Sus primeros contactos con la docencia, su construcción cotidiana en las aulas, los desafíos estructurales de la educación. En el día de los trabajadores de la educación, el profesor Gustavo Landeira habló con Agenda Abierta.

Por Mariano Osuna
«Poner el lomo en la escuela, tener una disciplina de trabajo, pero sin perder esa relación con lo humano. La disciplina no te va a hacer mejor o peor docente, sino desde los valores que muchas veces hay que reflotar, el respeto, la solidaridad, las ganas de escuchar al otro, son fundamentales para poder construir algo y entender cuál es el sentido de las acciones que realizamos», define Gustavo Landeira, con la misma pasión en sus palabras que en sus acciones cotidianas. Es profesor en Ciencias Sociales con especialización en derechos humanos y ciudadanía política y se encuentra dando Literatura Argentina y Latinoamericana en la Escuela provincial de nivel medio Nº 52 Gaucho A. Rivero y Geografía, Historia, Formación, Ética y Ciudadana, y Literatura Argentina en la Escuela Secundaria Nº 6 de Lomas del Mirador y en la Escuela de Jóvenes y Adultos que funciona en sus instalaciones.
«La idea de enseñar y aprender van de la mano. Como docente considero que tengo que aprender todos los días. No pasa solamente porque me lo baje una currícula o una política de estado, sino también el compromiso que uno tiene en relación a lo que se hace cotidianamente», afirma el profesor. Y profundiza explicando que «todas las perspectivas pueden tener miradas positivas en relación con lo organizativo, con nuevas modalidades, y nuevas herramientas, pero no se puede aplicar ninguna mirada sin tener en cuenta lo principal que es lo humano. Esa relación que se construye con los estudiantes es único e importante. Para muchos de esos estudiantes tal vez la única oreja o el único momento en que se los escuche sea en la escuela y con nosotros». Describe que las herramientas que educadoras y educadores pueden desarrollar «son variadas y se van armando a diario», y agrega que sus ganas de ejercer la docencia pasa por hacer algo en referencia «no solamente al conocimiento, a la experiencia, a la práctica, sino a lo que piensan ellos, y de qué manera se puede construir algo bueno de todo eso».
Gustavo Landeira realizó sus estudios secundarios en la Técnica Nº5 que estaba ubicada en esa época en el predio de la fábrica de fósforos, por calle Corrientes de la capital provincial. «Llegué hasta quinto año y después por un par de años, me dediqué a trabajar, hacer lo que surgiera, y me fui a vivir sólo». Luego del intervalo, provocado por diversas situaciones personales y familiares, decidió finalizar sus estudios en la escuela nocturna Provincia de Neuquen de Paraná. Cuenta que ahí tuvo raíz la vocación de la docencia en su trayecto personal y colectivo. «Una docente de primer año que veía que ayudaba a mis compañeros para las tareas y ese tipo de cosas, me incentivó a estudiar docencia», relata el profesor a Agenda Abierta. «A mí me gustaba Historia en ese entonces solamente pero los horarios y el trabajo era incompatible, y me enteré de Sociales, que se dictaba en el Centenario, y empecé a participar en eso. Creo que es una de las cosas en las cuales no me equivoqué, porque la docencia me hace muy bien, porque creo que uno está haciendo algo todos los días para ayudar, no perdiendo esa primera perspectiva que tenía cuando entré el aula de trabajar todos los días y ser lo más fresco posible en la cabeza», detalla Landeira.
Cuenta como fue su reencuentro con la escuela secundaria luego del lapso forzado donde tuvo que suspender su cursado. «Desde lo humano me llegó la escuela nocturna, desde los profesores, la secretaria, la rectora, los compañeros, quienes me hicieron tener otra perspectiva de la escuela secundaria que antes no tenía. Y ahí en esas experiencias me gustó la idea de continuar la docencia y empecé a estudiar», describe Landeira.
En el camino hacia la construcción de la docencia, el profesor entrerriano destaca las practicas profesionales. «En el momento en el que consideré que había tomado la decisión correcta fue cuando practiqué por primera vez. En ese momento es como que sentí que era mi lugar en el mundo». También recordó su primera clase como educador afirmando que no buscó nada tan planificado en ese primer encuentro con el aula. «Fue algo que surgió de manera espontánea, que es reflejo de mi práctica diaria, donde me pasa que voy notando cambios en mi forma de llevar adelante la clase. Lo que trato de no cambiar es mi actitud en la docencia, que muchas veces cuesta mantenerla por diversos motivos».
Sobre las asignaturas pendientes de la educación en general, plantea algunos desafíos. «Me parece que hay un debate que nos debemos en tres escenarios: cuál es el rol que se la da a la educación pública desde el Estado, cómo abordar desde lo gremial la construcción de una unidad para pensar en nuestra mirada colectiva y en nuestra práctica, y por qué somos docentes, cuál es nuestra prioridad cuando la ejercemos, cuáles son nuestras fallas y cuando tenemos adversidades como las enfrentamos y las tratamos de resolver», profundiza Landeira.
Sobre el final de sus declaraciones, el profesor en Ciencias Sociales con especialización en derechos humanos, que actualmente está cursando otras tres especializaciones, habla de la docencia como «algo fundamental, algo que me lo tomo con responsabilidad, que le dedico mucho tiempo». Por último, afirma que «si uno defiende un tipo de educación, y defiende la escuela pública, tenemos que ser coherentes en el pensamiento y en la entrega de nuestro esfuerzo todos los días».