Carmelitas descalzas

Que loco que en este país ya ni las carmelitas descalzas son tan carmelitas ni tan descalzas, por suerte, todavía queda un bastión de la moral y las buenas costumbres en el periodismo y en el Concejo Deliberante.

davidcaceres

Por Pablo Urrutia.

El twitt del Concejal David Cáceres pidiendo que las FARC guarden un tiempo al presidente Mauricio Macri, puso sobre la mesa un debate candente en la sociedad Argentina: somos esquizofrénicos o cínicos? Que buscan y qué pueden darnos los medios de comunicación?

Desde luego no voy a hablar de eso ni voy a responder ninguna de las preguntas planteadas, pero sí creo necesario explicar algo que los medios que replican los twits del concejal, dan por sabido. Twitter es una red social de mediana popularidad donde el código corriente es la ironía, el humor negro, los comentarios agresivos, el ataque artero. No así el periodismo, supongo. Desde la cuenta Dra. Alcira Pignata (@drapignata), perteneciente al Titular del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos de la nación, Hernán Lombardi, a las de marcas de gaseosas, pizzerías o lo que sea, el comentario mordaz, ácido, y la agresión, están permitidos. Es el código de esa red social, a grandes rasgos. Y también el código de quienes tienen cuentas en esa red por trabajo, como es el caso de los ataques realizados a Marcelo Tinelli. Fue y es una herramienta de rabiosa militancia, del kirchnerismo, pero también de personas de innegable espíritu democrático y republicano, como por ejemplo Juan José Campanella. Extraer un micro texto de esa red social y ponerlo en la tapa de un diario o en una nota a dos páginas, cambia la cosa, principalmente para cualquiera que no conozca la geografía árida y el ambiente de camorra que reina en la red del pajarito azul.

En la tapa del diario es otra cosa, uno no sabe bien si lo que se dijo fue en la cumbre de la ONU, o en el baño de un bar. Está en el diario, y eso es grave. Pero los contextos determinan en cierto modo los sentidos y significados, en todo caso completan el mensaje.

El chiste de que a Macri lo guarden las FARC, puede ser gracioso, agresivo, sarcástico, transgresor, de mal gusto, pero nunca una declaración de principios. Esas cosas, llevan más tiempo, más palabras, más detenimiento que lo que permite Twitter. Qué se puede decir de alma humana, de los posicionamientos políticos, de la ideología, en una oración. Desde luego, en toda construcción discursiva subyace un piso ideológico. Y en el caso de personas dedicadas a la política, ni hablar.

Tomar lo expresado por Cáceres, como una declaración de principios, es por lo menos una canallada, máxime si quien lo hace es joven y político. Ni a los medios que publicaron, ni a los políticos y militantes que criticaron y acusaron de manera agresiva se le escapa la naturaleza de twitter, que se hagan los tontos y aprovechen la volteada es otra cosa.

Tan de mal gusto y desmedido como el chiste, es enrostrar una supuesta reivindicación del terrorismo de Estado detrás de la humorada del concejal del FPV.

En la Argentina, se vive un clima de violencia verbal que no se ciñe estrictamente a la red social, más bien se traslada allí. Decir que una persona que fue a trabajar durante días meses o años a una dependencia pública es un ñoqui, una grasa militante a extirpar, amenazarlo con dejarlo en la calle y hacerlo, incluye una cuota de crueldad y desprecio hacia el otro que muchas veces pasa desapercibida o no tomada en su total dimensión. Decirle a un sector de la población que no se merece ir de vacaciones un par de semanas al año, luego de trabajar el resto de los días, ni comprarse una moto o una tele, también. Sin embargo, este tipo de cosas, no se dicen en una red social si no en actos públicos, en medios de comunicación de alcance masivo, casi total diría yo. Tratar de desquiciada a una de las personas que más hizo por una sociedad más democrática y mejor, o relativizar los datos recogidos por la Conadep respecto a los crímenes de Lesa Humanidad, no son encuadrados en la gravedad que para ciertas almas prístinas, sí revisten las palabras del concejal paranaense.

La desmesura halla su razón en el impresionante aparato propagandístico comunicacional que el gobierno de turno tiene a su servicio y se inserta en un peligroso relato que apunta hacia la estigmatización de los militantes identificados con el kirchnerismo. Reduccionista y brutal, como toda estigmatización, los titulares no reparan en el detalle de que el concejal David Cáceres, no es kirchnerista, sino un peronista que reivindica al kirchnerismo como una expresión de continuidad del peronismo; pero osó levantar su voz, apelar a la ironía, para rozar al presidente, lo cual lo convierte invariablemente en K, y desde los medios respondieron con munición gruesa, sometiéndolo al escarnio público.

Las carmelitas descalzas de Nogoyá estarían redactando un comunicado solidarizándose con el joven edil.