persona lúcida y es mi principal crítica. Cuestiona mucho a los jueces”, confía.

Su padre murió en forma abrupta de una afección asmática a los 61 años y ni siquiera llegó a verlo asumir en el Poder Judicial. A las tierras familiares las heredaron Giorgio y sus hermanos, pero el magistrado pidió separarse de la sociedad de hecho para no tener inconvenientes relacionados con su trabajo. Conserva su parte, pero no la explota. Quieren que quede para sus hijos.

Una vez recibido, Giorgio volvió a Concordia. Ejerció la profesión durante cinco años y luego le llegó la propuesta para ser juez de Instrucción, en 1989. Luego fue juez Correccional y después fue suplente en la Cámara Penal de Concordia durante cuatro años.

Cuando se creó el Consejo de la Magistratura, quiso revalidar su designación, pero rindió y salió mal. Impugnó y le dieron la razón. Le subieron el puntaje, entró en la terna, pero quedó afuera y volvió al Juzgado Correccional. Al poco tiempo volvió a concursar, esta vez para el cargo que ocupa actualmente. Le fue bien en el examen, pero lo superaron los antecedentes académicos de otros concursante y no llegó. Ante una nueva vacante, y pese a la posibilidad de pasar a ser camarista en forma automática con el nuevo sistema, insistió con legitimarse y volvió a rendir. Quedó segundo y entró.

En 2009 se mudó a Paraná con su mujer desde hace 14 años. Ella es empleada judicial y están construyendo una casa chica en un barrio. De un primer matrimonio tiene un hijo y una hija. Ambos viven en Rosario. Ella es licenciada en Comunicación Social y él estudia Abogacía.

Fuente: El Diario