Vecinos autoconvocados piden freno a construcciones en altura

Piden ser escuchados por el Municipio para lograr acuerdos que permitan frenar nuevas obras en altura. También denuncian las consecuencias emocionales que padecen al conviver durante años con obradores linderos.

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Desde hace meses, vecinos autoconvocados que viven en barrios concentrados en la zona céntrica de la capital provincial vienen reclamando al Municipio que frene las habilitaciones para las construcciones en altura. La exigencia de los vecinos se sustenta en la deficiencia de los servicios públicos (baja presión de agua potable y sistema cloacal colapsado) y en las condiciones de vida en la que se encuentran cientos de familias, que ven afectada su vida cotidiana por problemas ocasiones por los movimientos de tierra y todo lo que conlleva convivir con una obra en construcción al lado.

“Los vecinos autoconvocados de calle Corrientes y Colón y aledaños venimos denunciando en el Municipio, dado la construcción de un edificio que se pretende en esa esquina específicamente y en otros sitos similares en la zona y en toda la ciudad, mediante insistentes trámites administrativos formales y entrevistas personales que hemos mantenido con los ediles de todos los bloques políticos y también con funcionarios: subsecretario de Planeamiento, responsable de la Oficina de Factibilidad, el director de Medio Ambiente, el secretario de Servicios Públicos, el de Obras Sanitarias y la viceintendenta; asimismo cursamos notas para reunirnos con el secretario de Derechos Humanos, hemos hecho pedidos de la Voz y Opinión Ciudadana en el Concejo Deliberante y audiencias con el intendente Sergio Varisco, y en estos últimos casos no hemos tenido el honor de ser recibidos”, detallaron los vecinos que llevan adelante el reclamo, en diálogo con EL DIARIO.

En este sentido, subrayaron que las pruebas de lo que denuncian fueron aportadas mediante notas avaladas por fotografías y las publicaciones que sobre este tema vienen haciendo los medios de comunicación; “mostrando los graves y preocupantes deterioros que venimos sufriendo principalmente los vecinos por el colapso de la red cloacal, del servicio de agua, tránsito y estacionamiento, basura, desagües pluviales que generan inundaciones en vía pública y dentro de las propiedades, invasión de roedores y alacranes, cableado que desorganizadamente invade el espacio aéreo, el impacto ambiental causado por contaminación con polvo de obra, las bajas de tensión de luz, circulación de aire”, enumeraron.

“Los perjuicios, roturas y destrucciones que sufren las propiedades linderas, sumado al lavado de la historia de nuestros barrios a través del reemplazo de casas impregnadas de nuestras raíces por edificaciones en alturas inconscientes, sin ningún sentido, ni valor edilicio, ni estético y/o cultural más que el de la conveniencia económica de sus emprendedores. Todo principalmente causado por la alta densidad de población concentrada en estas torres, en un sitio que no se encuentra preparado ante tales demandas y que ya no da para más y ni admite nuevas conexiones a las redes”, agregó Liliana Trostdorf, una de las vecinas que encabeza el reclamo avalado por cinco comisiones vecinales de la zona céntrica que se unieron al pedido para frenar las edificaciones en altura.

Desbordados. En este contexto, hay una consecuencia que no se puede medir ni calcular numéricamente, pero que se está multiplicando entre los vecinos que sienten afectados por esta situación: el impacto emocional, “una consecuencia que sólo es mensurable con el sentir, con el corazón, el sentido a la vida, lo más íntimo inherente al ser humano”, enfatizó Trostdorf.

“La mamá que a poco de haber parido se ve obligada a convivir desesperadamente con los insoportables ruidos y el polvo, cuando no con la casa rajada, entre llantos, mamaderas y pañales. El matrimonio venido en años que disfrutando de esa etapa de su vida, de repente se ve invadido por extraños que los llenan de miedo, de humedad por canaletas obstruidas, de tierra de obra contaminante que les producen patologías respiratorias, cardíacas y de diversas índoles. O la señora de 80 años, viuda, cuya casa estuvo llena de excrementos durante largos meses por los inconvenientes cloacales producidos por un edificio vecino que no podían solucionar, con inconvenientes económicos para solventar la limpieza de su casa, produciéndole severos cuadros de estrés con fuerte conmoción y consecuencia en su presión sanguínea. Pero también la angustia, impotencia y agresividad contenida que genera en esa familia que durante 25 años o más estuvo construyendo con titánicos esfuerzos su casa anhelada y que de un momento a otro le roban el sol, el aire, el derecho a usar su hogar y sus espacios íntimos en libertad, y se encuentran con un boquete en su dormitorio con vista a la obra del edificio medianero, y con el temor de su hija porque en cualquier momento se le puede desmoronar el piso de su dormitorio”, describió la entrevistada, poniendo como ejemplo los testimonios que diario escuchan de sus vecinos.

Muchas de las familias que habitan la zona elegida para los emprendimientos inmobiliarios aseguran sentirse invadidos por el polvo cancerígeno de la demolición lindante y los estrepitosos golpes provocados por los derrumbes; se ven imposibilitados de desarrollar normalmente su vida, atemorizados y desorientados ante la amenaza del comienzo de una nueva mole edilicia.

Y así, son numerosos los casos donde el impacto emocional por estrés les genera un deterioro en la salud de las personas que tienen que convivir con una demolición, obra lindera y, posteriormente, un edificio vecino.

“Es por todo lo dicho y más aún, que no comprendemos los oídos sordos y la vista ciega o, simplemente, la falta de consciencia y sentido común de nuestros funcionarios gobernantes y de nuestro Intendente; tampoco comprendemos a los profesionales, ingenieros, arquitectos, técnicos de la construcción y demás comprometidos en los emprendimientos que se prestan a ser responsables de los tremendos deterioros a los que están sentenciando a la ciudad y a sus habitantes, que seguramente también es la ciudad de sus padres, de sus hijos, nietos y seres queridos”, sentenció Liliana Trostdorf.

Sin carteles

Desde hace varios meses, los vecinos autoconvocados vienen colocando pasacalles en puntos estratégicos de la ciudad, manifestando su pretensión de que se frenen las construcciones en altura. De acuerdo a lo denunciado ante EL DIARIO, personas que se identifican como personal municipal retira los carteles durante la noche, o bien corta las tanzas que los sostienen y terminan dados vuelta y enganchados a las ramas de los árboles. “Pareciera que hay quienes a escondidas buscan hacer callar las voces de los ciudadanos que necesitan ser escuchados en sus legítimos derechos. Los pasacalles son la voz del pueblo y, una vez más, a poco de haber sido colocados nuestros carteles algunos han desaparecido y otros fueron dañados, enganchados y deshilachados”, lamentaron los vecinos.

Por Paola Ponroy / Fuente: El Diario