Dos jóvenes ratificaron en Tribunales que el publicista organizaba fiestas donde un grupo de chicas ofrecía servicios sexuales y él se quedaba con el dinero.

El autopostulado “periodista” y locutor Gustavo Darío Alfonzo quedó más comprometido después de la segunda jornada del juicio que lo tiene como acusado por trata de personas con fines de explotación sexual de una menor de 16 años.
“Las chicas recibían la plata y se la pasaban a él”, contó una joven de 24 años que, se presume, integraba un grupo de chicas a las que Alfonzo prostituía en fiestas privadas y en boliches de Concordia.
Así funcionaba el esquema de explotación sexual: Alfonzo organizaba fiestas donde ofrecía servicios sexuales de un grupo de chicas, pactaba las formas en que se realizarían los pases; les ofrecía a los clientes chicas con determinadas características físicas; pautaba las horas de cada encuentro, las tarifas por cada “servicio” y la cantidad de clientes con las que debía estar cada una. Ellas cobraban y debían rendirle cuentas.
La joven, que hoy tiene 24 años, contó ante el Tribunal Oral Federal que participó de una fiesta en una quinta en Puerto Yeruá, organizada por Alfonzo, el 25 de octubre de 2014, a la que concurrieron cuatro chicas y “como quince varones”, presuntamente, oriundos de Córdoba. “Se ofrecía dinero por sexo”, explicitó.
“Eran muy conocidas las fiestas (que organizaba Alfonzo), se escuchaba, había rumores y se sabía que había mujeres que estaban con hombres”, contó la joven. “Estar” con hombres era mantener relaciones sexuales por dinero.
–¿Alfonzo recibía alguna compensación? –quiso saber el fiscal José Ignacio Candioti.
–Las chicas recibían la plata y se la pasaban a él –respondió la testigo-victima.
Según dijo, era la primera vez que iba a una fiesta de ese tipo y tampoco conocía a las otras chicas, salvo una de ellas, Roxana Navarro, a quien Alfonzo había instruido para que la “puliera”, que tenga relaciones sexuales y “no haga bardo”, según se desprende de los mensajes de texto que el imputado le envió a Navarro.
“Yo no conocía a nadie y era como que no encajababa, por eso uno de los chicos me preguntó qué hacía ahí… pero yo no me prostituía y el chico se dio cuenta. Empezamos a hablar hasta que me dijo que vayamos a otro lado y fuimos a una parte de la quinta que tiene como unas cabañas; ahí tuvimos sexo. Creo que este chico le pagó a Alfonzo por tener sexo conmigo, porque el chico me dijo que si tenía que darle algo (a Alfonzo) no había problema; y después vino otro chico que me quiso obligar a tener sexo; como que habían pagado y yo debía estar con otros”, relató la joven ante el tribunal.
En ese lugar, según contó, María –la víctima en la causa– “tuvo relaciones con cuatro o cinco chicos” en esa fiesta.
Los que no fueron
Otra joven, más reticente al momento de declarar, contó que fue “una o dos veces” a una fiesta en la quinta del empresario Roberto Pietroboni, en cercanías del autódromo de Concordia, y que allí estaba Alfonzo.
Ella fue en auto con “un amigo”, a quien identificó como “Daniel Badaracco”, un hombre de “treinta y pico” de años. “Yo iba porque estaban mis amigas, comíamos asado y después salíamos al boliche… yo no hice nada más”, contó la joven.
La joven conocía a Alfonzo porque trabajaba para él en la radio. “Levantaba publicidad y a veces leía mensajes de los oyentes”, contó. Alfonzo tenía un programa que se llamaba Con la soga al cuello (sic), en una FM de Concordia; y su presencia en la quinta, según dijo, le llamó la atención porque se trataba de hombres mayores (Alfonzo y Pietroboni) mezclados con menores de edad. Ella tenía 17 años en ese momento.
Badaracco y Pietroboni estaban citados para declarar ayer ante el tribunal, pero no concurrieron.
La novia
En el segundo día del juicio declaró también la novia de Alfonzo, Yolanda Zárate, enfermera en el Servicio de Ginecología del Hospital Masvernat y que fue señalada por la víctima como integrante del grupo de mujeres a las que Alfonzo prostituía en fiestas privadas. Así quedó corroborado, además, por los mensajes de texto que se relevaron del teléfono celular del acusado.
En un mensaje, Alfonzo le dijo a su novia que fuera a la fiesta en Puerto Yeruá: “Tengo que hablar con vos. ¿Puedo ir al hospi? Si podés, está noche, hay plata, joda, pibes de Santa Fe. Van seis, hay mil por tres horitas. Todo eso en tres horas. Quieren siete, ya tengo cuatro. Avisame”, le escribió el acusado ese 25 de octubre.
Zárate solo dijo que desconocía esos mensajes, como también dijo no haberse enterado de que Alfonzo enviaba a sus clientes fotos de ella tomadas en la intimidad ofreciendo sus servicios sexuales por dinero.
Sin embargo, Zárate admitió que el 30 de octubre de 2014, el día que fue rescatada la víctima, estaba en el departamento, junto con su hermana (una trabajadora del Copnaf que en su declaración en instrucción dijo que había llegado unas horas antes acompañando a Yolanda y se quedó porque ella le ofreció “ganarse unos pesos planchando”) y Alfonzo.
En todo momento intentó defender a Alfonzo: dijo que lo conoció unos días antes –algo que fue desmentido por las otras jóvenes prostituidas por el imputado– y negó que la víctima estuviera privada de la libertad.
“Ella no estaba secuestrada, esa es una mentira aberrante. Ella era quien abría la puerta, hacía las compras; estaba contenta, feliz y mandándose mensajes con un psicólogo del Copnaf que le tiraba onda”, relató. “No había nada raro; si yo hubiese visto algo raro, habría sido la primera en denunciarlo”, acotó la novia del acusado.
El departamento
La historia comenzó a desentrañarse el 30 de octubre de 2014. Ese día, María Cristina Escobar se presentó en la Comisaría del Menor y la Mujer de Concordia para denunciar que su hija de 16 años llevaba veinte días cautiva en un dúplex en calle Monseñor Rösch 3523, departamento “B”. Se presume que Alfonzo la tenía retenida contra su voluntad, amenazada amenazas y bajo los efectos de sustancias. La joven había sido abusada sexualmente en forma reiterada, en ese departamento y en otros lugares.
Alfonzo había alquilado ese departamento dos semanas antes a un conocido, Daniel Eduardo Stanghelini. Pero la relación se terminó enseguida: “Cuando leí lo que había pasado, le pedí a Alfonzo que se fuera”, contó ayer ante el tribunal.
También los vecinos presentaron quejas, por las fiestas que había en el departamento. “Un día tuvimos que pedirle que bajen la música y terminen con los ruidos”, contó una vecina. “Desde el baño escuchaba que estaban de fiesta, que tenían sexo entre varias personas”, acotó la mujer. Ante el tribunal, dijo haber visto a la víctima y aseguró que por su contextura física presumió que era menor de edad.
Fuente: El Diario