La dictadura, la vuelta a la democracia, los juicios por lesa humanidad, su militancia sindical, y los primeros meses de las gestiones de Macri y Bordet, parte de la entrevista que Manuel Ramat concedió a Agenda Abierta.

Por Mariano Osuna
Manuel Ramat, de 68 años, es trabajador, militante, sindicalista, docente e integrante histórico de organismos de DDHH. La historia de nuestro país atravesó profundamente su vida cotidiana, su familia, su barrio y su ciudad. En esa vivencia transformó su dolor individual en construcción colectiva. Desde ahí se refirió, mediante una entrevista a Agenda Abierta, a distintos temas que abarcan desde la dictadura a la situación actual de la nación y la provincia.
Los hechos sucedidos entre junio y septiembre de 1976
«Fue uno de los períodos más duros de nuestra vida. Asesinaron a mi hermano, acribillándolo a través de la puerta de su casa. Mis padres, y todos, quedamos destrozados por el dolor», comienza el relato de Ramat.
«A los dos días de su muerte allanaron mi casa (vivía con mis padres, mi mujer y mi hija de 4 meses), donde conocí a quien después me secuestró y torturó, el oficial de investigaciones Carlos Carvallo. Nosotros ya veníamos perseguidos desde comienzos del año 75, donde perdí lo poco que tenía, estaba sin trabajo, haciendo changas. Hubo seguimientos, cosas muy raras, como una mujer que nos citó en el parque diciendo que conocía a mis compañeros, y preguntando si queríamos que hicieran algo por lo que le pasó a mi hermano, una burda maniobra de los servicios de inteligencia».
«Viendo por las calles los falcon sin patente, con las armas asomando por las ventanillas y parapoliciales-paramilitares de aspecto amenazante, enterándonos de a poco que secuestraban compañeros como Coco Erbeta, o Claudio Fink, y no se sabía de ellos después», explica crudamente sobre la cotidianeidad de aquéllos meses que marcarían la historia argentina.
«Estábamos aislados, no nos podíamos comunicar con nadie, todos estaban perseguidos, en peligro, peligro real. La vida de nosotros no estaba asegurada. Y para terminar, conseguí trabajo picando paredes, como electricista, para cobrar algunas monedas, y a los tres días me secuestran, donde conocí un mundo que nunca llegué a imaginar: el de los centros clandestinos de detención, donde pasé casi dos meses, con torturas físicas y psicológicas permanentes, sin que nadie de mi familia supiera de mí, a pesar que mi esposa no dejó recurso sin presentar, ni funcionario al que preguntar: nadie le daba respuesta». y destaca que «el único consuelo, un abogado excepcional, como Eduardo Solari, que la acompañó (a su compañera) a todos lados. Aquí reinvindico en él a los pocos que se jugaron en una época en que hacerlo significaba estar en peligro de perder la vida. En síntesis: un período donde no se podía pensar en el día siguiente, no había expectativas, ni futuro, solamente dolor y resistir».
La recuperación de la Democracia
«Con expectativas y esperanzas que se convirtieron en frustración al tiempo», describe el ex dirigente de ATE, sobre sus impresiones en la vuelta a la democracia.
«Personalmente, el gobierno “democrático” de Sergio Montiel me negó la reincorporación a la administración pública, a pesar que había una ley que lo obligaba, “porque Ramat era un apellido mal visto para ellos”, así le dijeron a mi abogado», cuenta con tristeza el histórico militante de DDHH. «Me costó un año reinsertarme a la actividad, había perdido todo, creo que solamente teníamos un colchón para dormir, y casi nada más. Fue ahí cuando un compañero de la Facultad, Carlos Alzamendi, enterado de mis problemas, me llevó a trabajar a la fábrica de aceite, donde entré como obrero de montaje, estaban armando una planta nueva, y terminé como jefe de mantenimiento. Son esos compañeros que hacen que la vida valga la pena, por esas cosas, siempre que puedo ayudar a alguien que necesita lo hago, por eso, y por la conciencia y el mandato que nos impusimos en los años 70, con tantos compañeros que desaparecieron por esa idea de cambio, de un mundo mejor».
Entre tantos recuerdos y tantas vivencias intensas, Ramat volvió a hacer referencia sobre los primeros años de la reciente recuperación de la democracia. «Hubo momentos de reivindicación, como el juicio a las juntas, pero inmensas frustraciones, como las leyes de obediencia debida, los carapintadas y las amenazas permanentes a todo intento de hacer justicia. Por otro lado, aparecieron muchos libros y testimonios del horror, que contribuyeron a que se conozca ese período de la historia. Fue una etapa muy contradictoria, donde se afianzó la dimensión de la lucha de las madres, luego la creación de Hijos, y en general el papel imprescindible de familiares y organismos para la búsqueda de la verdad».
«En lo personal, perdí a mis padres, que se dejaron morir por el dolor de las pérdidas, y comencé, después de diez años desde que nos casamos, un período de vida en familia, donde a partir de muchísimo trabajo, a veces días completos en la fábrica, mejoramos las condiciones cotidianas, recuperamos la posibilidad de compartir afectos con aquellos que hace años no veíamos, realizamos las primeras vacaciones en familia casi siete años después de salir en libertad, entre otras cosas que cuando uno ha perdido casi todo significan mucho para cualquier persona», retoma su vida cotidiana, que no es tan diferente a los días que vivenciaron millones de argentinas y argentinos, reconstruyendo su proyecto de vida, luego de la dictadura cívico-militar-clerical más siniestra y masiva de América del Sur.
Sobre su aproximación a los organismos de DDHH
«Fue natural, porque ya en la cárcel veníamos denunciando a los genocidas. La primera declaración que pude hacer libremente en un juzgado, en el año 1982, fue cuando todavía estaba preso. Luego repetí lo que dije cada vez que pude declarar», detalla Ramat sobre su militancias en organismos de DDHH. «A los 4 o 5 días de salir en libertad, fuimos al juzgado con un grupo de compañeros que habían sido liberados conmigo, a denunciar las torturas, las desapariciones, y a los responsables, eso fue en enero de 1984, tuvimos que esperar 31 años para que las tomaran en cuenta y algunos fueran condenados por los jueces. Ya mi familia tenía permanente contacto con los familiares, en las visitas, en los trámites por justicia, en los reclamos a los milicos que las maltrataban y a pesar de eso, nunca se callaron en sus demandas. Hubo organismos como la Liga por los Derechos del Hombre, cuya representante era una mujer extraordinaria, María Antonia Lobariñas, que los ayudaba, los contenía, siguió haciéndolo cuando recuperé la libertad, en momentos en que carecíamos de muchas cosas, así que para nosotros eran lugares familiares, cálidos y entrañables, además, el lugar donde podíamos reivindicar a los compañeros desaparecidos y asesinados, y contar nuestra historia. Así, fue natural y casi un deber participar de todos los organismos, como Afader, la Solapa, familiares y amigos de desaparecidos, etc».

Su militancia en la Asociación de Trabajadores del Estado
«Había participado en las marchas y movilizaciones de ATE, sobre todo en el gobierno de Montiel, donde hubo un fuerte ataque a los derechos de los trabajadores, y represión a las movilizaciones», relata Ramat.
«Al gremio como dirigente, primero me acercó una compañera de IOSPER, Graciela Benavidez, con quien habíamos compartido actividades políticas. Me propuso como vocal en 2007, me acerqué a colaborar en Acción Social, organicé actividades donde reivindicamos a compañeros trabajadores, de distintos gremios, desaparecidos en la dictadura. Y después, Miguel Pelandino, un compañero al que le debo un agradecimiento enorme, me propuso ser adjunto, en reconocimiento a la historia y a la coherencia», explica el actual dirigente de CTA.
«Después hay compañeros, como los de ATE Santa Fe, que tienen la misma idea, con algunos compartimos las cárceles de la dictadura. No tengo más que agradecer a quienes defienden con tanta fuerza derechos que tanto nos cuestan, y con los que conseguimos conquistas, como las paritarias, que estuvieron negadas durante muchísimos años».
Los derechos humanos y laborales durante el kirchnerismo
«Las políticas de estado, en materia de derechos humanos, son tal vez el mayor avance de nuestra historia», afirma Ramat sobre el abordaje durante la gestión del kirchnerismo. Y agrega que cree «que nunca se logró tanto como en estos 12 años».
«En materia de derechos laborales, creo que solamente en el gobierno de Perón, y con Eva Perón en los años 50, se lograron tantos avances. En estos años, la inclusión se transformó en realidad, y pudimos tener derechos que ni imaginábamos en otras épocas alcanzar», finaliza en su descripción de los últimos tiempos.
Asignaturas pendientes de la democracia
«Primero, lograr que los beneficiarios se hagan cargo que esos derechos les pertenecen: hay un discurso, como el de Gabriela Michetti, que dice: “les hicieron creer que tenían derecho a vacaciones, tener auto, usar aire acondicionado, etc”. Eso es una agresión hacia derechos adquiridos, que cada uno debe defender», comienza su análisis respecto a las deudas que la democracia Argentina se debe. Continúa diciendo que «luego, además de no retroceder en derechos que costaron mucho, y hoy están siendo barridos por funcionarios-ejecutivos de empresas que solo piensan en dinero y no en personas afectadas, lograr políticas de estado que permitan avanzar en erradicar y disminuir la pobreza estructural».
«La restitución de derechos a las mujeres, a pesar de las leyes, el abordaje de la violencia de género, de la trata de personas, que sigue cada vez en crecimiento», también forman parte de la agenda que plantea Ramat sobre las asignaturas. Y agrega, «el derecho al ambiente, porque siguen contaminando, enfermando, y cuando se discute alguna tibia limitación a los procedimientos de las empresas, sus intereses son defendidos por jueces, legisladores, medios de comunicación, que la impiden, como por ejemplo, con la ley sobre agroquímicos».
Su percepción sobre la política de DDHH de Macri
«Con dolor, sin expectativas sobre funcionarios nacionales que reivindican a los genocidas, o a golpes de estado como el del 55. Si con la esperanza y el convencimiento que la fuerza de la lucha de los organismos de derechos humanos, madres, hijos, familiares, ex presos, gremios comprometidos con su pueblo, organizaciones sociales, frenen los propósitos de estos funcionarios», setencia Ramat, quien encuentra algo de estímulo en «ver la respuesta que hubo en Córdoba, por ejemplo, con el fallo sobre la Perla y la gigantesca movilización». Por último, destaca que «hay mucho camino por hacer en frenar esos propósitos del gobierno de Cambiemos. Depende de nuestras fuerzas y organización lograrlo, entre otras cosas».
Su balance de los primeros meses de gestión de Bordet
«Negativo, hay presiones enormes del gobierno de cambiemos, y el Gobernador parece el jefe de campaña de un Frigerio que apreta a gobernadores, a cambio de migajas de plata, les hace decir que hay que aumentar las tarifas, sin criticar en cambio el ajuste brutal y las millones de personas que son víctimas y que quedan en el camino», responde con contundencia Ramat sobre el proceso actual en Entre Ríos. Y agrega, que es «un gobierno que acepta endeudarse en dólares, a ritmos fenomenales, más allá del enorme problema que le dejó Urribarri».
«Creo que Bordet tiene un discurso conservador, más cerca de Macri y Prat Gay, que de Perón y Eva Perón. Es un poco más moderado que Vidal en Buenos Aires, pero en sintonía con Bullrich, cierra programas en Educación. No reclama judicialmente por los fondos que pertenecen a la Provincia y acepta la devolución en gotas que le propone Frigerio sin patalear, a cambio de fotos amigables», detalla el militante de DDHH. «En el camino van quedando economías regionales destrozadas, y pymes y comercios que están desapareciendo a toda velocidad; pero eso sí, tenemos un Gobernador simpático con el poder», destaca Ramat. Explica que «fue elegido por el dedo, y que alguna vez hay que llegar a la democracia de las internas, para que el pueblo pueda decidir su destino».