La docente de Gualeguaychú Estela Lemes tiene glifosato en su organismo. Reclama que el Instituto del Seguro atienda los gastos de la enfermedad que adquirió como riesgo de trabajo. El martes participó en el Congreso del debate por una ley de agroquímicos.
Por Alfredo Hoffman
Estela Lemes, maestra rural fumigada dos veces con agroquímicos, sige dando batalla en los tribunales provinciales de Gualeguaychú, tanto contra los dueños del campo lindero a su escuela, como en el Juzgado Laboral para lograr cobertura de parte de la Aseguradora de Riesgos de Trabajo (ART) del Instituto Autárquico Provincial del Seguro de Entre Ríos (Iapser).
Desde septiembre de 2012 los problemas de salud de Estela no han dejado de agravarse, como consecuencia de haber sido rociada por los productos emanados por un mosquito cuando se encontraba trabajando en la escuela rural Nº66 “Bartolito Mitre”, de Costa Uruguay Sur (Gualeguaychú). Los estudios que se realizó le confirmaron que en su organismo tiene glifosato, el poderoso agrotóxico desarrollado por Monsanto que se vuelca abundantemente sobre los campos entrerrianos, sobre todo los sembrados con soja.
“Yo estaba en el recreo con los niños a las dos y media de la tarde y pasó un mosquito fumigando el campo lindero a la escuela”, recordó la docente en diálogo con Agenda Abierta y Radio Comunitaria Barriletes. “El viento estaba para el lado de la escuela. Hicimos señas para que parara, pero sólo lo hizo cuando terminó la aplicación, casi una hora después. El veneno cayó sobre mi rostro”.
La maestra llevó a los gurises al aula, llamó a los padres para que los buscaran y denunció lo sucedido a la Policía. Luego hizo una denuncia penal que hoy por hoy está en la Justicia de Gualeguaychú, contra los propietarios del campo.
Por otro lado, en el fuero laboral reclama que la ART tome lo sucedido como lo que es: en las escuelas rurales de Entre Ríos, enfermarse por intoxicación con herbicidas es riesgo de trabajo. “Yo tengo esto por trabajar en esa escuela de campo, donde sigo trabajando desde hace 16 años. Pido que la ART cubra todos los gastos, que son análisis, estudios costosos y una rehabilitación muy importante”.
Esa ART es la perteneciente al Instituto del Seguro, es decir, al Estado entrerriano. Para llevar adelante su reclamo, Lemes primero siguió los carriles administrativos, pero la empresa se negó a brindar la cobertura. Agotada esa instancia, decidió pasar a la vía judicial, hace dos meses. Esta causa se encuentra en pleno desarrollo.
El “veneno” –como ella lo llama– que tiene en la sangre ha hecho que sus músculos estén comenzando a atrofiarse, en principio toda la parte izquierda de su cuerpo: el brazo y la pierna, y que tenga pérdida del equilibrio. Ahora también en la pierna derecha comenzó a tener los mismos problemas. Lo que tiene en su organismo es clorpirifos etil, un insecticida que utiliza para controlar las plagas de insectos, y glifosato.
“Según la Organización Mundial de la Salud el glifosato es cancerígeno. Por eso a mis problemas de salud le tengo que agregar ese miedo permanente”, dijo Estela, quien se atiende en un centro neurológico de Galarza y ahora se debe hacer nuevamente estudios en la parte derecha de su cuerpo, donde empezó a sentir problemas musculares.
No solamente en septiembre de 2012 su cuerpo quedó expuesto a los agrotóxicos. El 9 de febrero de 2015 volvieron a fumigar el mismo campo. Estaba ella con las cocineras y la ordenanza. Fue otra vez de la misma manera, sin aviso previo, calle de por medio, la escuela de un lado del camino de ripio y el mosquito del otro.
Debate en el Congreso
Estela Lemes estuvo presente este martes en la Cámara de Diputados de la Nación para participar del segundo encuentro de la Comisión de Recursos Naturales, previo al tratamiento de una ley para regular la utilización de productos agroquímicos en el país. “Se están escuchando todas las voces. Fui porque disertaba Patricio Eleisegui, autor del libro ‘Envenenados’, sobre las consecuencias de las fumigaciones”, contó.
“Escuché a gente del Senasa, a ingenieros agrónomos. Cada uno tiene su postura. A quienes los intereses económicos los llevan a estar ahí no les importa la salud de la población. En cambio, estuvo hablando el ingeniero Eduardo Cerdá, un defensor de la ecología, de la agricultura sin agrotóxicos. Y me vine muy emocionada por la intervención de Patricio, que terminó su charla diciéndole a los grandes señores que están ahí que detrás de él estaba yo parada, que era una maestra de Gualeguaychú que había sido fumigada y que se dirigieran a mí. Y en realidad nadie dijo nada, todos hicieron oídos sordos a eso”, relató la docente.
Acerca de en qué desembocará este debate en el Congreso, consderó: “No sé lo que pueda pasar, pero hay dos posturas muy encontradas. Va a llevar muchísimo tiempo esto. La idea es ver qué elementos se usan para la fumigación, cuáles son los agrotóxicos que se están usando, las distancias, los horarios. Pero hay mucho para pulir, mucho para hablar”.