En un nuevo caso de violencia institucional, un muchacho expuso ante la Fiscalía que fue detenido y golpeado, que los efectivos ingresaron a su casa sin orden judicial, dispararon e hicieron destrozos. Después lo intimidaron para que no presentara la denuncia.

Por Alfredo Hoffman
Un nuevo caso de maltrato policial tuvo lugar a principios de agosto en Paraná y fue el que motivó, como gota que rebalsó el vaso, que Casa Solidaria y otras organizaciones sociales se convocaran en la plaza 1º de Mayo para protestar contra la violencia institucional y visibilizar esta problemática que tiene entre sus principales víctimas a personas en situación de calle y jóvenes de barrios humildes de la ciudad. Según la denuncia efectuada ante el Ministerio Público Fiscal, los uniformados pueden haber incurrido en apremios ilegales, además de una detención arbitraria y allanamiento sin orden judicial, durante la madrugada del 4 de agosto.
El autor de la denuncia es un joven de 23 años cuyo nombre se mantiene en reserva a modo de resguardo, ya que aseguró a Agenda Abierta que es constantemente hostigado por algunos policías. El motivo de esa persecución, indicó, es haberse preocupado en varias ocasiones por hacer valer los derechos de las personas en situación de calle y de quienes son detenidos por aplicación de la Ley de Contravenciones, la norma cuestionada por inconstitucional por los organismos de derechos humanos. “¿Qué sos? ¿El abogado de los pibes?”, contó que le dicen, increpándolo, ciertos funcionarios azules.
“Me frenó la Policía, me quisieron llevar por nada en la puerta de mi casa. Salió mi familia a preguntar por qué me iban a llevar. Y me terminaron llevando, pero además se nos metieron en la casa sin orden, sin nada. Rompieron toda la casa”, relató. “Esta vez me pasó a mí, pero esto viene pasando hace un montón, más que nada de parte de Comando Radioeléctrico y el 911”.
“A mí me llevaron detenido, me lastimaron entero. No podía salir de mi casa por como tenía la cara. Recién ahora me he empezado a recuperar un poco. Aparte te queda un trauma en la cabeza, no podés salir tranquilo a la calle. Se supone que las personas que te tienen que cuidar son las que te hacen esto. Vos cuando estás adentro de la comisaría te preguntás cómo es esto; no sabés en quién confiar. Si las personas que te tienen que cuidar, te maltratan, entonces de qué ley estamos hablando”, afirmó.
Este paranaense atravesó una infancia en situación de vulnerabilidad, estuvo institucionalizado de niño pero logró salir adelante junto a su familia. Fue vendedor de revista Barriletes y luego consiguió otros trabajos. Hoy tiene un empleo temporario y además hace changas. En los últimos años se acercó al equipo de Casa Solidaria, organización que ayuda a las personas que viven o permanecen en la calle.
En su tarea cotidiana, esa entidad comenzó a trabajar la problemática de la violencia institucional que sufre este grupo social y en dos años se han impulsado más de 20 habeas corpus por personas que desaparecen por varios días y quienes los conocen no saben dónde están. Para estas presentaciones recurren a la Subsecretaría de Derechos Humanos de Entre Ríos y a la Defensoría del Pueblo de Paraná. La intención de visibilizar esta situación tiene por objetivo no solamente poner un freno a los atropellos o reclamar la derogación de la arcaica Ley de Contravenciones, sino también brindar un paraguas de protección a las víctimas: si únicamente hay denuncias individuales, esto puede desencadenar que se agrave el maltrato hacia los denunciantes.
Atropello a la madrugada
El jueves 4 de agosto, a la una de la madrugada –dice la denuncia hecha en Fiscalía a la que tuvo acceso este medio– el muchacho estaba en la puerta de su casa junto a otro joven, cuando se detuvo una camioneta de la Policía. Se bajaron dos uniformados y les pidieron los documentos. Los acusaron de haber disparado contra ese móvil. Salió la madre, su hermano y otros miembros de su familia a ver qué pasaba. En ese momento hubo disparos de arma de fuego de parte de uno de los funcionarios. Él se tiró encima del policía para que no disparara. Acto seguido, lo subieron al vehículo policial y lo llevaron a la Comisaría Sexta. Cuando lo detuvieron y dentro del móvil, lo golpearon en distintas partes del cuerpo. Cuando llegaron al destacamento no lo quisieron alojar, por lo que lo llevaron a la central del 911 de las Cinco Esquinas. Después lo llevaron a la Comisaría Quinta, donde lo tuvieron en la puerta, sin ingresarlo. Luego nuevamente al 911, hasta las 4 de la madrugada aproximadamente, cuando lo llevaron de nuevo a la Quinta. Ahí permaneció otras horas más detenido hasta que fue dejado en libertad.
Cuando regresó a su casa –siempre según lo expuesto ante el Ministerio Público Fiscal– se enteró de que los policías habían ingresado sin orden judicial, dispararon dentro de la vivienda, encerraron a todos en una habitación y provocaron destrozos. Él sufrió golpes: en la cara, en un ojo, en las costillas y en las piernas. Cuando salió de su casa después de varios días, una vez que se recuperó bastante de las heridas, lo pararon dos agentes en motos del 911 y le advirtieron que no hiciera la denuncia. De todos modos, relató los hechos en Tribunales.
Hostigamiento
La víctima de estos sucesos enfatizó que no se trata de una situación aislada, sino de una constante para muchos paranaenses. “Ellos (por los uniformados) le agarran idea a alguien que está en la calle y no lo quieren ver más. No te quieren ver más. No te quieren ver más en el centro lavando coches, cuidando coches o haciendo cualquier otro trabajo informal. Se avisan entre ellos y te levantan. Ahí te ponen la famosa Ley de Contravenciones, te dicen que estás haciendo disturbios o te empiezan a buscar que vos reacciones, y terminás en la Quinta un día, dos días, una semana”.
“Si no pueden cuidar autos, no pueden lavar autos, para ganar lo mínimo para sobrevivir, termina siendo, que igual no se justifica, que eligen otros caminos. Es preferible diez mil veces que tengan un permiso, que estén cuidando autos, que tengan una calle, a que anden robando o en otra cosa”, reflexionó.
“Esta es la tercera vez que yo denuncio. La primera tan grave. La mayoría de las veces acompaño a los compañeros a la Fiscalía, a la Subsecretaría de Derechos Humanos, a la Defensoría del Pueblo. La mayoría de las veces los compañeros levantan la denuncia por miedo a que les pase algo más grave”.
Lejos del centro
“Hay muchos que ya ni siquiera se acercan al centro. Se quedan en el barrio. No pueden ni acercarse al centro porque no los dejan llegar, te frenan siete veces antes de llegar a la peatonal y por la misma vergüenza que te da que te hagan eso adelante de toda la gente, que te pongan contra la pared, no te dan ni ganas de acercarte al centro”.