El tiempo exhibirá los resultados de la reunión a la que convocó el gobernador y asistieron las tres figuras más importantes del Poder Judicial
“La implementación del uso de medios electrónicos para el control de las restricciones impuestas a los denunciados, el desafío de trabajar en el tratamiento de los victimarios y la necesidad de convocar a las organizaciones intermedias y los municipios, fueron tópicos salientes del encuentro” se informó desde la web del Superior Tribunal de Justicia (STJ) de Entre Ríos, respecto de las medidas que surgieron de la reunión a la que convocó el gobernador Gustavo Bordet, en virtud de los gravísimos ataques contra mujeres de distinta edad perpetrados por varones adultos. Al encuentro, según se puede leer en la nota correspondiente, asistieron por el Poder Judicial la presidenta del STJ, Claudia Mizawak; el procurador general, Jorge García; y el defensor general, Maximiliano Benítez. Allí se convino trabajar desde los tres Poderes del Estado “para lograr una mejor coordinación entre los diferentes organismos que abordan la problemática de la violencia de género”.
Mientras tanto, enfrente a Casa de Gobierno, en la explanada de ingreso a los Tribunales de Paraná –se podría decir que se trataría de la segunda casa de Mizawak, García y Benítez– empleados judiciales se esforzaban por borrar las pintadas que las mujeres convocadas por el sistemático asesinato de sus congéneres, realizaron como mínima protesta y urgente llamado de atención sobre la problemática. Pareciera que las pintadas son un problema. Un molesto problema. “Ni una menos” escribieron en la vereda de Tribunales. Sí, como lo lee, en la vereda.
No en las paredes, ni en los blindex de ingreso al edificio. Pero para alguien del Poder Judicial, no se sabe para quién, esa frase pintada en la vereda no debía permanecer como recordatorio del genocidio del que son víctimas las mujeres.
El último Encuentro Nacional de Mujeres (ENM) convocó a casi cien mil mujeres que fueron a debatir en 340 talleres sobre las problemáticas que las comprenden. Se debió habilitar mesas de debate en espacios públicos por la masiva concurrencia. Como fue difundido hasta el hartazgo, el Encuentro sólo fue “noticia” por las pintadas y los “disturbios” en los que se vieron involucradas menos de un centenar de participantes, sin que se supiera el motivo que desencadenó el conflicto, que fue abordado con una brutal represión. En los talleres se abordó el femicidio, esa problemática que tiene como exclusivo objeto de la violencia machista a la mujer, y que a juzgar por los gravísimos hechos ocurridos en la provincia entre el domingo y el lunes, no discrimina por edad. Se las puede matar a todas. Sin embargo, periodistas y comunicadores pusieron el ojo en las pintadas que realizaron las mujeres del ENM. Las redes sociales también replicaron argumentos irritantes, por lo absurdos y sin fundamentación, sobre las pintadas y sus consecuencias en la estética de la ciudad que recibe a miles de mujeres comprometidas con su realidad.
El tiempo exhibirá los resultados de la reunión a la que convocó el gobernador y asistieron las tres figuras más importantes del Poder Judicial. Sin embargo “los tópicos salientes del encuentro” parecieran a primera vista como poco efectivos o insuficientes para, siquiera, abordar una problemática que ni durísimas leyes es capaz de disminuir. Se podría comenzar por no “borrar” con el codo lo que se escribe en las veredas de edificios públicos como testimonio contra el asesinato de mujeres, ni lo que se sostiene en conferencia de prensa, puesto que el procurador dijo, en referencia a los femicidios ocurridos en Paraná y Concepción del Uruguay, que “estos hechos preocupan hondamente al Poder Judicial de Entre Ríos desde hace mucho tiempo”.
La miopía o algún interés desconocido de los medios masivos de comunicación invisibiliza los fundados argumentos que surgen de las organizaciones de mujeres y banaliza el femicidio, por ejemplo cuando trata de “bestia” al hombre que mata a una mujer, puesto que este tipo de abordaje despoja de toda humanidad al autor, y escamotea la posibilidad de pensar que se trató de un hombre, un sujeto, que se educó y se nutrió de ideas y valores que lo determinaron e hicieron tal como es. Ante estos mecanismos de oclusión del debate y de banalización de una gravísima problemática, las paredes, las pintadas y otros tipos de comunicación popular son válidas, necesarias y un derecho de los pueblos. En este caso de un colectivo, el de las mujeres, que viene siendo asesinado desde hace siglos.
Por Nestor Belini / Fuente: El Diario