La inseguridad del Presidente

Triple anillo de custodia policial, autos blindados, aumento de efectivos destinados a la seguridad personal del Presidente, la Vice y sus funcionarios, además de un compromiso de confidencialidad: el nuevo protocolo para la seguridad de Mauricio Macri.

bullrichmilitar

Por Pablo Urrutia.

Tan desfasado y exagerado como la vestimenta de guerra que utilizó para recorrer un campito en Misiones, suena el nuevo protocolo de seguridad, «Servicio de protección de estado y custodia», dispuesto por la ministra Patricia Bullrich  para el Presidente, su vice, ministros y secretarios de Estado, dado a conocer este martes en el Boletín Oficial.

Aparentemente fundado en amenazas efectuadas al 911 y el confuso episodio sucedido hace un tiempo en el barrio Belisario Roldán, de Mar del Plata, el nuevo dispositivo de seguridad establece medidas que hacen pensar en que la vida de Mauricio Macri y sus funcionarios corre verdadero riesgo.

El mismo consta de un triple anillo de custodia. El primero, controlado por el jefe de la Casa Militar, José Luis Yofre, general de brigada que era director de Remonta y Veterinaria del Ejército Argentino. El segundo, por las fuerzas de seguridad federales, ya sea PFA, Gendarmería o Prefectura, de acuerdo al lugar. El tercero por las fuerzas de seguridad locales. Además de vehículos blindados, y un compromiso de parte de las fuerzas de seguridad que intervengan en la custodia, con carácter de declaración jurada, de mantener estricta confidencialidad y secreto profesional acerca de la vida íntima y familiar, y de las actividades de los custodiados.

Sin embargo, las probabilidades de un magnicidio en la Argentina, son escasas, nulas diría si se lo mira a la luz de la historia. Nunca fue asesinado en nuestro país un presidente. Y existe un solo antecedente de un atentado contra la figura presidencial; data de 1955, cuando supuestamente se intentó matar al presidente Juan Domingo Perón, ni más ni menos que durante el bombardeo a la Plaza de Mayo el 16 de junio de aquél año.

Pero nuestro país no sólo está lejos actualmente de ese escenario de conflicto, o de otros momentos de verdadera violencia política, luego de 40 años de democracia ininterrumpida, sino que ni siquiera se acerca a las situaciones de conflicto social que se vivieron en el convulsionado derrotero argentino desde la vuelta a la democracia. Basta recordar, por caso, los meses previos al estallido de 2001.

A la luz de esos ejemplos suena, por lo menos, desmesurado el plan pergeñado por Bullrich y fogueado desde hace un par de semanas por periodistas afines al Gobierno nacional; más aún si se tiene en cuenta que el supuesto detonante fue una pedrada a la camioneta en que se retiraba Macri de Mar del Plata, que nunca sucedió.

Las máximas autoridades del Gobierno negaron enfáticamente que se hayan arrojado piedras al auto presidencial, en el mencionado hecho. Incluso De Andreis, que estaba en el auto con Macri en ese momento, dijo en declaraciones por radio que no se habían dado cuenta. Sin embargo, Infobae relató a poco de aquel suceso, que el Presidente llamó enfurecido a un ministro para quejarse por la situación que vivió en Mar del Plata. El Ministro sería Bullrich y el nuevo protocolo fue decidido a partir de ese episodio.

Se sabe que desde algunos medios se dice, se piensa, se proclama que la ex presidenta Cristina Fernández estaría detrás de las protestas que acosaron últimamente al presidente en cada visita que realizó a distintas localidades del país. Pero en la Justicia, donde hablan las pruebas, nada de eso existe. Y, a cuenta de ser redundante, no se está ni cerca de los niveles de conflictividad social que puede alcanzar la Argentina. Por ejemplo, aún no tuvo un solo paro de la CGT, o una jornada nacional de piquetes, o un lockout patronal. Y el ataque más duro que sufrió la figura presidencial fue un imitador que se mostró en calzoncillos en el programa de Tinelli durante un sketch humorístico.

La sobreactuación del gobierno de Cambiemos en torno a la inseguridad del presidente, que alcanza su paroxismo en la Resolución 389/16 del Ministerio de Seguridad que aquí nos ocupa, tuvo su capítulo más bizarro en Jujuy, cuando un joven fue detenido por gritar “Macri gato” durante un acto del mandatario.

Lo cierto es que el gobierno de Macri, no es un blando en cuanto a la seguridad se refiere. En lo que hace a la protesta social, no se comió ninguna, como quien diría. Arrancó con la represión a los trabajadores de Cresta Roja, y de ahí no se privó de ningún lujo, baleó pibitos de una murga, gaseó jubilados que cortaban un puente, reprimió comerciantes en Rosario, etc.

Imagínese todo el aparato de seguridad de la Ministra puesto a funcionar para identificar y llevar al banquillo de los acusados de vaya a saber qué a alguien que le grita un insulto al presidente.

La primera vez que se implementó el nuevo protocolo de seguridad presidencial, considerado «trascendental para el correcto funcionamiento de la democracia representativa», fue cuando el Presidente viajó a Mendoza el pasado 17 de agosto y se hizo una evaluación positiva del desempeño de las fuerzas coordinadas bajo un mismo protocolo. Las visitas que siguieron a partir de entonces, como el timbreo en San Miguel y la visita a la droguería de Sarandí también fueron exitosas en materia de seguridad y sus responsables consideran que se dio un salto cualitativo en la materia. No es para menos, imagínate que si para tocar el timbre de tu casa gendarmería copa la cuadra, a pocos le van a quedar ganas de andar jorobando.

Podríamos ser demagógicos y hablar de la inseguridad de los que se quedaron sin trabajo, de los jóvenes que no lo consiguen, de los jubilados que tienen que sacar créditos para llegar a fin de mes, de los ciudadanos que no saben cómo hacer para pagar una boleta de luz, o simplemente de los que sufren hechos de violencia en un robo, o de las mujeres que viven bajo la amenaza de ser asesinadas por su pareja o por algún pervertido o captadas por una red de trata, pero no lo seamos chicos, acá estamos hablando de otra seguridad/inseguridad. La que según el Protocolo Bullrich, se divide en tres niveles, a saber: Nivel 1: Presidente de la Nación, Vice y sus núcleos familiares respectivamente; b) Nivel 2: Jefe de Gabinete, Ministro de Seguridad y Secretario de Seguridad; c) Nivel 3: Los Ministros y funcionarios que el Ministerio de Seguridad considere deba brindar el servicio de Protección de Estado y Custodia, y los ex Presidentes de la Nación. Se aclara que pueden manifestar su voluntad de rechazar el dispositivo.

Mauricio Macri, tienen una especie de obsesión con su custodia. Arrancó con el teniente coronel Agustín Rodríguez, pero el 30 de diciembre se hizo cargo Jean Pierre Claisse, que llegó a ser considerado el «James Bond» macrista. Sin embargo, el 16 de febrero, fue desplazado sorpresivamente y se hizo cargo Yofre, quien, con más de 100 efectivos, tampoco pudo evitar los malos tragos.

El principal escollo para organizar un protocolo coordinado partía de la decisión de la Secretaría General de no adelantar la agenda presidencial, en un intento por evitar que se organicen grupos para agredir al Presidente. Como las agresiones continuaron, se aceptó este nuevo protocolo.

Es que lo que puede estar sucediendo en realidad, es que no exista tal coordinación estratégica rizomática para activar células dormidas dispuestas a actuar de forma inmediata cuando el Presidente visita alguna localidad fuera de la General Paz, e ir a gritarle cosas tales como “Macri gato”. Puede ser que esté sucediendo que todos sabemos que diciembre es un mes complejo en términos sociales. Puede ser que una economía en recesión, con desempleo, inflación, tarifazos y caída del poder adquisitivo de los salarios, genere cierta antipatía popular hacia la figura visible del plan de gobierno que está provocando esa situación, más allá de que se argumente que se lo hace por el bien de todos.